El maravilloso viaje de las sandalias negras

 

De lo que sucedió sin previo aviso, con una sandalia holguinera en el malecón de Cienfuegos

Desandando la ciudad, antes del suceso

Por Liudmila Peña Herrera

Conocían la geografía. Habían andado y desandado el camino dos veces en un mismo día y, cansadas de tanta energía empleada, decidieron sacar banderita blanca y rendirse. ¡Qué digo rendirse! Se aliaron entre sí y se amotinaron: una, a la vanguardia, se lanzaría ¿de cabeza?, contra las olas. La otra trataría de calmar los ánimos hasta que fuera lanzada “con desdén al mar un día”. Así, ¡cataplún!, perdí uno de mis zapatos frente al tranquilo malecón de Cienfuegos, donde un grupo de blogueros de la Isla compartíamos causas, azares, promesas y ron cubano.

Abdiel y Camarero en busca de la sandalia antes que nazca el día

Abdiel, dueño de Misión Cuba, montó en cólera, no porque las sandalias estuviesen lindísimas, sino pensando cuánto costaría reponerlas. Arnaldo, el papá de Revolución, apostó por tirarse al agua y acabar con el motín, mientras que Camarero y Carlos (El café de Nicanor y Crono Melián, respectivamente) lucharon con una hoja de palma en medio de la noche, hasta que la muy traviesa logró hundirse en las aguas marinas. Las chicas Dianet, Karina y Chely (Cuba en letras, Espacio libre y Holguineros, respectivamente) ni temblaron, aunque debe decirse, para hacer honor a la verdad, que @chelycaleydos juró tirarse en busca de la suya si un desacato así le ocurría con algún incauto de sus zapatos. Un hombre, bajo los efectos de alguna sustancia etílica forzó mar y tierra, pero la porfía de mi “chancleta” pudo más.

Al final, como todo cuento de hadas, dos héroes disfrazados de blogueros (Arnaldo y Carlos), junto a otros cuantos más, se lanzaron, sin que alcanzara a amanecer, en busca de la princesa-sandalia y la sacaron de las fauces del mar, justo cuando yo me debatía entre tirar la otra, por si algún pescador suertudo encontraba el par, con lo cual estaría “regalando” al mar sustancias que tardarían años para degradarse, o quedarme con la descarada, hasta encontrar algún basurero digno de su calaña.

Esta es la historia de mi sandalia, que no le quitó el sueño a nadie, porque aunque con apenas un chasquido de dedos no hubiese encontrado otro par, por sucesos tan incómodos y pequeños nada mejor que suspirar y seguir adelante. Este grupete de blogueros fue en busca de diversión y justicia. Nada, ni sandalias perdidas, podrían apartarnos del camino.

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11 pensamientos en “El maravilloso viaje de las sandalias negras

  1. lamentablemente no llevamos cámara la mañana siguiente para que quedara testimonio gráfico del rescate… al otro día se metieron en la bahía cienfueguera arnaldo y carlos y fue el primero el que tuvo la suerte de recuperarla… dudábamos del compañero “sobre-etilizado” de la noche anterior pero lo cierto es que apareció donde él había dicho que se había hundido…

    • Así fue, camarero, aunque hay quien me reprende por no haber contado cómo otros me dieron aliento y se mantuvieron cerquita por si “estuvieras triste y levantarte el animo si hiciera falta”. Ese es el Rodo, pidiendo reconocimiento. Y se lo doy, claro que sí. Siempre encontró un buen chiste con esos fines :). Abrazos, Camarero. Un placer tenerte por acá.

      • rodo no pudo estar en el rescate del día siguiente porque duerme la mañana, tal como quedó evidenciado en el nicho al ser el último en descorrer la cremallera… para los malpensados: me refiero a la cremallera de la tienda de campaña…

  2. Pingback: El Nicho: epílogo « Espacio libre

  3. Liu, de verdad que me hubiera tirado al instante si una de las mías se cae, o hubiera tirado a Carlos de cabeza, una de dos, jajajaja besote, y qué bueno que aparecieron, porque están preciosas, y además, no te merecías andar en chancletas el resto del viaje.

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