¿Tiempos de tolerancia?

Por Liudmila Peña Herrera
Una amiga me contó hace poco lo mal que se sintió durante sus años de preuniversitario y universidad y yo no entendí nada. Con todos los éxitos que obtuvo, no podía comprender que la hubiese pasado mal y que, para colmo, nunca hubiese dicho ni una palabra.
“Es que yo era un bicho rarísimo”, me dijo. ¿Bicho raro?, pregunté. Y ella se puso a explicar que mientras todas sus compañeras habían tenido relaciones sexuales, faltaban a clases porque la diversión de la noche anterior se había extendido hasta la madrugada, de vez en cuando se jugaban una mala broma con los profesores y decían mentiras a diestra y siniestra, a ella le decían “la santita”, “mojigata”, se burlaban y la ignoraban porque no se parecía al resto del grupo.

Entonces recordé mi infancia, cuando mis padres me arrancaban los libros de las manos y me obligaban a hacer cualquier otra actividad, porque “aquello de tanta lectura no era normal”. ¡Y a mí que no me interesaban los muñequitos!
Pero esto de la tolerancia es mucho más complejo, porque la palabra, en sí misma, guarda sus trampas. De un lado, se enarbolan banderas en pos del respeto a la individualidad y a las decisiones de cada persona. Así, hoy se intenta generalizar el respeto hacia los seres humanos, no importa su color de la piel, su preferencia sexual, creencia religiosa, si es hombre o mujer, su condición social… Se habla de que discriminar a alguien por alguna de estas razones es dividir al género humano.
Pero, al mismo tiempo, muchos se resguardan bajo la supuesta tolerancia para “hacer y deshacer” a su antojo sin que nadie le señale porque “estos son tiempos de tolerancia”, se defienden. Y es que hay hechos y actitudes que no pueden tolerarse. Preguntémonos: ¿hasta qué punto aceptaríamos a un hombre o una mujer violentos? ¿Estaríamos dispuestos a admitir la desvergüenza, la falta de honestidad, la mentira, el robo, la chapucería… bajo el argumento de que “yo soy así y debes respetarme”? Es bien complejo, ¿verdad?


Dicen que los jóvenes de hoy son menos prejuiciosos, más incluyentes y, por tanto, también más tolerantes. Y yo me pregunto, ¿qué es lo que toleran los jóvenes? ¿Aceptan las diferencias, las comprenden y hasta las asumen, o más bien, aprueban actitudes incorrectas bajo la confusión de esta palabra? No me atrevería a ser tan absoluta, porque ciertamente, entre jóvenes y adultos, la problemática está bien generalizada. No creo que sea una cuestión de edades.
La tolerancia es un concepto bien difícil de entender y mucho más difícil de aplicar. Porque siempre estará la frontera del derecho de cada quien a expresar su personalidad, sentimientos, temores y pasiones; y, al mismo tiempo, habrá quienes quieran imponer sus malos hábitos y actitudes para que sean “tolerados”.
Yo, por supuesto, siempre he optado por la tolerancia, aunque a veces me sorprenda reprendiendo o censurando hechos y actitudes de otros. Entonces recuerdo las palabras de alguien muy especial, mucho más comprensivo y tolerante que yo: “No seas tan dura, no lo midas todo con la medida que usas para ti”, me decía.


No todo puede verse a través del mismo prisma. A veces, como decía un ser mágico, “lo esencial es invisible a los ojos” y otras veces, por desgracia, lo mal hecho resalta tanto que si no movemos la cabeza, es capaz de enceguecernos. Buscar la justa medida de las cosas es sin dudas el camino hacia la tolerancia y por qué no, de la sabiduría.

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2 pensamientos en “¿Tiempos de tolerancia?

  1. Muy bueno tu artículo, pero no me gusta la palabra tolerancia, como tú dices tiene trampa, me suena a algo que no entiendes y lo dejas pasar, lo ignoras, convives con eso porque no te queda otro remedio, mejor usaría en su lugar palabras como: comprender, identificarme, respetar, compartir, solidarizarme, enmendar, ayudar, creo que el tolerado se sentiría mejor, saliendo de ese concepto y sintiéndose mas cercano desde su diversidad, no crees.
    Gracias Liudmila, te dejo este comentario para darte apoyo desde el mejor ánimo, para ti y tus lectores, porque creo en el mejoramiento humano como nos enseño JM. Te sigo en twiter y ya puse tu blog en mis favoritos. Búscame @cyberpensador

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