Traicionada por un sueño

Sueños coartados/ Denis Nuñez Rodríguez

Por Liudmila Peña Herrera

Anoche me fui a La Habana. De un tirón, con el pasaje de una voltereta sutil, entre mis sábanas arrugadas de tanta flor y sueños. Corrí buscando 23, pero torcí camino y me perdí por calles no identificadas de edificios que buscaban el cielo repletos de colores.

Quise encontrar un céntrico semáforo, pero un Tarzán moderno corría también disparando piropos, felino veloz dispuesto a agarrar a la presa perdida.

Después, la esposa de quien no nombro me regalaba una sombrillita colorida y yo intentaba trepar por la escalera infinita de un Morro sin salida, con cuartos oscuros donde se exponían especies exóticas de animales fantásticos.

Anoche me perdí en medio de calles transitadas por niños sin rostros con capacidades inimaginadas. No me gustó La Habana (aunque en el viaje me haya ahorrado los 187 pesos del avión). No me gustó La Habana. Hasta en los sueños quizá un oriental sepa hacia dónde va, pero no puede esconder de dónde viene.

PD: Y aclaro que hablo dormida, porque La Habana enamora a cualquiera.

2 pensamientos en “Traicionada por un sueño

  1. Hola, es cierto que “ustedes” no pueden esconder de donde son… “nosotros” tampoco. Yo por mis trabajos, primero en la Universidad y después en mi empresa actual he tenido la oportunidad de conocer primero el extranjero y después el “intranjero”, Cuba del Este, el campo, Palestina etc. Sucede que nos han enseñado tanto, a veces de forma inconciente, que somos distintos que nos olvidamos de lo fundamental, y es que somos cubanos… con lo que eso iimplica. Basta con ponernos en un lugar distante, por ejemplo Alemania, para que habaneros y “palestinos” descubramos que somos mucho más iguales que diferentes… aunque muchas veces nos separe el amor por los Industriales.
    Cuando tuve la oportunidad de conocer esa “Cuba profunda”, esa que comienza cuando sales por la autopista, te das cuenta que “la placa es la placa”, pero que cada provincia también tiene lo suyo. Cuando logras que una camagüeyana te diga que no hablas como habanero (los estereotipos allá donde somos “intranjeros” también nos afectan), y que en las otras provicnias (con Termoléctricas) como tu Holguín es posible pasarla bien aunque se extrañe el Capitolio aprendes que lo mejor es ser auténtico porque lo importante nunca será de donde vienes, al menos para la gente que sirve, al resto puedes dejarla al tiempo, porque pone a cada uno en su sitio aunque si puedes mandar a uno o dos a tomar por c… les vas adelantando el camino

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