¿PAPELES GRISES PARA AMAR?

En la actualidad, aunque algunas parejas no renuncian a casarse en el Palacio de los Matrimonios, notarías o Registros Civiles, en la provincia de Holguín existe una tendencia hacia la conformación de uniones consensuales, tanto en jóvenes como en personas con experiencias matrimoniales anteriores…

Por Liudmila Peña Herrera

Foto: Liudmila

Repleto de colorines, el Chevrolet descapotable avanza, llamando la atención de toda la ciudad con su claxon insistente. Encima, la muchacha sostiene el ramo de flores, mientras todo el mundo la sigue con la mirada, aun desconociendo la identidad de quien altera la apacible normalidad del tránsito urbano.
En el Palacio, ahogado por el calor y el nerviosismo, el novio aguarda por la hora de arrancarse de un tajo la corbata.
Llega la novia; empieza la ceremonia. Detrás de la joven pareja, los padres están felices, aunque gracias a la boda hayan tenido que cerrar la libreta del banco. Firmado el libro y puestos los anillos, los “tórtolos” se besan y comienza la historia. 

¿YA NO NOS CASAMOS?
Aunque en la actualidad, muchos son partidarios de las ceremonias matrimoniales, tanto en palacios como notarías, existe una tendencia marcada hacia la disminución de uniones formalmente legalizadas. En 2009 se efectuaron en la provincia 225 casamientos menos que en el año precedente, para una tasa de nupcialidad de 3,2 por mil habitantes.
Desde el 1 de enero hasta el 10 de marzo de 2011, en el Palacio del municipio cabecera se habían efectuado 80 matrimonios, 13 menos que en igual período del año anterior; aunque es preciso reconocer que la cifra asciende ya en ese territorio a 348 parejas casadas en notaría y registro civil, entre enero y febrero.
No obstante, a este fenómeno se contrapone el aumento visible de las uniones consensuales, de jóvenes y adultos. Si tenemos en cuenta que el matrimonio es una institución tan antigua, ¿por qué hoy los holguineros le ofrecen resistencia?
Alina, soltera de 28 años, asegura que en el siglo XXI “las mujeres pensamos diferente: no vemos el matrimonio como una unión para toda la vida. Somos más independientes y preferimos desarrollar primero nuestra profesión antes que establecer una relación de tanto compromiso”.
Nelson (23 años) también opta por la “libertad”: “mi novia y yo salimos, ella se queda en mi casa o yo en la de ella. Nos llevamos bien, pero de ahí a comprometernos… ¡qué va!”.
“Estuve casada durante 2 años, me divorcié y ahora quiero esperar un poco para volver a comprometerme, aunque no lo haré de manera legal, porque el amor nada tiene que ver con una firma de dos o tres papeles”, asegura Tahimí, de 25 años, y agrega: “Prefiero las relaciones abiertas, cada uno en su casa: sin lavarle, plancharle ni cocinarle”.
El tema es tan polémico como real: mientras algunos relacionan las causas con el cambio de época y costumbres, otros le asignan la culpa a “la perdición” a la que se ha apegado la juventud. En busca de explicaciones fundamentadas, nos acercamos a la Doctora Aurora García Gutiérrez, presidenta de la Cátedra de la Mujer y la Familia en la Universidad de Ciencias Pedagógicas José de la Luz y Caballero, de Holguín, quien estudia el asunto desde 1986:
“Hoy las personas, en las diferentes edades, se enfrentan a tres y cuatro uniones, sin oficializar el divorcio legal. Muchos comienzan la vida en común para ver hasta dónde llega, sin demasiados compromisos. Entre las principales causas que influyen en la disminución de matrimonios formalmente legalizados está, además de una desaparición de tabúes relacionados con la vida sexual y la virginidad, los noviazgos prolongados, informales y hasta múltiples, estos últimos muchas veces asociados al resquebrajamiento de valores”.
Y como no se sabe cuán fría está el agua hasta que no nos metemos al río, fuimos tras las experiencias de muchachos recién casados, para conocer las razones que los llevaron ante un notario.
“No pretendíamos casarnos por lo legal: solo queríamos unirnos para estar juntos en todo; pero mi suegra dijo que si no firmaba no la sacaba de la casa. Ella tenía el sueño de toda madre: que su hija se vistiera de blanco, con paseo en el carro y todo”, confesó Kárel.
“Cumplí mi sueño: me casé de traje y tuve mi fiesta, pero eso no tiene nada que ver con la felicidad o el tiempo que dure la pareja”, aseveró Yuliet.
“La mayoría de las mujeres quieren arrastrarnos hacia el Palacio de Matrimonios; pero más allá de la fiesta, donde estaban mis padres apoyándome, no le vi ninguna importancia”, advirtió Osmany.

Foto: Liudmila

Sin tarjeta de invitación, asistimos a la boda de Maydelis y Yadir. Después de las primeras felicitaciones, “capturamos” a la pareja unos minutos para saber el porqué de su decisión.
“Nos unimos por amor, aunque el papel no da ninguna seguridad”, aseguró la muchacha. “Y para hacer las cosas que no podíamos cuando éramos novios”, añadió el esposo.
En todas las entrevistas realizadas, quedó clara la subestimación del proceso legal a la hora de establecer una relación de pareja para convivir. ¿Será que hoy las leyes vigentes no brindan ningún tipo de beneficio al matrimonio formalmente legalizado?
Evidentemente, lo que existe es desconocimiento acerca de la importancia de firmar, asegura Mariela Lobaina  Marrero, jueza del Tribunal Municipal de la Sección Civil y de Familia. La firma es garantía y protección para la pareja que se inicia y que va a crear una comunidad económica. Cuando uno de los dos cónyuges fallece, el otro queda protegido por la ley y pasa a ser propietario de los bienes.
“Qué pasa cuando las personas no están casadas legalmente: si muere uno de los dos, el otro no es viudo: no tiene derecho a la asistencia social, puede dificultársele la obtención de la propiedad de los bienes. Lo mismo ocurre con los hijos: si el padre fallece antes de que la madre dé a luz y no están casados legalmente, o simplemente no concurre al Registro para inscribir a su hijo, el niño no tiene filiación paterna. Entonces habría que comenzar procesos mucho más complejos”.
TE QUIERO CASTA, TE QUIERO PURA
Aunque Holguín cuenta con un Palacio, cuyos precios son asequibles más para unos que para otros, donde además se ofertan habitaciones en moneda nacional para disfrutar de la “luna de miel” en tres hoteles de la ciudad: Magestic, Praga y Santiago; existen opciones mucho más modestas en registros y notarías.
“Años atrás muchas personas oficializaban sus uniones para obtener los beneficios que se brindaban a los recién casados. Mi hermano llegó a casarse más de dos veces en un mismo año”, nos contó Annelis.
No obstante, hay quienes prefieren “juntarse” para ser felices y continuar llamándose novios, aunque realicen las mismas actividades de pareja que los que legalizaron la unión.
Otros, apegados a la tradición, estrenan velo y esmoquin; mientras que algunos le añaden “picante” a la fiesta después de lanzar el ramo y quitar la liga, cuando pasan, de mano en mano la botella, para que los invitados la rellenen de billetes o los prendan a las faldas de la recién casada.
Como en los siglos anteriores, detrás de cada boda o creación de una nueva pareja, se esconden motivos tan íntimos, como otros de dominio público. Aunque el tema sea más rico en matices que espacio poseemos en esta publicación, lo cierto es que aunque hoy las estadísticas indiquen que formalizamos las relaciones en menor medida, no renunciamos al amor ni somos tan diferentes que las jóvenes de antaño.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s