Reina de la bondad

Por Liudmila Peña Herrera

Niaca en su puesto de trabajo

Por aquellos tiempos, andaba una reina africana haciendo de las suyas entre los animados infantiles. El padre siempre había pensado que Arsenia de la Caridad Alea Martínez era un nombre muy largo para una niña tan pequeña. Por eso pidió a su Majestad, para la hija, la corona invisible y el extraño epíteto: Niaca.

Le encantaba la Psiquiatría Infantil, pero ya en la cima (en el quinto año de la carrera de Medicina), a punto de plantar la primera bandera victoriosa, la muchacha tuvo que renunciar al sueño. “Esa fue la peor decisión de toda mi existencia”, afirma hoy.

Pero la vida es un “tiovivo” de oportunidades. En 1982, el “Lenin” le abrió las puertas y otra vez las batas blancas y el olor del hospital le inundaron el alma.

Pocos creerán que cura, porque no tiene el título colgado en la pared, ni el calificativo de Dra. bordado en el bolsillo. Es cierto que sus manos no firman recetas ni manipulan bisturíes; pero mucha gente de pueblo conoce las propiedades benéficas de Niaca, cada vez que se queda atenta, mientras escucha de dolores y afecciones. Nadie sabe si su sonrisa es como la yerba buena, pero los compañeros la definen como transparente y exquisita en el trabajo.

Tenía 35 años cuando entró temblando a la oficina del director, para ser la mecanógrafa. Dos meses después, ocupó el puesto de secretaria. “Tuve un miedo tremendo, –rememora–, el mismo que me provoca esta entrevista. Cuando debía contestar preguntas, me quedaba callada. Tuve que aprender a relacionarme con pacientes y familiares porque este es un lugar muy complicado: vienen personas diferentes a resolver sus problemas.”

La modestia no la deja hablar y le sudan las manos si tiene que narrar su propia historia. No es investigadora o científica. Por eso el Premio Lenin, recibido hace unos días, le parece un reconocimiento inmerecido, porque para ella “trabajar no es un mérito, sino un deber”. A los 63 años y conocedora de 8 direcciones del centro médico, Niaca no necesita corona ni cetro: su poder es la bondad.

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