¿MALDITAS MATEMÁTICAS?

Foto: Edgar Batista

La ciencia cubana recibe su día, este 15 de enero, con avances en disímiles esferas de la vida. Por eso Poesía de Isla ha querido honrar a nuestros científicos a través de la entrevista a un destacado investigador que ha merecido distinciones en Cuba y el extranjero, entre ellas, el premio que otorga la Academia de Ciencias del Tercer Mundo

 Por Liudmila Peña Herrera

Tal parece que algún mito perdido entre los vericuetos del tiempo los ha condenado a soportar el estigma de que los creamos hombres que cuelgan sus pensamientos tan alto como las constelaciones. Seres desentendidos del camino que pisan, a los que todo lo terrenal les es ajeno.

Víctima del mito, imaginé un hombre sumido en sus propios pensamientos, con las marcas de la adultez, el trabajo intelectual y el sedentarismo de quien solo piensa en problemas matemáticos. La voz, a través del teléfono, había sido agradable y solo había mostrado preocupación por la presencia de una cámara de video.

Pero el encuentro en el lugar acordado, el Departamento de la carrera de Matemática, en la universidad Oscar Lucero Moya, nos devolvió apariencias inesperadas para ambos: en su rostro, el asombro por entrevistadora tan joven; en mi mente, el inicio de la desmitificación del científico.

Usaba jeans y pulóver como cualquier hombre de estos tiempos y demostró que podía conversar sobre temas tan diferentes como ciencia, música, literatura y camiones con ruta a Cacocum, lugar donde reside.

El departamento (a puertas cerradas porque “esto siempre está lleno de alumnos”) era propicio para la conversación y la cámara fotográfica no parecía representar problema alguno. Así, roto el hielo, me dispuse a intentar comprender todo cuanto Ricardo Abreu Blaya me contara acerca de una de las materias que más he odiado en mi vida: las Matemáticas.

¿Hubo algún evento que motivó su interés por esta ciencia?

Cuando yo era pequeño, mi padre disfrutaba ponerme problemas que me incitaran a pensar. Algo así como “si un carro corre 13 km por hora, cuánto corre en un minuto”. Eso hizo que comenzara a interesarme. Pero estudiando en la Vocacional, me alejé un poco de la asignatura. De hecho, suspendí y tuve que volver a hacer la prueba. Eso también me marcó porque me hicieron un plan especial de repasos, en el cual tenía un profesor que nos decía: “La Matemática tiene el poder de demostrar hechos del pasado. Con un lápiz y un papel se puede hacer lo mismo que siglos atrás”.

¿Quiere decir entonces que para ser un buen Matemático hace falta algo más que inteligencia?

Supongo que sí. Hay otra anécdota de esa misma prueba que lo demuestra. Yo estaba muy bien preparado, pero había un ejercicio que no alcanzaba a hacer y me empeñaba en resolverlo porque estaba seguro de que podía trabajar con eso. Entonces, la profesora me dijo: “Ricardo, ya eso no es para ti: eso es para fulanito que es brillante”. Y aquello fue como un reto a mi inteligencia. Desde entonces, yo vi a las Matemáticas como un campo de batalla, una pelea que librar. Por eso, cuando tengo un problema por resolver, puedo estar pensando cien años y si no lo logro, por lo menos lo sigo intentando, porque esta ciencia no solo necesita inteligencia, también voluntad. Ah, el ejercicio no lo hice, pero marcó un punto importante en mi vida.

¿Y cómo comenzó su historia como investigador?

Cuando terminé la Vocacional, me escogieron para estudiar en la universidad de Praga, pero terminé en Oriente, debido a la desintegración del Campo Socialista. En el ʼ94 yo trabajaba como profesor en la secundaria de mi pueblo. Un día me puse a pensar en un problema que me había puesto el tutor de mi tesis y di con la solución. Ese fue uno de los momentos culminantes de mi pensamiento matemático. El hombre quedó simplemente entusiasmado y me propuso comenzar inmediatamente el Doctorado.

¿En qué consistía aquel problema?

Era un problema de contorno. Imagina que conozco algo, pero solamente en un pedacito, dígase en el contorno de un conjunto y quiero reconstruirlo en el resto. Yo sabía que había que encontrar las condiciones que garantizaban la solubilidad de ese problema y eso era lo difícil. Entonces se me ocurrió transportarlo a otro más simple, para que en él las condiciones salieran más fácil a la vista. Eso fue lo que pasó un día. De aquella época, creo que fue una de las cosas más importantes que he hecho.

Y la solución puede llegar en cualquier momento…

Uno de los momentos más importantes es cuando se formula una hipótesis, después aparece la solución. Y luego hay que hacer la demostración, que es lo más difícil. Y esto puede pasar en cualquier instante, sentado en una guagua, en una “botella” o bañándote, incluso, durmiendo.

Quizá sea eso lo que mueva a muchos a verlos como personas poco comunes.

La gente me pregunta por qué tanta abstracción. Es que muchas veces cuando nos perdemos en la particularidad, no encontramos las esencias. Abstraerse es que a mí no me importa si hay una silla o un caballo, para mí ese es el uno. Es bastante difícil de comprender para personas que no conocen el tema, pero no significa que se pierda el contacto con la realidad.

¿Le ayuda el conocimiento de la Matemática a la hora de tomar decisiones en la vida cotidiana?

Claro, eso es importante a la hora de enfrentar cualquier problema de la vida, en gran medida porque nos enseña que hay muchas posibilidades, o sea, existen otras variantes que quizá por primera vez no veamos. Por ejemplo, no creo en el amor a primera vista. Además, precisamente, las grandes matemáticas se hacen enfrentando los problemas, de forma lateral, nunca frontal. Entonces, claro que eso me ayuda en la vida cotidiana.

Entrando en materia, ¿en qué consisten sus investigaciones?

Imaginemos que tenemos una placa de metal y yo conozco la temperatura en el borde y quiero saber cuál es la temperatura dentro. Hay muchas situaciones en que se tiene acceso al borde, pero no a lo que está dentro. Cuando el borde no es una circunferencia, un cuadrado… o sea, algo tan complejo como un fractal, entonces la única forma para resolverlo es idear un mecanismo que permita evitar la frontera y hacer esas integraciones en el interior.

¿Y qué es un fractal?

Voy a poner un ejemplo práctico: tomemos la longitud de la Isla de Cuba.

No existe un número, por muy grande que sea, que cuando se mida la isla con una mayor precisión, será mayor que ese otro número y así sucesivamente. Por eso decimos que la longitud es infinita. El fractal está en todas partes, por ejemplo, los latidos del corazón lo generan, el crecimiento de las células… En eso se enmarca mi investigación: en el ataque de los problemas de contorno, basado en el análisis de Clifford, que tiene su influencia en otras teorías, pero asumiendo las fronteras fractales.

¿Cuál es el mayor problema en el que está pensando ahora?

Estoy planeando crear un grupo de estudios de las Matemáticas en la provincia, aunque te confieso que no dejo de pensar en la hipótesis Riman, mi ídolo matemático, porque ha pasado más de un siglo desde su planteamiento y aún no ha sido resuelto. Por eso está incluida en los problemas del milenio. Estuve unos días en Brasil y también pensé en un asunto asociado con la posibilidad de aplicar el análisis de Clifford a la conducción del calor por una vía alternativa que encontramos un amigo yo. Te confieso que padecí de un insomnio terrible, porque son muchas emociones y decepciones: pensaba que lo tenía, estaba súper emocionado, pero había un error. De todas formas, lo traje conmigo para dárselo a las nuevas generaciones que quieran intentar solucionarlo.

Habían pasado casi seis años desde que pretendí decirle adiós a ecuaciones, geometrías y algoritmos, pero otra vez la vida me ponía delante de aquella ciencia con la que no había querido más tratos. “¡Malditas Matemáticas!”, hubiese dicho yo en medio de una clase; pero esta vez, Ricardo Abreu, aquella ciencia y sus problemas me abrían un nuevo mundo del que, paradójicamente, no tenía ganas de escapar.

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5 pensamientos en “¿MALDITAS MATEMÁTICAS?

  1. Es una lástima enterarse que tan buenas calificaciones no fueran conseguidas por amor a la ciencia, sobretodo por alguien que estudio en uno de los mejores institutos de ciencias exactas del país.
    Me alegro que disfrutaras de la explicación, pareció muy interesante….aunque para otros, igual que tu, que dejaron las matemáticas hace tiempo….no lo perezca tanto….
    Feliciades por el esfuerzo…..

    • Bueno, Patry: No era secreto que las Matemáticas eran torturadoras, pero el estudio ayuda, jajaja. De todas maneras, ya ves que la perseverancia es muy importante, ¿no? Gracias por leerme. Un besito desde este punto de Isla.

  2. Me gustó el artículo. El tema sabes que es cautivante para mí. Estoy de acuerdo con Ricardo en que no rendirse es una de las cosas más importantes en la ciencia. La voluntad y la inteligencia hacen al científico. En ocasiones la primera es más importante que la segunda. La inteligencia no sirve de nada si uno no es capaz de educarla a sus deseos.

  3. Pingback: OBRERO DE LAS MATEMÁTICAS (+video y galería de imágenes) | Poesía de Isla

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