HISTORIAS DE MADRUGADA EN EL PRIMERO DE MAYO

Por Abdiel Bermúdez Bdez

Las luces del cuarto se encendieron cuando toda la ciudad aún andaba a oscuras, y al instante estaba en pie toda la familia.

Quizás por competencia, o por emulación… pero ya habían grupitos marchando hacia la Plaza cuando se abrió la puerta y el niño salió corriendo con su banderita. Dale, mami, apúrate, que nos ganan. Y la madre termina de fregar la cafetera, la escurre en el mantel y le dice al padre que se ponga el pitusa azul y el pulóver rojo y blanco, para que vayas con los colores de la bandera, como propusieron los del sindicato.

Todas las casas están despiertas y aún no empieza a amanecer. Julia tiene la pamela de yarey colgando de un clavito en la pared de la sala. Esa es la que uso en los desfiles, porque el sol me pone roja como un tomate, dice y la mira con esos ojos que parecen recordar más de una marcha sobre el asfalto de la Plaza, con más historia que muchas plazas del mundo. Esa va conmigo a todas partes, si Fidel o Raúl me llaman. Da igual si a la caña o al desfile, a donde haga falta.

Hace falta que te apures, muchacho, le pide Pancho al nieto, que llevas una hora en el baño. Y el joven le dice que ya va, que se está haciendo los pinchos y eso lleva tiempo, pero es temprano, el desfile comienza a las 7, ¿no? A quien madruga… va a decirle el abuelo pero ya el joven sale con el pelo empinado. Dale, abuelo, que nos coge tarde, y el viejo ríe con el muchacho.

Parece que hay abejas en la calle, porque la gente zumba cuando pasa. De las calles vecinas se incorporan los que vecinos que vienen a pie desde el otro reparto, y el mar se va haciendo más grande, como si el desfile hubiera comenzado de madrugada.

El sol quiere alumbrar el camino de la Plaza, y un rayo sobre la acera cede al paso de un niño que camina feliz entre sus padres, con una banderita en la mano.

Más adelante van abuelo y nieto, con los pelos de punta y la sonrisa alta. Y cuando parece que no cabe un alma más en aquel gentío feliz que parece unir a todos, como si fueran amigos o hermanos, una pamela de yarey delata a Julia, que reparte carteles y pancartas antes de perderse entre la multitud, gritándole Vivas al primero de mayo.

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