El terrorismo no es una imaginación

"Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla" Fidel Castro

Por Liudmila Peña Herrera

Imagínese por un momento abordando un avión para irse de paseo a otro país o ciudad o tomándolo con motivo de un viaje de trabajo. Imagine que se sienta, se asegura el cinturón, se acomoda, respira con satisfacción y toma algún periódico o golosina para entretenerse. No hay que esforzarse demasiado, ¿verdad? Imagine ahora que el avión despega con normalidad. No hay nada de interesante o noticioso en ello, está claro.

Pero si en medio de esa normalidad, piloto y copiloto ven explotar dos bombas en distintas partes de la aeronave, si usted puede percibir el pánico y oler la muerte, y si en ese caso no está usted soñando o “disfrutando” de una película de acción y suspense, entonces usted comprendería el dolor y la soledad de una muerte prematura y sin razón. Si aun tiene voluntad, imagine ahora que no fue usted la víctima, sino uno de sus hijos, hermanos, su esposa o esposo quizá… Imagine la desesperación y el miedo de la tripulación, el desconcierto, las ganas de que todo sea una maldita pesadilla… Podrá imaginar las desgarraduras de su familia al conocer la noticia.
Y la imaginación es un proceso tan rico en información e imágenes, que si ahora le pidiera que imaginara la explosión de un avión de Cubana con 73 pasajeros, entre cubanos y extranjeros, gracias a las “manitas” asesinas de Hernán Ricardo y Freddy Lugo, comandados por los terroristas Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, supongo que usted se formaría una idea clara del sufrimiento de los familiares y amigos de aquellas 73 personas que murieron hace hoy 35 años, víctimas de un ataque terrorista que aún no encuentra castigo justo para los culpables, gracias a los gobiernos norteamericanos que han tratado de evadir el tema por temor al conocimiento público de las relaciones de Washington con los ejecutores de ese crimen.
En este hecho, conocido en Cuba y el mundo como el Crimen de Barbados, murieron once jóvenes guyaneses, que venían a estudiar Medicina a Cuba, cinco funcionarios de la República Popular Democrática de Corea y 57 cubanos, entre ellos 16 esgrimistas del equipo juvenil, con sus entrenadores, técnicos y responsables.
Los atletas regresaban a la isla vencedores, luego de ganar todas las medallas de oro en el Campeonato Centroamericano y del Caribe, desarrollado en Caracas. Pero la saña imperialista y la desnaturalización de hombres que cambiaron amor por odio y dinero, rompieron los sueños de seres humanos de bien, con una vida luminosa por disfrutar.
Alicia Herrera, periodista venezolana y autora del libro Pusimos la bomba, ¿y qué?, declaró al periódico Granma que “en un inicio fui al cuartel San Carlos más que todo por solidaridad, porque no imaginé que realmente ellos hubiesen sido capaces de cometer un acto tan horrible, hasta un día que empecé a averiguar más y más… y salió a flote ese grito de Hernán en medio del patio del cuartel: Pusimos la bomba…¿y qué? Ya no había duda. Supe que ese sería el título de mi libro, porque estaba consciente de que yo no tenía un simple reportaje en mis manos, que era algo más.
“Quisieron juzgarme por traición a la patria, me descalificaron profesionalmente, me tildaban de espía y enseguida me amenazaron, me llamaban por teléfono y me decían: `Si hablas lo del avión te vamos a matar’. En mi casa de Caracas hay huellas del impacto de bala en una pared. Tuve que salir de Venezuela, fueron 10 años de exilio, pero siento que hice lo correcto.”
Cuando se trata de terrorismo contra Cuba toda imaginación es insuficiente, porque los atentados contra las vidas humanas inocentes son muchos y bien elocuentes. Por eso, si le hablara ahora de René González, uno de los Cinco Héroes cubanos presos injustamente en Estados Unidos por luchar desde ese país contra actos de esa índole perpetrados por los grupos terroristas de la Florida, usted pudiera comprender la injusticia que se comete contra esos hombres que trabajaban por conservar la paz.
René González debe salir de prisión mañana, luego de haber cumplido con una condena injusta en condiciones inhumanas, sin haber usado los derechos que le corresponden como ser humano porque el gobierno norteamericano así lo dispuso. Mañana René saldrá de prisión, pero otra vez la injusticia se enseñorea contra los buenos, porque ha de permanecer por tres largos años en la Florida, hasta que termine la “libertad supervisada”, gracias al dictamen de la jueza federal de Miami Joan Lenard, obligándolo a permanecer lejos de su familia y de sus amigos y en el mismo lugar por donde hacen de las suyas los mismo terroristas contra los que luchaba.
Entonces, este artículo no puede ser sobre imaginación o historias fantásticas. El terrorismo es real. Y como las 73 víctimas de un acto criminal como el de aquel 6 de octubre de 1976, otros seres humanos han sufrido y sufren sus secuelas. Es hora de que los hombres y mujeres sensibles nos unamos en una lucha contra este fenómeno que nos puede costar hasta la esencia del género humano.

 

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