Holguín, ¿la tierra más hermosa?

Fotos: Elder Leyva

Fotos: Elder Leyva

Liudmila Peña Herrera

No hay que intimar demasiado con el holguinero para darse cuenta de que cada uno de ellos vive orgulloso de su tierra, porque es un sentimiento que se respira en el aire, que se nota en sus gestos, en cada defensa a ultranza que realizan cuando emergen comparaciones inevitables con otros territorios del país sobre aspectos de la vida cotidiana.

Yo que apenas soy una más entre los tantos hijos adoptivos de esta tierra, no puedo explicar cuándo comenzó a gestarse este amor por las auténticas calles rectísimas, los amplios parques, la manera distintiva de expresión popular y otras tantas riquezas que guarda esta zona del oriente del país.

No puedo recordarme soñando mi primer amor entretenida en alguna calle de la ciudad, ni atesora mi infancia alguna morada inolvidable donde impulsé mis primeros pasos. No fue Holguín la cuna que meció mis primeros sueños.

ciudad Holguín

Pero quizá fue por allá, por los enérgicos e indescriptibles años 90, cuando comenzara, sin saberlo aún, a admirar la ciudad cubana de los parques. Quizá la culpa haya sido de mi padre, que me montaba en su karpati y surcábamos juntos las sinuosas lomas que separan el poblado de Uñas, del de Aguas Claras, para hacer nuestra última escala en el Parque Calixto García. Tendría yo unos 10 años y, parada en la esquina de la Luz de Yara, aquel parque me parecía interminable y la ciudad un hormiguero de gente, donde podría perderme sin posibilidad de retorno. Por eso quedaba quieta, a la espera de mi padre. Y otra vez nos montábamos en aquel motorcito, para que yo, camino a casa, admirara la limpieza de las calles y dijera adiós a la gente muy bien educada de la inmensa ciudad de Holguín.

Ahora, a unos cuantos años de por medio y luego de haber sostenido verdaderas disputas con mis compañeros de aula de la Universidad acerca de en qué territorio se habla mejor el Español, cuál posee mayor desarrollo económico, cuál tiene mayores ínfulas de ciudad, entre otros acápites que tocábamos de vez en cuando los aprendices de periodistas, entiendo a mis amigos holguineros cuando defendían el arte, el desarrollo turístico, la educación, la urbanística y otros tantos aspectos de Holguín.

Ahora que he transito por sus calles y vivo entre su gente, me precio de contar lo hermosa que es una puesta de sol desde la Loma de la Cruz, admiro la voluntad de este pueblo por lograr ser el primero en todo lo bueno que humanamente pueda ocurrírseles, disfruto sus bellas edificaciones y me preocupo por las que están a punto del olvido, repudio a quienes ofenden su grandeza con gestos que la desvalorizan y trato de ser para ella alguien que le aporta y jamás le resta.

Loma de la Cruz

Muchos dicen que este es el lugar de Cuba donde se encuentran las mujeres más hermosas; otros cuentan haber entrado por primera vez a un teatro gracias a las puestas en escena del Eddy Suñol o haberse tomado el más barato de los cafés en una sala única en el mundo por su originalidad. Vaya, que son muchos los enamorados de esta tierra.

A mí, por suerte, el amor me ha obligado a echar raíces en Holguín, aunque, por supuesto, jamás sería capaz de renunciar a mi condición de puertopadrense eterna. Para mí esta también pudiese ser la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto, aunque, lo confieso, le falta el mar para enamorarme por completo.

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