Guadalajara, los huracanes y el segundo lugar

Fotos: AIN y tomadas de Internet

Por Abdiel Bermúdez Bdez

Lo acepto: mis cálculos no se cumplieron. Me equivoqué. Nuestros deportistas le asestaron un mazazo al pronóstico que formulé días antes del examen panamericano y, contrario a lo que pudiera suponerse, ahora soy siete veces más feliz por la victoria cubana en Guadalajara.

En el deporte sucede como con los huracanes: hablar por adelantado puede convertirse en nada, porque uno es capaz de dibujar una posible trayectoria, pero nunca sabrá la verdad hasta que el fenómeno sopesa los contratiempos, su capacidad, su fortaleza… y decide por dónde seguir su curso, o si es mejor rendirse antes del pitazo final del juego meteorológico.

Los cubanos –mal que les pese a algunos– no han mutado hacia la claudicación en ninguna de las facetas de su vida, y aunque preví que el escenario sería demasiado complicado para los nuestros, confieso que “luché” por el oro en cada partido, desde este lado del televisor. Es difícil que no sea así cuando mi generación creció amando la pegada de Savón, la velocidad de Ana Fidelia o los jonrones de Kindelán, en esta Isla acostumbrada a la victoria.

Los más optimistas vaticinaron no menos de 10 medallas doradas para Cuba durante la primera semana de los Juegos, pero la realidad fue bien distinta. Solo siete primeros lugares hablaron a las claras de lo peliagudo de ascender a lo más alto del podio en el certamen continental.

Ni siquiera los anfitriones mexicanos pudieron hacer valer el favoritismo en el taekwondo, un deporte en el que Cuba volvió a brillar a este nivel. Lisandra Guerra tomó revancha y “el Pollo” Hanser se mojó de lo lindo en la piscina. Pero el remo fue mucho menos, y aunque no faltaron alegrías inesperadas, como la del Guerrero del bádminton, el oro fue esquivo más de una vez para los nuestros.

Por esa fecha andaban los Juegos y todavía no competían los deportes con mejores guarismos a lo largo de la historia panamericana. La lucha apenas comenzaba y, junto al judo, el atletismo y el boxeo, debían marcar el despegue definitivo que otra vez nos colocaría entre los primeros… Y agregué: “aunque no necesariamente en el segundo lugar”.

Tal aseveración me ganó inmediatamente consagrados oponentes que me calificaron –en el mejor de los casos– como pesimista, “olvidadizo” de la historia del deporte cubano, o periodista de mal agüero. Y yo me defendí diciendo que el escenario competitivo de los últimos tiempos es una prueba irrefutable de que Charles Darwin estaba en lo cierto, y de cuánto influye la economía en todos los renglones del desarrollo humano, entre los cuales el deporte no es la excepción de la regla.

Y dije más: antes de Guadalajara, el 2011 solo nos premió en campeonatos y copas del orbe con un par de medallas de oro, gracias al boxeo y no precisamente con las cartas de triunfo esperadas por la delegación. Ni el atletismo, ni el judo, ni la lucha, el remo o el canotaje aportaron siquiera un campeón a los archivos de historia, lo que sí saboreó Brasil, otra vez nuestro más enconado rival en la porfía por el segundo lugar de los Juegos Panamericanos, y al menos para mí –y para muchos más–, en Guadalajara, favorito.

Asimismo, durante estos certámenes, e incluso desde mucho antes, comentaristas y periodistas, junto a entrenadores y atletas, reclamaron la necesidad de topar con los jugadores y equipos de la élite mundial si queríamos mantener nuestra primacía. No en balde a la hora cero, la fórmula ganadora ha sido un verdadero enigma para nuestros deportistas, que deben “cuadrar la caja” siempre que tiene lugar un evento de primer nivel, y por ese motivo tantas veces van equipos incompletos a las competencias. A menudo incluso dependen de las invitaciones de organizadores, patrocinadores y federaciones internacionales, que reconocen el potencial cubano, pero no siempre pueden sufragar los gastos del viaje, y esa es una limitante a considerar.

El entrenamiento y los topes a domicilio no garantizan medallas extrafronteras, y menos en deportes en los que ser de “los habituales” es casi imprescindible para salir bien parados ante los jueces que califican las ejecuciones. O en otros eventos donde no tener los puntos suficientes en el ranking, justamente por falta de competencias, significa enfrentar en las primeras rondas a los mejores del mundo, y por eso tantas veces el sueño termina temprano.

Cuba es un país tercermundista, con una economía subdesarrollada, y por si fuera poco, bloqueado por los Estados Unidos. Las condiciones económicas en que se desenvuelve la cotidianidad de los cubanos, muy a pesar de los esfuerzos del Estado para potenciar el desarrollo deportivo desde edades tempranas, tiene implicaciones negativas en el ámbito deportivo.

Hasta hoy no lo habíamos sentido en toda su magnitud. Barcelona ’92 fue casi realismo mágico. Aquel quinto lugar olímpico sublimó el espíritu criollo: nos hizo creernos el ornitorrinco, único mamífero que pone huevos. Pero Atlanta, Sydney, Atenas y Beijing, en ese orden, han demostrado que los tiempos son cambiantes. Y si antes no teníamos rivales, ahora nos sobran, en cualquier escenario donde intervengamos.

Y alerto: no perdemos porque ayudemos a otros países a ser campeones; a fin de cuentas, esas medallas son también nuestras. Perdemos porque los contrarios se preparan tanto o más que nosotros. Porque hoy no pocos gobiernos le “inoculan” dinero al deporte: roban talentos y pagan nacionalidades. Y porque acceder a equipos e implementos de primer nivel, imprescindibles para el gran salto ganador, es algo reservado para unas pocas minorías, y hay cosas que el coraje y el corazón no pueden enmendar en un estadio plagado de estrellas.

Los cubanos estamos habituados a triunfar. Así lo hemos aprendido desde muy jóvenes, por nuestra historia. Pero que de una isla pequeñita, con menos de 12 millones de personas, nazcan deportistas ganadores a pesar de todas las barreras descritas, puede verse como una victoria adelantada. Otros ostentarían con lo que tenemos.

Con estas luces pensé que ocupar el segundo lugar en Guadalajara sería toda una proeza, pero si éramos terceros o incluso cuartos, por qué no, también habría que festejarlo. Sin embargo, el augurio quedó en letra muerta, y la lucha “llaveó” muy fuerte en los colchones tapatíos; el boxeo reverdeció laureles y el judo, sobre todo el femenino, pulverizó las esperanzas brasileñas de demostrar sobre el tatami cuánto han avanzado en esa arte marcial.

El atletismo hizo otro tanto, y si bien es cierto que faltaron no pocas estrellas (sobre todo estadounidenses y jamaicanas) en la cita continental, Cuba puso las suyas, rutilantes, en el cielo mexicano, y no es culpable de que otros opten por apostar a segundos y terceros atletas en un evento que es el más competitivo de cuantos se celebran en el mundo según el área geográfica.

Me quedé con las ganas de ver a las morenitas saltando victoriosas en el centro del mondoflex, y los varones fueron menos cuando se esperaba más. Sufrí cuando al holguinero Leuris Pupo se le “encasquilló” el arma, y también con las lágrimas de la fusilera Eglys Cruz, a quien ya le queda chiquita la medalla de plata. Tampoco voy a negar que aplaudí a rabiar a los voleibolistas mexicanos en su pugna frente a Cuba, y que vi a un pugilista brasileño dominar a uno de nuestros boxeadores dorados.

Para que unos ganen, otros tienen que perder, más allá de las razones que imponen las leyes de la lógica y de la suerte. Al menos esta vez, volvieron a ser los míos los ganadores, porque ese segundo lugar es bien cimero. Y no es casual el triunfo, aunque mi pronóstico, según muchos, pecara de prematuro pesimismo.

Al avistar un huracán, los meteorólogos tejen una red imprecisa de sus posibles itinerarios. Las rutas son diversas, pero ellos hablan de probabilidades. Así que lo mío fue un simple error de cálculo: la probabilidad de que Cuba se ubicara en el segundo lugar era real, pero el riesgo de que no ocurriera primó en mi pensamiento, lo admito, sin pena alguna. De cualquier modo, cuando los pronosticadores de huracanes se equivocan, los posibles damnificados celebran el error. Y su alegría es casi tan grande como la mía, pues desde ayer soy siete veces más feliz por haber sido segundos y no terceros.

Anuncios

2 pensamientos en “Guadalajara, los huracanes y el segundo lugar

  1. Londres será más difícil aún, Karel. Si América crece “deportivamente” por día, qué diremos de la financiada Europa y los gigantísimos de Asia. Hasta África tiene lo suyo… En Beijing nos “fuimos” del pelotón de cabecera, ese que aúpa a los 10 primeros. Aún así, no me extrañaría “colgarme al cuello londinense” unas 5 o 6 preseas de oro… Con eso estaríamos mucho mejor que en la capital china, donde fue, a mi juicio, demasiado pobre el 2-11-11 que nos llevó hasta el lugar… ¡28!, pero fue también una prueba de que el escenario del cual hablo sigue cambiando, y la economía es un eslabón a tener en cuenta… 24 medallas en Beijing no es un saldo indecoroso, todo lo contrario; pero en el reino de este mundo el hombre es insaciable y se impone tareas tantas veces imposibles, y siempre pide más, y más, y nunca acaba, ¿verdad, Karel?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s