La soledad… o cómo nacen las perlas

Foto: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

A veces, cuando los días son muy extraños, muy grises, muy tristes, me pregunto cómo será la vida de una ostra. Así, toda encerrada en la oscuridad de unas paredes solitarias, guardando un tesoro que casi nadie ve, o casi nadie aprecia. Supongo que la posibilidad de ver nacer la perla, de protegerle en el interior de esas compuertas clausuradas, es su mayor tesoro. O al menos, eso he imaginado desde niña.

Pero cuánto silencio habrá dentro de esa ostra que ni una perla guarda. Vacía de belleza, según las convenciones de algunos. Jamás he visto una perla verdadera. Ni estoy enterada siquiera de cuánto vale algo como ellas. Pero ¿y si cerrara las ventanas, las puertas, las rendijas? ¿si apagara el teléfono, el televisor, las luces? ¿si intentara no escuchar los ruidos de la calle, ni las llamadas de los vecinos, ni las dudas de mis propios pensamientos?

Si me alejara de todo lo humanamente posible, ¿podré saber cómo nace una perla? Quizá después  pueda contarlo.

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3 pensamientos en “La soledad… o cómo nacen las perlas

  1. Prefiero el botón de una flor o la yema de una hoja rompiendo el tallo para salir. Pero ¡que tire la primera piedra! aquel que no haya querido, aunque sea una vez, sentirse como un ostra!. Gracias Liu…….

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