René González, el castigo y la ponzoña imperiales

Por Liudmila Peña Herrera

Si se hiciera justicia, René podría regresar a casa con su familia y amigos. Ese es un derecho de todo ser humano.

Cuando el próximo 7 de octubre René González, uno de los cinco antiterroristas cubanos encarcelados en Estados Unidos por resguardar los sueños de nuestros niños, la seguridad de hombres y mujeres trabajadores de esta Isla y proteger la soberanía patria, cumpla la injusta sentencia impuesta por desarticular planes terroristas de organizaciones anticubanas asentadas en el sur de la Florida, no habrá acabado la historia de crueldad cometida contra el ciudadano y el ser humano.

Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”, escribió José Martí hace más de un siglo refiriéndose a cuanto vio en la nación declarada por los propios gobiernos de turno como la más democrática del mundo. Como sus cuatro compañeros, René González también percibió las ansias imperiales y deshumanas de los gobernantes de un país que pretenden dominar cualquier territorio que brinde riquezas naturales o represente un peligro para sus intereses a fuerza de bombas y metrallas (armas convencionales, atómicas o ciber-armas).

Ese fue el motivo por el cual permanecieron en los Estados Unidos, para desarticular los planes de atentados contra la seguridad de nuestro país, que terroristas confesos han “aceptado” como “suyos” en los medios de comunicación, en público reconocimiento de la desfachatez y la impunidad, y con clara disposición de continuar acabando con cuanta vida inocente se les ponga delante si entorpece sus intereses.

En ese contexto, mediado por las presiones de la comunidad anticubana radicada en la Florida y las debilidades manifiestas de la política del actual presidente Barack Obama, un nuevo ultraje se fragua contra René González. Mientras los mismos terroristas contra quienes los Cinco Héroes luchaban, disfrutan de la libertad y el dinero ganado a costa de explosiones de bombas y sabotajes económicos, entre otras acciones realizadas contra Cuba, René González deberá permanecer durante tres años más en La Florida, en un visible intento del gobierno estadounidense por impedirle su inmediato regreso a la Isla y la posibilidad de reunirse con su familia, bajo el pretexto de que debe cumplir ese período de libertad supervisada. ¿El motivo? La Corte de Miami necesita tiempo para evaluar su conducta una vez puesto en libertad y verificar que no significa un peligro para Estados Unidos.

Mas, ¿quién tiene en cuenta el peligro que significa mantenerlo en ese país, rodeado por los mismos monstruos contra quienes luchaba? ¿Es que la vida y los derechos de un hombre, una familia (esposa, hijas, todo un pueblo que alza su voz por la justicia) no tienen importancia para ese gobierno imperial?

El caso es mucho más complejo de lo que pudiera creerse en buena parte del mundo, porque la mentira, la desinformación y la falta de ética han mediado la difusión de la verdad de nuestros Cinco compañeros.

Por eso tantas voces se alzan en todo el mundo, porque si el Imperio enceguece bajo la manta de los innobles e injustos seres deshumanizados, la verdad ha de agitarse tan fuerte como cuando nuestros antepasados empuñaron sus mejores armas para alcanzar la libertad.

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3 pensamientos en “René González, el castigo y la ponzoña imperiales

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