GIBARA EN EL MONCADA

Armelio Ferraz Pellicer

Por Liudmila Peña Herrera

Santiago de Cuba, 26 de julio de 1953. Domingo. Tocan a la puerta. Preguntan. No es aquella la casa. Siguen. Con un poco de suerte la encuentran. Abre la prima Teresa medio somnolienta aún y los hace entrar.

A lo lejos se habían escuchado fuegos artificiales. ¿O serían disparos? A poca gente se le ocurre: lo más natural es que en medio de carnavales haya colores explotando en el aire, no “soldados que se fajen en el Moncada”. Dos de los Ferraz Pellicer explican a la prima algunas cuestiones; no todas, claro. Ella teme y no los deja salir a la calle.

Alejandro Ferraz Pellicer

Atrás ha quedado Alejandro, el menor de los tres de esa familia gibareña que se enroló en las acciones. Los otros ven cómo cae el hermano bajo el fuego de la ametralladora enemiga, pero la orden es retroceder y después de varias escaramuzas logran escapar. La prima llora. Santiago hierve.

Mientras, Alejandro, quien simplemente se había arrojado del carro cuando presintió los disparos, ya se aleja del cuartel; sano, mas no salvo aún. Mientras camina por la calle Garzón va quitándose poco a poco el uniforme del cuerpo de militares batistianos y lo va arrojando a donde puede. Suerte que aquel le había quedado grande y la sugerencia de una de las compañeras de acción casi le salvaba la vida: “Déjate ropa por debajo para que te ajuste mejor”, le había dicho.

Solo tenía cinco centavos en el bolsillo, no tenía con qué irme para la Granjita. Me acordé de mi prima, que vivía frente al diario Cuba, atrás de la joyería de su propiedad. Iba tranquilo, buscando el parque Céspedes. Vi la casa y toqué. Imagínate la alegría…”, contó Alejandro muchos años después a un periodista de Bohemia.

Antonio Ferraz Pellicer

Después, como antes de los sucesos de 1953, los tres hermanos continuarían la lucha por el mejoramiento de la Patria. Vendrían acciones clandestinas, exilio y apoyo a la revolución desde el exterior, el regreso a Cuba y la contribución a su nacimiento y desarrollo como nación independiente… Estaba en su sangre, aporte del padre, Juan Ferrás González, mambí de la gesta independentista y luchador de la “Guerrita de Gibara”, en 1931, la oposición a la injusticia.

Habían formado parte de la Joven Cuba, siguieron los ideales de Guiteras, desde su pueblo natal o desde la capital, donde se habían radicado en busca de mejorías. Actuaron a veces siguiendo órdenes y otras por intuición propia; pero cuando escucharon los planes de Fidel para una nación más justa, decidieron que allí estaba el líder que buscaban. Por eso, sin pensar demasiado en la muerte, con la juventud ardiéndole en las venas, abandonaron el hogar y se fueron en busca de la libertad.

A 60 años de aquellas heroicas acciones, el reto de los cubanos de hoy es no permitir que la modernidad, el ajetreo y la lucha por el mejoramiento material los suman en el olvido. El reto de los maestros de hoy es mirar en el pasado, buscar en la historia de la localidad la respuesta a nuestro presente. Porque la Revolución que tanto conmocionó al mundo también la debemos a esos héroes modestos que en cada pedacito de Cuba arriesgaron su juventud para devolver el derecho de vivir en igualdad a todos los seres humanos.

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