CIBOH: laboratorios de vida

Por Liudmila Peña Herrera

Fotos: Javier Mola

Entre una y otra pirueta, el avión-cuchara se desliza por los pasadizos difíciles de la boca de Karla. Tiene apenas dos años y no lo entiende todo, pero distingue entre un caramelo y un medicamento. Por eso el abuelo la embulla con la historia del “avioncito” para que cada día la niña se tome la porción de ese suplemento dietético del que todos en Holguín comentan por su riqueza en vitaminas y proteínas.

Y aunque a Karla le parece que el abuelo tiene todas las respuestas, lo cierto es que por mucho que haya caminado por la avenida Los Álamos, este señor no sabe que detrás del cartel de letras azules con la inscripción “CIBOH” se esconde toda una historia de entrega y sacrificio gracias a lo cual la pequeña dispone, cada día, de la cucharada de Trofin Vital. Sigue leyendo