Hijos de Venezuela va por el cambio

 

Foto: Tomada de Internet


Por Liudmila Peña Herrera

Tocan a las puertas, casa por casa. Quieren tomar a la pobreza por las solapas y lanzarla a la calle, en pos de ir expulsándola poco a poco de la nación. Son hombres y mujeres nacidos del mismo tronco de pueblo ávido de fraternidad y buenas soluciones para sus males de antaño.

Ha llegado la Gran Misión Hijos de Venezuela a los mismos sitios donde no hace mucho se enseñoreaba la desdicha de un amanecer sin esperanza. Otra vez ha llegado el alba de la solidaridad y la inclusión para quienes creyeron rotos los sueños.

He escuchado la noticia a través de la televisión de mi país y no puedo dominar las ganas de escribir, de reproducir la idea y participar a mi manera. Porque es como si otra vez Venezuela se levantara sobre sus propios cimientos e intentara arrancar, con mágico poder, las raíces de la pobreza extrema.

Y no importan la fuerza terrible del enemigo, o la mentira que envenena o el dinero que corrompe: por más que la oposición ponga palabras donde no van, por más que desprecie, desoiga, se aparte o entorpezca, la gente apreciará la verdadera intención de cambio.

Foto: Tomada de Internet

No es esta la compra del pueblo, como han querido desacreditar al programa social. Es la resurreción de los derechos de los hijos de una nación por años desamparados, sin oportunidad de abrirse camino, porque la maleza era muy alta y los instrumentos sin filo.

Ahora, gracias a la Gran Misión Hijos de Venezuela el sendero pinta más ancho y transitable para embarazadas adolescentes, personas discapacitadas y familias con hijos menores de 17 años en condiciones paupérrimas. Dentro de poco, también ellos serán dueños de sus destinos. Habrá que ver entonces qué historias contarán las mismas mujeres que por años han quedado en casa, dedicadas solamente a atender a la prole. Habrá que escuchar la voz de quienes aprenderán a expresar y defender sus ideales, gracias a la reinserción social y la educación a la que podrán acceder.

Venezuela cambia. Ha llegado su verdadero tiempo de cambio. Y es justo que lo haga, porque cada pueblo tiene derecho a luchar por un camino de prosperidad, justicia e igualdad de posibilidades para sus hijos.

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