MADRE EN FLOR

Por Liudmila Peña Herrera

Fotos: Tomadas de Internet

Ningún día mejor que aquel segundo domingo de mayo para estrenarse como madre. Fue el primero en nacer, y su llanto, el más esperado del mundo. No había nada mejor que tenerlo entre los brazos a medio dormir o acariciarle los pies descalzos para provocarle una sonrisa.

Pero a los tres meses pasó la primera prueba: “Hay que operar a corazón abierto”, dijeron los doctores. Y allí estuvo ella, madre-roble, temiendo lo innombrable por una criatura indefensa, órgano vital de su ser.

Después vendrían la risa, la primera palabra (que no fue “mamá” como ella deseaba), las vacunas, las fiebres, los juegos a deshora, los cuentos… Una vez dijo que se iba, que no quería vivir con ella porque era “mala” y no lo dejaba jugar hasta la noche. La mujer, con el rostro en sombras, le ayudó a preparar la mochila y lo envió puertas afuera. Desde la ventana, lo vio sentado en el parque, balanceando los pies con ansiedad; entonces le tomó la mano, le dijo algo muy bajito y dio por concluida la lección.

En los tiempos duros del Período Especial en Cuba, en los que un cartón de huevos valía 100 pesos, el niño jamás supo de sumas o restas del caudal hogareño. A veces comía solo, porque ella se escondía en la cocina para que no advirtiera diferencias. Luego llegaron tareas escolares, regaños, consejos, satisfacciones…

Durante mucho tiempo, lo llevó a practicar béisbol para una competencia, y cuando logró su primer batazo, la madre lloró de tristeza, porque ese había sido el único día en el que ella no había estado.

Puede ser trabajadora o ama de casa, vivir en la ciudad o en lo más intrincado del monte. Su identidad no importa, porque estas son historias contadas por varias voces: madres de momentos diferentes, con mejores o peores experiencias, pero con el amor como fórmula en común.

Quizá fue madre de parto o mujer de vientre infértil y corazón tierno. Si acarició, educó y vivió por un nuevo retoño, no importa si es tía, abuela, vecina, maestra, doctora… la maternidad va en ella como la belleza en la flor.

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