Oscar Pistorius: entre la superación humana y el dopaje tecnológico

Por Abdiel Bermúdez Bdez

Corre con prótesis de fibra de carbono

Le han apodado Blade Runner, algo así como “el corredor laminado”, porque utiliza dos prótesis de fibra de carbono para correr. Y también Seabiscuit, como el famoso corcel, porque su arrancada es más lenta pero después su aceleración es magnífica.

Se llama Oscar Pistorius y debido a una degeneración genética, nació sin tobillos ni peronés, así que hubo que amputarle ambas piernas. Sin embargo, hoy tiene en su haber los récords mundiales en 100, 200 y 400 metros, todos en pruebas para discapacitados.

Pero el joven sudafricano quiso más: compitió con los atletas sin limitaciones físicas, y tras hacer las marcas mínimas exigidas, se presentó al mundial en Daegu, llegó a semifinales e incluso terminó llevándose una histórica medalla de plata en el relevo 4×400.

Fue el primer corredor del relevo 4x400 de RSA en Daegu

Al principio no fue fácil. La Federación Internacional de Atletismo había prohibido el uso de artefactos técnicos para correr y un estudio apuntaba que Pistorius podía desarrollar “la misma velocidad que los atletas sin discapacidades, pero con un 25 % menos de esfuerzo”.

Lo que para unos fue un canto a la capacidad de superación del ser humano, para otros se transformó en una ventaja desleal, porque estos artefactos tienen mejor amortiguación que las zapatillas normales.

Se trata de prótesis transtibiales llamadas “cheetahs”, como el veloz felino de las praderas, y están formadas por entre 50 y 80 capas de fibra de carbono, un modelo con mucha resistencia y flexibilidad. La tecnología moderna solucionó así la minusvalía del atleta de 25 años, pero voces contrarias a esta intervención de la ciencia en el área deportiva se levantaron de inmediato.

El médico y experto en biomecánica Antonio Dal Monte, aseguró que “el hecho de no utilizar piernas ortopédicas normales y apelar a una fibra de carbono le da movimientos biónicos y reacciones mecánicas como las de un animal prehistórico, o sea, como un velociraptor”.

El entrenador de Oscar ripostó asegurando que las prótesis suponen una desventaja del 10% con respecto a una pierna normal, así como un “peor tiempo de reacción en la salida, mayor tiempo para alcanzar la velocidad máxima y una menor estabilidad en situaciones climáticas adversas”.

Por el contrario, el doctor sudafricano Ross Tucker, profesor del Departamento de Ciencia del Ejercicio y Medicina Deportiva de la Universidad de El Cabo, ha explicado que la prótesis de fibra de carbono le da a su compatriota diez segundos de ventaja sobre el resto de los atletas.

Las cheetahs son el mejor prototipo del mercado Fotos: Tomadas de Internet

El debate está en el horno. ¿Hasta qué punto puede admitirse el empleo de artefactos técnicos para solucionar una limitación físico-motora en una competición deportiva de primer nivel? ¿No es esto también una especie de doping tecnológico para suplir una carencia natural? ¿Cómo definir dónde termina el esfuerzo humano y dónde empiezan a relucir las bondades de la tecnología?

Cuando Pistorius corrió en el mundial, todos lo alentamos desde este lado del televisor. Queríamos que ganara. Y su voluntad irrefrenable lo hace ser una persona admirable, tal vez única. Pero la batalla que libra hoy el deporte en el mundo, sobre todo en tiempos de adelantos científicos inimaginables y continuas falacias para subir a lo más alto del podio –aunque no digo que sea este el caso–, amerita que prevalezcan las condiciones físicas sobre los préstamos tecnológicos a los que incluso solo pueden acceder unos pocos en el mundo. Quizás demasiado pocos.

La natación dio una clarinada cuando ganó la batalla contra los cada vez más veloces trajes de poliuretano. Ahora le toca al atletismo decidir qué hacer. Humanamente, a todos nos alegrará ver a Oscar Pistorius convertido en el primer atleta paralímpico que dispute unos Juegos Olímpicos. Pero a partir de ahora el peligro que se cierne sobre el espíritu del olimpismo es, cuando menos, alarmante.

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