“Más periodista que escritor”

Por Liudmila Peña Herrera

Habría podido abordarlo en los pasillos del holguinero semanario ¡ahora!, en el oriente de Cuba, o invitarlo a uno de los cafés más frecuentados, el Tres Lucías. Hace mucho que su personalidad como periodista-escritor y su mundo de personajes realistas y fantásticos me inquietaban.

Ya nos debíamos el espacio de entrevistador-entrevistado, pero la vida es caprichosa y nos ha puesto a cientos de kilómetros de nuestra ciudad, él como conferencista y yo como alumna, en el Taller de Técnicas Narrativas, del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Así que aprovechemos para iniciar un diálogo con Rubén Rodríguez González, profesor de Ensayo periodístico y narrativa, en la Universidad de Holguín, quien cursó el Taller de Técnicas Narrativas “Onelio Jorge Cardoso”, en 2006, y obtuvo el premio “César Galeano”, con el cuento El polaco.

Ahora, seis años después, un taller parecido se precia de su conocimiento teórico y excelente humor, para analizar textos de periodistas de todas partes de Cuba y otros países del orbe. Por eso, comenzamos la entrevista, que no terminará con la última de estas preguntas, sino que a partir de ella podría iniciar la otra.

¿Cursar el “Onelio” significó algún giro importante en tu narrativa?

En el 2006 ya tenía publicados cinco libros, pero me sentía inseguro por mi desconocimiento de la técnica. En mi obra había mucho de tanteo, de búsqueda. Entonces, el “Onelio” me dio mucha seguridad sobre mi literatura y sobre la literatura en general. Sentía que necesitaba el conocimiento técnico, porque yo escribía con un nivel de lectura considerable, experimentaba, pero no sentía que dominaba una teoría literaria.
Después dejé de buscar la técnica, para centrarme en las historias. Confieso que nunca me gustaron los talleres literarios, porque generalmente las personas que los dirigen no conocen la técnica. Casi siempre esta es impresionista, desde la base del gusto, de las preferencias. Y yo necesitaba personas capaces de valorar realmente la literatura. En el Centro “Onelio” me enseñaron a hacerlo.

Claro que mi literatura nunca fue la misma, porque el conocimiento de la técnica me hizo enfocar lo formal desde otro punto de vista. En los textos, la edición desde lo técnico formó parte de lo creativo. El “Onelio” me ahorró tiempo de búsqueda, de experimentación. Además, me permitió entrar en contacto con creadores que cultivaban la literatura desde otros modos.

Pero el “Onelio” tiene, además de muchos admiradores, no pocos detractores, porque dicen que no hay recetas para formar escritores. Desde tu experiencia, ¿con cuál posición simpatizas?

En el curso te enseñan las técnicas y luego puedes escogerlas al libre albedrío. A mí, que no tenía estudios de Narratología, me abrió un camino de posibilidades que vinieron a coronar mis intentos anteriores. Yo admiro a la gente que conocía todo lo que le iban a dar en el curso, pero no entiendo para qué lo pasaron entonces.

Mis libros de antes del “Onelio” gozaron de una buena crítica. Entre ellos Gusanos de seda, La madrugada no tiene corazón y Majá no pare caballo. No quiere decir que mi literatura fuese mejor después, sino que el proceso creativo fue más consciente, menos a ciegas. Esa es mi experiencia. No sé qué le habrá pasado a otras personas. Si tuviera que resumirlo, me dio mucha seguridad. No me quitó libertad. Por eso, no siento que tenga una prótesis, si acaso, el curso fue una cirugía estética.

El taller de técnicas narrativas que ha desarrollado el Instituto está formado por periodistas, no por escritores. ¿Crees que la carrera de Periodismo forme escritores también?

La carrera te dota de conocimientos. De la gramática y la sintaxis. Aporta conocimientos de edición de textos, historia de la literatura. Ofrece experiencia profesional, vital, susceptible de ser convertida en literatura, hechos, personajes, escenarios y conocimiento de la psicología humana, una visión sociológica de tu circunstancia. El conocimiento de las técnicas narrativas viene a ser un instrumento para procesar toda esa información creativamente. Por eso este taller viene a ser otro apoyo para quienes tienen la necesidad de escribir ficción.

¿Y te parece que en Cuba se puede hablar de un periodismo literario consolidado?

No existe una práctica sistemática, consciente y masiva del periodismo literario dentro de la praxis periodística cubana. Quienes lo usan lo han hecho empíricamente. Más que con el objetivo de inscribirse dentro de una tendencia, para embellecer su periodismo, ganar lectores, destacarse, hacerse de un estilo diferente. Pero sí hay casos aislados en diferentes medios de prensa. En los años ‘80, destacaron periodistas como Leonardo Padura, Emilio Surí y Ángel Tomás, en Juventud Rebelde o Luis Manuel García en Somos Jóvenes. Después, Rosa Miriam Elizalde e Iramis Alonso, enviaban crónicas para Juventud Rebelde que también se pueden clasificar como periodismo literario.

¿Hasta qué punto el periodismo literario enriquece los textos o afecta la objetividad?

La ventaja del periodismo literario sigue siendo la humanización y estilización del hecho periodístico Es una simbiosis entre literatura y periodismo. Y por supuesto, una alternativa a disposición del profesional. No es que haya que imponerlo, sino que los profesionales que lo deseen y puedan, lo utilicen, sobre todo en una realidad compleja con determinadas prioridades editoriales que a veces provoca textos poco atractivos para el lector.

El periodismo literario es una buena arma para asumir, desde la producción del texto, el periodismo de investigación. Las grandes figuras del periodismo internacional han tocado, aunque sea tangencialmente, el periodismo literario. En la actualidad, ante la avalancha de los medios electrónicos, nuestro periodismo no puede ser informativo, sino interpretativo. Y el periodismo literario también es una alternativa para el periodismo interpretativo, porque requiere de recursos y estos enriquecen el texto, ofrecen soltura y redundan en la calidad del texto.

No creo que le reste objetividad, al contrario; no se inventan ficciones, sino que se describe, caracteriza personas, escenas, en resumen, enriquecen el texto. Claro, no estoy en contra del periodismo tradicional, pero esta es otra alternativa.

Para hacer periodismo literario, ¿periodistas-escritores o escritores-periodistas?

Da igual. Yo primero fui periodista primero, por eso soy más periodista que escritor. Llegué a la literatura con las armas del periodismo. Este me abrió el camino a la literatura. Los textos de ficción que produje después fueron mejores que cuando solo pensaba ser escritor. Porque la profesión me dio las armas.

Has estado al frente del taller de textos, donde periodistas que nunca habían escrito un cuento, leyeron el primero. ¿Has descubierto algún posible escritor entre los talleristas?

He visto con satisfacción cómo el conocimiento del periodismo y su práctica influyen positivamente en la producción de textos narrativos de personas que no desarrollan la ficción, que quizá quisieron alguna vez ser escritores, y a los cuales la carrera les ha dotado de armas para enfrentar un texto de ficción. He descubierto en estos talleres con periodistas, textos notablemente más limpios sintáctica y gramaticalmente, mejor estructurados y más seguros de su intencionalidad, que en talleres literarios. El periodista tiene el conocimiento de su objetivo, que a veces no lo tiene un escritor empírico.
Todos los que ha leído pueden ser escritores, con textos más o menos elaborados, por supuesto. Para utilizar una paráfrasis, con voluntad y trabajo todas estas personas pueden enfrentar los desafíos de la ficción.

¿Crees en la necesidad de este tipo de espacios en el oriente de la Isla?

Por supuesto, debido a la economía de la logística, este tipo de talleres es de participación limitada en la capital. Se podría diseñar, proponer un taller de técnicas narrativas que ofreciera este tipo de conocimientos, auspiciado por la UPEC en el oriente de Cuba, también nutrido por los profesionales de la prensa y estudiantes de periodismo. Ese es un reto que tenemos en la actualidad y por supuesto que pueden contar conmigo.

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5 pensamientos en ““Más periodista que escritor”

  1. Joder!, en la parte donde dice “¿Has descubierto algún posible escritor entre los talleristas?”, recordé mi primera vez delante de tantas personas, el chucho positivo y lo que debo subsanarle a mi “texto narrativo”. Buena entrevista, Liu, tengo fotos para acompañarla. Un abrazo a entrevistadora y entrevistado.

  2. Hace más de un año que no he vuelto a ver a Rubén y aún aprendo diariamente 10 palabras nuevas del diccionario, sonrío aunque no conozca a la gente, recuerdo con nostalgia los ensayos de ensayo sobre Retrato de Dorian Grey, y busco sus escritos. !Lo admiro tanto! Es verdad profe, no es lo mismo un admirador que un amigo; pero si algún día necesita de esta admiradora…las puertas del corazón estarán abiertas. Saludos Liudmila, una entrevista buenísima; perfecta convinación entre preguntas y respuestas.

  3. Pingback: Sueños de emigrante II « Esquinas

  4. Llegué un poco tarde a esta entrevista, pero como parte del grupo de Técnicas Narrativas, no puedo dejar de anotar lo provechosos que fueron esos talleres con Rubén. Besos para los dos.

    • Llegas justo a tiempo, Nyliam, para ser bienvenida. El curso fue genial y creo que provechoso para hacer amistades y también para despojarnos de temores y lanzarnos a escribir. Besos para ti.

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