Boxeo femenino en Londres: Sin golpes al aire

 

Ren Cancan, de China, durante la pelea con Marlen Esparza, de Estados Unidos

 Por Liudmila Peña Herrera

Le observo. El boxeador se bate por la medalla a golpe limpio. Esquiva puños y cierra fuerte los suyos para “dar donde hay que dar”. Lo miro pelear e imagino que si pudiera, atacaría incluso con uñas y dientes para traer a Cuba la medalla dorada. Pero no puede, y se limita a cumplir las reglas.

Le miro y me pregunto si no habrá alguna cubana capaz de batirse como él o como el mejor de nuestros púgiles en esta cita olímpica. No hay boxeadoras cubanas compitiendo en Londres. Según tengo noticias, no se practica en la Isla el boxeo femenino.

“No es disciplina para mujeres”, me dice un periodista deportivo y argumenta ideas sobre la debilidad de las féminas, los golpes en la cabeza y en los senos… la delicadeza y esos otros “perdones” con los que se han defendido quienes subvaloran las capacidades de la mujer, creyendo o simulando protegerla.

La tenista rusa María Sharapova, considerada una de las deportistas más bellas del momento

 

Ah, las flores sensibles y delicadas, que con una “caricia” brusca se marchitan. Las mujeres de casa, que pueden practicar volly, tenis, gimnasia, natación… ¡y pesas, y lucha! ¿Acaso no han demostrado que pueden ser tan diestras como los hombres en estas y otras disciplinas? ¿Acaso los hombres, por “hombres”, sí merecen golpes en la cabeza? ¿No son, igual, seres humanos?

No concuerdo. No puedo. El deporte es para todos y todas. No creo que exista atleta de tan elevada tontería como para practicar una especialidad con la que no puedan su cuerpo y su mente. 

Por eso, me parece increíble lo que encuentro en las redes: se repiten en páginas web de diferentes países unas declaraciones excluyentes y machistas de Pedro Roque, ex entrenador principal de la escuadra nacional de boxeo, en 2009: “Las mujeres cubanas son para mostrar la belleza de su rostro, no para recibir golpes”.

 

Cierto o no, lo real es que a Londres llegaron nuestros púgiles sin compañía femenina. “Nos pasará igual que en las pesas: estaremos atrasados con respecto al resto de los países para cuando decidan aprobar el deporte para las mujeres”, dice otro colega especializado en el tema.

En Cuba, pequeña isla con una riqueza deportiva incomparable entre sus similares del Caribe y otras regiones del planeta, con una lucha seria y organizada por el reconocimiento de los derechos y las potencialidades de la mujer, es una pena que no se les brinde la posibilidad de prepararse y medir fuerzas en este deporte a las mujeres, desechando la capacidad y el probado talento de la Escuela Cubana de Boxeo para formar a aquellas mujeres que se sientan capaces de subir al ring. Quizá una de ellas pudiese marcar la diferencia en el lugar final de Cuba en el medallero olímpico.

Nadie está cuidando a nadie con no tener mujeres en el boxeo: alguien las está limitando y excluyendo. Más bien, me parece que debajo de todo esto, hay una historia subterránea de sentido, que esconde el pensamiento machista de “disfrutar” la actuación de deportistas “femeninas”, antes que presenciar peleas o combates de mujeres con músculos “de hombres”. Así, la Isinbayeba, por ejemplo, es bien famosa no solo por sus innegables “poderes” como pertiguista, sino porque ya se ha convertido en un “sex symbol” para muchos.

Yo insisto y pregunto: ¿por qué estigmatizar a las deportistas con la ausencia de delicadeza? La verdadera belleza de hombres y mujeres nada tiene que ver con músculos más o menos prominentes.

Con tales posiciones, nos parecemos mucho a quienes las mantuvieron durante años lejos de las competiciones olímpicas. De hecho, el taiwanés Shing Kuo Wu, presidente de la Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA), también conocido como “el arquitecto de las reformas en el boxeo”, aseguró que “incluir a las mujeres en los Juegos Olímpicos no fue fácil, ya que el COI tiene cuotas para cada deporte y a la AIBA se le habían asignado 286”.

Por suerte, se les otorgó a las féminas 36 plazas para Londres 2012, en tres divisiones; aunque solo como resultado de la disminución de la cuota para los hombres en el certamen.

Asimismo, otra posición segregativa y altamente criticada fue la relacionada con la “sugerencia” de la AIBA de que las boxeadoras usaran faldas en lugar de pantaloncillos cortos, para “distinguirlas” de los hombres. Como era de esperar, no fueron pocas las muchachas que se opusieron ofendidas, como la irlandesa Katie Taylor.

“Es una vergüenza que obliguen a algunas boxeadoras a llevar esas minifaldas; deberíamos poder llevar pantalones, como hacen los hombres”, declaró Taylor. “No voy a llevar minifalda; no me la pongo cuando salgo por la noche, así que, desde luego, no la voy a llevar en el cuadrilátero”.

Por otra parte, la campeona británica de peso ligero, Natasha Jonas, está segura de que la decisión fue tomada por motivos de “estética”, pues considera que “no existe nada práctico al llevar una falda”. “Los únicos que quieren ver mujeres vestidas con falda son los hombres. Debería ser elección de la boxeadora llevar falda o no”, declaró.

Al final, el uso de la saya no ha sido obligatorio: hay quienes la han lucido orgullosas y otras que la han desechado sin contemplaciones. De todas formas, este detalle, aparentemente banal, otra vez muestra los tabúes, subvaloraciones y segregaciones a las que son condenadas las mujeres en el mundo como consecuencia de posiciones machistas.

Por eso, aunque muchos no aplaudan la decisión del COI de incluir esta disciplina para mujeres dentro de los Juegos Olímpicos, creo que, lejos de todo vínculo lucrativo, es de celebrar la valentía de las púgiles que participan en el certamen, porque han sido capaces de batirse en este “round” contra posiciones machistas y excluyentes, si no al nocaut, al menos, sin golpes al aire.

 

 

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Un pensamiento en “Boxeo femenino en Londres: Sin golpes al aire

  1. Liu, muy acertado el comentario, sobre todo me horroriza esa declaración de Pedro Roque al decir que “las mujeres cubanas son para mostrar la belleza de su rostro, no para recibir golpes”, como si fuéramos postalitas de un estereotipo que se tiene sobre Cuba.

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