En la costa, reordenar es proteger

Fotos: Elder

Por Liudmila Peña Herrera

Los curiosos se acercan mientras los cargadores levantan escombros, formando pequeñas nubes de polvo. El ruido de máquinas y mandarrias denota persistencia para concluir la faena.
Quien regrese ahora a Playa Blanca, en el municipio de Rafael Freyre, en Holguín percibirá el cambio. Parece como si una fuerza mayor hubiese arrancado de raíz las edificaciones estatales más próximas a la costa.
En Holguín, como en toda Cuba, se desarrolla un proceso de reordenamiento de la zona costera, la cual cambia la dinámica y la apariencia de las playas. Pero ¿por qué se ejecutan acciones de demolición? ¿Qué consecuencias traería no hacerlo?
Antes de aprobarse el Decreto Ley 212, del año 2000, que estableció la delimitación, protección y uso sostenible de la zona costera y la de protección, en el litoral de la provincia el hombre había transformado esos ecosistemas con la construcción de viviendas, deforestación de especies vegetales y extracción de arena para diversos fines.
Esto propició la afectación de algunas playas y la desaparición de otras.
Así, la destrucción de los camellones costeros de Gibara es una de las causas por las cuales hoy las penetraciones del mar son más intensas y frecuentes. “Cambio climático” es el concepto de moda, aunque muchos crean que el archipiélago cubano es inmune a sus peligros.
“La temperatura promedio anual en Cuba se ha incrementado en los últimos cuatro años en 0,6 grados Celsius, y el nivel promedio del mar ha subido en 8,56 cm en los últimos 40 años, lo cual es consecuencia de ese cambio climático”, explica Ruberdanis Tamayo, jefe de la Unidad de Medio Ambiente de la Delegación territorial del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).
Los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo para eventos climatológicos extremos desarrollados en Cuba, estiman que para el 2050 ocurrirá un aumento del nivel del mar de 27 cm y para el 2100 de 85 cm, por lo cual son probables inundaciones costeras de modo más frecuente.
Por tales motivos, en todo el país se orientó un proceso de reordenamiento territorial en la zona costera, para eliminar las edificaciones que violan las disposiciones del Decreto Ley 212. Este establece que no deben existir construcciones a menos de 40 metros (m) de la costa a partir de donde comience la vegetación consolidada o a partir de la duna, más 40 m de zona de protección. En el caso de un acantilado, se contarán 20 m de zona costera desde su máxima altura, y otros 20 m de zona de protección.
“El objetivo es salvaguardar a la población de las posibles penetraciones del mar – explica Orlando García, director del Instituto Provincial de Planificación Física-. En playa Caletones, por ejemplo, este fenómeno tiene un radio de acción de más de 200 m. Por eso, se ubicarán tanto a los residentes permanentes como a los veraneantes en zonas más seguras”.
La provincia cuenta con 706, 25 kilómetros de costa, en la cual se han detectado mil 379 viviendas y 219 instalaciones estatales ubicadas sobre la duna (formación convexa constituida por arena), la berma (zona más plana de la arena) o próximas al acantilado.
Todavía hay quienes se atreven a “correr con los gastos” si un evento meteorológico destruyera sus posesiones. Pero más allá de la restitución de los daños materiales, hay una explicación científica y un objetivo común: “Cuando ocurre una tormenta, el mar debe recorrer toda la cara de la playa para poder disipar su energía. Si encuentra una edificación que obstruye el proceso, se crea una turbulencia, que provoca la destrucción de las instalaciones y de la propia playa.
“Si esta contara con los arbustos propios del lugar, cuando el viento soplara, la arena quedaría protegida entre ese estrato arbustivo, evitándose la erosión, y la marejada consumiría su energía abatiendo las hojas, los gajos. Si la cara de la playa es amplia y las dunas y la berma no están ocupadas por instalaciones, el mar no produciría daños tan
significativos en la zona costera”, explica Ridel Rodríguez, experto en costas y playas y jefe de la Unidad de Investigaciones Costeras del CITMA.


Intrigados sobre el destino final de los recursos salvables y los escombros, encontramos varias opciones: “Recuperamos los techos de zinc, el de canalón, muebles sanitarios, carpintería y la parte eléctrica, los cuales pueden reutilizarse”, explicó Danilo Ajo, director de la Unidad Empresarial de Base de la Empresa Constructora de Obras del Poder Popular.
En el Centro de Producción de Materiales de ese organismo en el municipio de Rafael Freyre, se clasifican los materiales, se sacan los bloques, losas y hormigón, y se produce granito de arena y el polvo, con los cuales se vuelven a hacer los bloques. Según Rolando Aguilera, jefe de producción, de un solo carro lleno de escombros resultaron 474 bloques que podrán usarse en el programa inversionista de la vivienda.


Sin embargo, el reordenamiento no solo incluye movimiento de edificaciones. “Eliminamos las cercas de cardona, retiramos 48 tráileres y cinco contenedores que estaban en la zona de protección y reacomodamos a 52 trabajadores por cuenta propia que tenían los kioscos en la berma”, dijo Yamisela Morfe, Vicepresidenta para la Construcción, del Consejo de la Administración Municipal de “Freyre”.
Además, se ha reforestado parte de la zona costera con uva caleta. En este sentido, Ridel Rodríguez explica: “Se trata de reconstruir el ecosistema con especies que existieron antes, porque están adaptadas para sobrevivir en ese ambiente y pueden retener la arena de la zona costera”.
El reordenamiento de los litorales no es resultado de la idea loca de algún científico catastrofista. Por eso, los organismos estatales han dado los primeros pasos. Pero el proceso de recuperación de esos ecosistemas no será a corto plazo y requiere de la sensibilidad ambiental de todos. Harán falta recursos y años para que las playas vuelvan a poseer la riqueza que la mano del hombre les quitó.
La preocupación por la supervivencia humana en el presente y el futuro, así como la preservación de nuestros recursos naturales, son las piezas más importantes de este ajedrez, donde el hombre ha de pensar cada movimiento en serio, porque en ello le va la vida.

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