¿Simbolismo pernicioso?

Foto: Leandro Pérez Pérez

Por Liudmila Peña Herrera

Aquello había sido una sorpresa: después de mirar tanto a través de las vidrieras de Artex los pulóvers con la imagen del Che, por fin tenía entre mis manos aquella prenda blanquísima con el hombre que más he admirado en la vida. No era mi talla: casi otra como yo cabía en él, pero no importaba, porque la magia de mi costurera se encargaría de los ajustes.

Ah, pero llegó él, pidiendo con esos ojillos a los que no sé decir que no y le regalé el pulóver. “Quisiera llevármelo cuando me vaya para que todo el mundo sepa a la legua que soy cubano”, me dijo. Y ya no me dolió tanto desprenderme del primer pulóver del Che que tenía, porque ese símbolo de lucha y justicia se iría a otras tierras representando el orgullo de ser de Cuba.

Foto: Kaloian Santos

Después me he tropezado en la calle con otras muchachas y muchachos que lo llevan en el pecho, a la espalda, prendido en la cabellera… Aunque también he visto otros que anuncian desde su vestuario simbologías extrañas y diferentes. Conozco algunas: el símbolo de la paz, de equipos de fútbol, de pelota, banderas extranjeras, escudos e identificaciones de hoteles, publicidad de productos extranjeros…

En fin, todo un conjunto de formas y colores que no siempre el portador entiende. A veces, ¡hasta frases en idiomas extraños vamos mostrando a todos sin saber si son ofensas las que llevamos con nosotros caminando por las calles!

Foto: Tomada de Internet

Es la globalización, no hay más que hablar”, dicen algunos. “¿Qué globalización de qué? Yo me visto con lo que me regalan”, dice otro. Y una muchacha pausada añade: “Pero a mí aunque me regalen cien camisetas que digan SEXI o PLAYBOY no me pongo ni una, porque no quiero vestirme como si llevara en la frente algo así como: Mírame como sexy que no soy nada mejor”.

Entonces es cuando me pongo a pensar qué estará pasando con los cubanos para que llevemos casi con más orgullo un símbolo extranjero que uno nacional. ¿Por qué extraña coincidencia hay tantos jóvenes interesados en vestirse como extranjeros que parecerse un poco a sus abuelos? ¿Por qué veo yo en la calle más prendas con banderas de Brasil, Inglaterra y Estados Unidos que cubanas? ¿Será desarraigo o desaciertos de las políticas nacionales con lo que a la industria vinculada con el asunto respecta?

Foto: Tomada de Cubahora

Ya sabemos de los precios de Artex. Elevadísimos para un joven de hoy. Está claro que las guayaberas cuestan un ojo y… ya usted sabe. Es verdad que los tejidos también encarecen. Pero vuelvo a preguntar: ¿es que estas producciones están pensadas solo para el extranjero que visita Cuba y las ve como souvenirs? ¿Por qué no encontramos a precios asequibles nuevos modelos de guayaberas para hombres y mujeres? ¿Por qué se va perdiendo el gusto en los más jóvenes, incluso niños, por las prendas tejidas?

Foto: Liudmila Peña

Foto: Liudmila Peña

Por suerte, también puedo hablar de quienes visten orgullosos las que identifican a sus equipos favoritos del béisbol nacional. O de quienes guardan con celo sus pulóveres del Primero de Mayo o el 26 de Julio para fechas significativas. Y hasta conozco a otra muchacha que convirtió un inmenso pulóver con la imagen de los Cinco en una camiseta modernísma en la no se perdía ese mensaje de libertad que tenía la prenda original. Vaya, una alternativa creadora de hacer más atractivos estos símbolos, lo cual indica, sin dudas, que muchas cosas fallan hoy en el marketing y la industria ligera del país para conservar nuestra identidad desde el vestir de los adolescentes y jóvenes.

Foto: Kaloian Santos

Parece un tema sencillo. Pero deténgase a observar cuántos de sus vecinos o familiares andan con manillas o con tennis hasta las rodillas, con mallas, o con cualquier otro accesorio que los hace ver como importados. Y no hablo de símbolos que hagan referencias a temas políticos o luchas sociales. Pero se trata de la nacionalidad, de lo que nos hace cubanos, desde la cultura, el deporte, la economía, la historia y también, por qué no, la política.

Ah, y que quede claro, no propongo una batalla campal contra los símbolos extranjeros, sino de potenciar los nuestros. Justo es, y ya va siendo hora, en el preciso instante en el que el país se mira a sí mismo por dentro, de valorar estos asuntos y proponer alternativas. Los símbolos han de ser nuestros aliados en la búsqueda y realce de la identidad nacional.

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2 pensamientos en “¿Simbolismo pernicioso?

  1. Con los símbolos hemos crecido desde chiquiticos. Con los cubanos, digo. Y tiempo atrás era casi violatorio llevar encima una prenda que no fuera “nacional”. Yo mismo dije mil veces que jamás me pondría una bandera estadounidense en ninguna parte. Jamás la cosería a mis andares. Cuestión de patriotismo a ultranza, o qué sé yo, pero es una promesa que he cumplido siempre, al pie de la letra, como un mandato del corazón. La culpa, en parte, como bien señalas, la tiene la industria nacional, que no potencia el patriotismo desde lo textil, lo artesanal, lo “vendible”. Una vez hablé en TV sobre ese tema. Y no sé si fue bien visto, pero algún efecto surtió, solo que no del modo en que hubiese querido. Pero la culpa también es del miedo. Y el miedo engendra cierta predisposición, sobre todo entre los jóvenes… Hay cosas que no necesitan explicación. Sueño con tener una bandera -mi bandera- en mi casa, no tan grande, y que no me cueste lo que no puedo pagar. Sueño con ver lo que nos identifica más allá de marchas y desfiles. Ah, y perdona por lo del pulóver. Llevo al Che que me diste con orgullo, y así también te llevo a ti. Me entiendes? Te amo.

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