CELEBRACIÓN DEL AHORA

El 19 de noviembre de 1962 salió por primera vez el diario ¡ahora!, de Holguín. A 50 años de su creación, generaciones diferentes se encuentran para conocerse y compartir experiencias y anécdotas

Por Liudmila Peña Herrera

Como quien lee una novela comenzando por el final, por la indescriptible agonía de no conocer el desenlace hasta trasponer el umbral de tantas páginas, poco a poco fueron llegando sus nombres y sus letras. Desde el presente, buscaba el pasado mientras el papel, envejecido soporte de 50 años de aventuras y desventuras, dejaba las huellas de la tinta negra en los dedos “intrusos”. Así, cada vez que necesitamos saber cómo fue el periodismo holguinero de ayer, nos vamos corriendo al Archivo de nuestra Casa Editora, actual reino de María Elena, lugar sagrado donde permanece la historia del pueblo contada por la prensa.

Alguna que otra vez nos habríamos cruzado en los pasillos del periódico, pero las generaciones distintas y distantes se saludaban con respeto sin conocerse. “Ahora”, este adverbio de tiempo que ha marcado la misma hora en épocas distintas, nos jugaba la mala pasada. Por eso, los miembros de la Redacción de ahora nos juntamos con los del ¡ahora! de ayer para compartir anécdotas y esperanzas. 

Fotos: Javier Mola

Así, los primeros tiempos del diario, desde su fundación, aquel lunes 19 de noviembre de 1962, fueron contados por sus protagonistas. “Cuando terminé mis estudios sobre Poligrafía en la Unión Soviética, vine a trabajar para Holguín y me tocó hacer la traducción completa del proyecto del periódico, o sea, del Poligráfico donde se iba a construir”, rememora Mayra Romero, especialista poligráfica, mientras sus compañeros comentan lo bien que cantaba los tangos y un destello ilumina sus ojos claros.

“Todos estábamos tan flacos -exclama Marlene González, mientras el auditorio ríe y cada uno empieza a contar travesuras de los niños grandes que fueron.

Poco a poco van saliendo las palabras, como en un torrente de recuerdos. Algunos, como el primer Froilán Parra que tuvo el ¡ahora! (porque su hijo de igual nombre coincidió en los pasillos del Poligráfico con su padre) contó cómo se convirtió, de vendedor ambulante de periódicos, como el Prensa Libre, en “hacedor” de esta publicación.

“Había que cumplir con muchas tareas, como la caña o las Milicias, pero también debíamos hacer el periódico y hacerlo bien. Por eso, fue necesario educarnos. Cuando triunfó la Revolución yo tenía tercer grado y después logré ser Bachiller”, asegura. 

Las palabras van desempolvando la memoria. Sentados al final del salón, cinco o seis antiguos colegas no pueden resistirse y arman su propia tertulia, mientras les llega el turno de contar sus historias. Parecen jovenzuelos traviesos. Y no se callan, aunque algún intruso les hace señas reprobatorias.

En tanto, la periodista Haydeé Vigo recuerda cómo llegó al diario ¡ahora! y de cuando ganó un bono por haber cortado 200 arrobas de caña. Alguien la mira, comprueba que está emocionada y le pide que no llore. “¡Esta mujer de lágrima fácil, que lloraba por cualquier cosa!”, dicen. Ella sonríe y se anima a compartir una de sus experiencias más difíciles: “Un día me piden que vaya al hospital a hacer un reportaje. Había ocurrido un accidente, en el cual se quemaba una guagua y el chofer, para salvarla, expuso su vida y sufrió graves quemaduras. Cuando lo vi, sufrí una impresión terrible: parecía una momia egipcia. Pero yo hice el trabajo, porque aquella era mi misión, aunque no fue nada fácil”. Chistes, risas, sonrojos… La alegría por volverse a encontrar es más fuerte que las contradicciones que pudieron haber afrontado en el pasado. Todos coinciden en el compañerismo y el intercambio de conocimientos que ocurría cada vez que llegaba la noche y el cierre apremiaba, en las visitas a la Redacción de personalidades de la cultura y la política, como Electa Arenal y Ramón Castro. “Parecía como si disfrutáramos hasta los problemas”, dice alguien.

Así, nos vamos enterando de la relación estrecha entre quienes creaban el periódico y los que hacían posible su circulación por las calles holguineras. “Una noche hubo muchos errores en los clichés, que eran como la fotografía de ahora, pero en metal. Entonces el Director me pidió que me quedara todas las noches a verificar que no hubiese errores en las páginas. Así lo hice por tres o cuatro años, pero después se decidió que cada periodista debía revisar todas las noches la calidad de su trabajo y, efectivamente, no ocurrió más”, cuenta el formatista Francisco Curbelo (Panchín).

En cambio, “Rafelito”, primer administrador del periódico, cuenta cómo pagó la novatada, por su desconocimiento acerca del funcionamiento de la publicación. “Un día se aparece Silvio Coquet muy preocupado y me dice: ‘Administrador, se me acabaron los huevos’ ¿Qué cosa?, pregunto. ‘Los huevos, se me acabaron los huevos’, repite muy tranquilo. Y yo, presintiendo que me jugaba una broma pesada, le respondo medio molesto: ¿Qué tengo yo que ver con eso? No sabía que Silvio necesitaba huevos para la fórmula de los clichés. Por poco se arma un problema”, dice y todos se echan a reír.

El ¡ahora! de ayer se va fundiendo con el de hoy. La nueva generación calla y escucha, aunque a veces la sorprenden preguntando bajito “cómo se llama aquel hombre elegante de la camisa azul” o “quién es aquella señora tan callada”.

Marlene tiene que irse, pero antes cuenta: “Oye amiga nació en 1989 y desde entonces ha resuelto muchos problemas: se han reconciliado matrimonios, pero también ha propiciado que mujeres maltratadas se den cuenta y salgan de relaciones que las dañan. Por eso, aun después de jubilada, me niego a dejar de  escribir”.

Las primeras erratas, los descuidos… así recuerdan algunos sinsabores de la prensa de la época. Dalivia Concepción, antigua correctora, rememora uno de los errores más graves que salió en el periódico. “Había venido la embajadora de Austria. Ya teníamos una fotografía escogida, pero decidieron cambiarla y en el pie de foto aparecieron los nombres trocados: donde debía ir el de la embajadora, salió el de un productor de leche y viceversa. Aquello fue un escándalo horrible”.

Pero en la historia del ¡ahora! hay un momento que no debe obviarse: el paso de diario a semanario, durante los años austeros del Período Especial. “En el ’94 no podíamos salir con ocho páginas, por lo que deciden que saliera de forma quincenal, comenta Rodobaldo Martínez, quien guiaba la publicación durante ese período. Entonces propusimos quedarnos al menos con cuatro páginas y salir con una frecuencia semanal. Después no había forma de ponerle color. Entonces, con la cooperación de los compañeros del Poligráfico, logramos añadirle rojo a la primera y la última páginas, en un tiempo en que Granma salía en blanco y negro”.

La transición de la época analógica a la digital, la creación del sitio en Internet Ahoraweb, el nacimiento del Ciberdiario… demasiados acontecimientos como para poder contarlos todos. “Ya sé cómo encontrarlos para reunirnos otra vez”, les dice a los fundadores Aracelys, la presidenta de la UPEC en el ¡ahora!.

Así, como cuando los niños arman un rompecabezas, reconstruimos parte de estos 50 años de trabajo incesante y comprometido. Quizá faltó contar la historia del lector que llama cada vez que no entiende una palabra; o los mensajes electrónicos de otros, desafiantes o halagadores, según el texto al que se refieran; o la envidia por no conocer la experiencia de trabajar en un diario, a no ser en casos excepcionales como los eventos meteorológicos.

El ¡ahora! de hoy es el mismo y a la vez, diferente. Unos van y otros vienen, pero prevalece el amor desmesurado por la información y la palabra impresa, que nació en el instante mismo en que alguien tecleaba la primera palabra: “Ahora”.

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4 pensamientos en “CELEBRACIÓN DEL AHORA

    • Muchas gracias, Hilda. Yo creo que cada época ha sido diferente y ha tenido jóvenes muy buenos y también hombres y mujeres bien experimentados que saben aprovechar las ganas de hacer de los otros para guiarlos por el buen camino. Un abrazo inmenso.

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