AULAS ENTRE BATAS BLANCAS

UNA EXPERIENCIA EDUCATIVA EN EL HOSPITAL PEDIÁTRICO DE HOLGUÍN


(Contiene video)

Por Liudmila Peña Herrera

Fotos: Liudmila

La recién llegada pide los datos de la pequeña Imilsi. Es la maestra de las vías no formales en Velasco, a donde debe asistir próximamente la niña de 5 años. Daysi, la madre, atiende a la profesora mientras le explica los procedimientos. La picarilla hace como si escribiera su nombre, aunque todavía no sabe de letras; pero de pronto, sin esperar el permiso, interrumpe la conversación: “¿Para qué quiero una maestra si yo tengo a Liset en el hospital?”

LISET

Cada mañana, mientras el ajetreo de médicos y enfermeras se acelera en la sala de Oncohematología, en 3ro G, Liset Fernández Valerino se viste con la bata verde antiséptico que es ya uniforme de trabajo. Cargada con los besos de sus mellizos, junta ternura para aliviar a quienes sufren los síntomas de sueros citostáticos y las penas de un padecimiento que no merece ningún infante.

Liset, junto a Jennifer (La Princesita) y Yunior

Las clases ayudan a paliar los efectos de los tratamientos. Además, evitan el retraso escolar, porque nosotros permanecemos actualizados acerca de los contenidos recibidos por ellos, gracias a los padres y las entregas pedagógicas que deben enviar sus maestros”, explica la docente.

Hace 12 años que Liset trabaja en la Educación Especial, pero para una “profe-mamá”, como lo es ella, no es tarea fácil “montar” una escuelita en medio de enfermedades y restricciones. Por eso, en su tesis de Maestría propuso orientaciones psicopedagógicas para los centros de enseñanza primaria que atienden a niños con cáncer.

Las instituciones educativas no saben cómo proceder ante casos como estos. No deben darles baja a los escolares enfermos, de ningún nivel de enseñanza; todo lo contrario, el apoyo que les brinden a pacientes y familiares es fundamental para la recuperación psicopedagógica de los pequeños. La investigación sirve de guía para atender a los estudiantes durante los períodos de pase y explica cómo adaptar sus currículos”.

Gracias a ella, Yerandi aprendió a leer, escribir y calcular aun sin haber comenzado la primaria; Jennifer, “La Princesa”, responde sin dudar los cálculos en La Feria de las Matemáticas, y Yunior David se anima con el software de la Estrellita en la computadora.

ALINA

Alina, en medio de una sesión de debate con sus alumnos

Dos pisos más arriba, en 5to O, Alina trajina entre la pizarra, los juegos de mesa  y  la computadora. Sus alumnos son pacientes de Nefrología, Cardiología, Gastroenterología y Endocrino, aunque también atiende a niños de 2do B, de la sala de Ortopedia.

Gretel, de 9 años, casi siempre teme comer, porque todo le produce náuseas. Mientras se completa su estudio de gastroenterología y llega el diagnóstico, en la escuela primaria 28 de Enero, del municipio Urbano Noris, no la verán luciendo su uniforme. “Cuando estaban dando las galeras vine para acá: la profesora me orienta ejercicios y me aclara dudas. Aquí nos pusieron Martí: El ojo del canario y ahora tengo que escribir una composición”.

La enfermedad de Rafael requiere ingreso hospitalario, y aunque no puede asistir a la Secundaria Conrado Benítez, en Banes, con la nueva maestra repasa Matemáticas, Ciencias y Español. “Yo nunca pensé que iba a recibir clases en el hospital. Lo que más me gusta es trabajar con el software El Navegante, porque aprendo y me entretengo”, asegura.

Alina Velázquez Morales, con 33 años de experiencia en la Educación Especial y Máster en ese tipo de enseñanza, cuenta con computadora, televisor y diferentes libros de texto para prestar ayuda psicopedagógica a los infantes. “Este es el lugar del hospital que más les gusta a los pacientes, porque repasan los contenidos que aprenden en las escuelas, no se retrasan en el programa y realizan actividades y juegos de mesa que promueven la interacción entre ellos, lo cual es muy beneficioso para que se sientan psicológicamente mejor”, afirma.

YAMILÍ

Yamilí enseña colores, figuras y números a Gabriela

En 4to J tiene su corte Yamilí. Está formada por niños con limitaciones físico-motoras ingresados en la sala para su rehabilitación. La maestra empieza desde cero: muestra tarjetas de colores, figuras geométricas y los trazos que conformarán las primeras letras y números que un día escribirá Gabriela. “Desde los 20 meses la atendemos en esta sala –asegura Luz María Estrada, madre de la niña de 8 años–. Casi siempre la ingresan dos o tres veces al año; pero la mejoría es visible, sobre todo en el control de las manos y el desarrollo del aprendizaje”.

La grafomotricidad es el primer lenguaje escrito del niño”, afirma Yamilí García Pérez, Máster en Educación Especial, con una experiencia de 22 años en la misma. “A ellos se les retrasa esta habilidad por los trastornos motores propios de tales enfermedades. Por eso, los estimulamos a través de actividades manuales, sobre todo pictóricas, con el fin de desarrollar la motricidad fina, la cual permite la escritura”.

Mientras Gaby escoge las tarjetas correctas, en la computadora Dayana aprieta el “mouse” y su mamá le indica cómo hacer más bonito el dibujo. “De esta manera aprende a colorear, y mejora su motricidad. Desde que tenía 9 meses le diagnosticaron parálisis cerebral. A partir de entonces viajamos desde Puerto Padre hasta aquí cada tres o cuatro meses en el año –cuenta Yordanis Márquez, su madre–. El avance es inmenso: ahora gatea, da pasitos, ha mejorado en el lenguaje y en el control cerebral”.

La Princesita, feliz como todos cuentan

Son numerosas las historias de pequeños que ingresan, van y vienen de sus casas desde cualquier lugar de la geografía oriental cubana. Cuentan que muchos, de vuelta a 4to J,por quien preguntan primero es por la maestra. Y Yamilí advierte ese reconocimiento también en los padres, porque “muchos aseguran que lo aprendido por sus hijos en esta sala no lo habían logrado antes: esa es mi mayor satisfacción”.

Aunque este trabajo termina, esta historia no llega a su fin, porque cada mañana, cuando un ejército de batas blancas entra al Hospital Pediátrico Provincial Octavio de la Concepción y de la Pedraja, dispuestos a dar hasta el último respiro por la sonrisa de un niño; Liset, Alina y Yamilí transitan el mismo camino, cargadas con el conocimiento y el amor que, aun en medio de la enfermedad, engendran la maravilla.

El siguiente video es un material del periodista Abdiel Bermúdez, de la televisión holguinera sobre este mismo tema

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