¿El hombre tecnológico?

Foto: Javier Mola

Foto: Javier Mola

Por Liudmila Peña Herrera
De pequeña solía pasarme horas enteras frente al televisor devorando cuanto programa transmitieran. No importaba que fuesen infantiles, musicales, humorísticos… ¡Hasta para Escriba y Lea, un programa informativo-didáctico para adultos, era yo una televidente fija! Me interesaba todo y permanecía, como decía mi abuela, “lela frente a aquella pantalla”. Podían llamarme a gritos, que yo no respondía. Creo que no escuchaba, porque eso de “hacerse el sueco” no iba en mi casa.
Parece que eran los primeros síntomas de lo que hoy me atrevo a llamar el “síndrome del aislamiento por tecnología”. ¡Y eso que dependía de lo que trasmitiera la Televisión Cubana que, a veces, no es de lo más atractivo!
Pero las tecnologías continuamente han llamado la atención, sobre todo, de los más jóvenes. Es como si nos regalasen un juguete nuevo que creara adicción. Un mensaje causaba sensación en la red social Facebook en los últimos días con el siguiente fragmento: “Si continuamente usted tiene la necesidad de revisar el móvil, consultar el correo electrónico o ver sus actualizaciones de Twitter u otra red social en Internet… no está padeciendo más que de una adicción a este tipo de inventos”, decía. Y aunque es cierto que no son muchos los que accedemos a ese servicio en Cuba, otros inventos tecnológicos se roban el show en nuestro contexto. Ahora están de moda los SMS para comunicarnos, enamorar o hasta para entablar una relación amistosa y si usted no es muy hábil puede que no entienda ni una sola palabra. Porque en el afán de ahorrar caracteres, un engendro de idioma va apareciendo entre nosotros. Uniones de términos, errores ortográficos, mezcla de idiomas extranjeros… Una locura sintáctica que, sin embargo, quienes la utilizan, la dominan a la perfección. Y yo me pregunto: ¿se gana o se pierde con este fenómeno en materia de comunicación?
A veces, yo misma me sorprendo dudando con qué escribir cierta palabra, porque de tanto acortar o suprimir perdemos la costumbre de ser exquisitos en lo que escribimos.
Sin embargo, otra secuela nos van dejando las nuevas tecnologías. Sí, el hecho del aislamiento, de la escasa necesidad de compartir con amigos, con la familia, porque la adicción de los jueguitos electrónicos, los reproductores de audio o video, las computadoras y todos esos inventos similares están logrando que muchos jóvenes se creen un mundo virtual del cual no quieren salir.
A veces hasta descuidan deberes escolares, no atienden a los padres y en los recesos solo conversan con los compañeros que pueden hablar el mismo lenguaje ¿“electrónico”? o tienen las últimas versiones de esta serie o aquel juego.
La vida, en el siglo XXI, cambia. Ya no somos los mismos jóvenes que en los ’60 creían que el mundo giraba alrededor de los Beatles o los que vieron nacer una Revolución única en el mundo. Estos son otros tiempos donde los jóvenes, igual de rebeldes y emprendedores, se adecuan a sus circunstancias. Pero no podemos renunciar, aunque se invente la mejor máquina del tiempo, el aparato más extraordinario y nunca antes visto, que la esencia del género humano está en los sentimientos que nos mueven y la capacidad de comunicarnos como los seres sociales que somos. Eso es lo que no podemos dejar escapar porque solo entonces, las máquinas superarían lo más grandioso del hombre.

 

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