Periodistas hasta después de la muerte

 

Foto: Elder Leyva


Por Liudmila Peña Herrera

Entre la magia que acompaña al periodismo desde sus tiempos fundacionales y la prisa de los tiempos que corren, cuando la competencia noticiosa ya no solo se enmarca en la inmediatez de la radio, las imágenes de la TV y la explicación de los periódicos; cuando cada milésima de segundo implica cientos de bytes de información a través de las redes sociales, el antiguo oficio de periodista adquiere más atractivos y muchísimos más retos.

Y si ese periodismo se desarrolla en una pequeña isla del Caribe, al calor de transformaciones importantes en el orden económico y social, matizado por las dificultades generadas gracias a un bloqueo económico que ya nos parece milenario, impuesto por diferentes gobiernos norteamericanos a través de la historia y sustentado por el actual mandatario de la Casa Blanca, sin dudas que esta es una profesión de amor a nuestros semejantes y a nuestra Patria.

Y Patria fue el periódico fundado por Martí, aquel 14 de marzo de 1892, fortuna de ideas para la lucha por la Revolución de “los humildes y para los humildes”, inspiración de estos tiempos para defender desde la palabra sincera y audaz, la conquista de un presente de justicia para todos los seres que habitan esta tierra.

¿Y por qué somos periodistas? Porque nos une el mismo amor por las letras y la justicia que llevó al Maestro a escribir, por ejemplo, “Vindicación de Cuba”. Porque amamos la información y la verdad tanto como a nuestra propia vida, porque un puente y un cronómetro nunca se han parecido tanto como cuando se juntan la vocación de comunicar acontecimientos inéditos y las ansias de tomarle el pulso a nuestra sociedad. Porque creemos que el futuro de nuestro país puede ser cada día mejor si juntamos eficiencia en el trabajo, voluntad y amor por lo que hacemos. Porque sabemos como el propio García Márquez, que “el periodismo no es una profesión, es una glándula”.

¿Y cuál es el reto mayor que tenemos los periodistas cubanos? Informar e informar bien. Reflexionar y ser agudos en nuestros comentarios. Investigar y constatar cada una de nuestras averiguaciones, como nos retó el presidente cubano en el informe central al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba.

Ser fieles a nosotros mismos y a los acontecimientos de los que somos partícipes. Porque nunca seríamos periodistas si antes no hubiésemos contado con la fidelidad de un público dispuesto a seguirnos.

Y es que no somos periodistas cuando nos entregan el título de licenciados al finalizar la Universidad, ni cuando publicamos en un diario, una emisora o una televisora. Somos más periodistas cuando caminamos por las calles de nuestras ciudades y tomamos el pulso de nuestros textos gracias a los lectores. Porque ser periodistas es un compromiso de verdad con todo nuestro público, una glándula imposible de extirpar, incluso ni después de nuestra propia muerte.

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