Fachas “Fashion”

Foto: Tomada de Cubadebate

Por Liudmila Peña Herrera

Se pasean por la ciudad con extrañas figuras entre los cabellos. Algunas semejan el mapa de calles estrechas y ríos finísimos que terminan un poco antes del cuello, como si el barbero hubiese plasmado su obra maestra cual pintor que se inspira en el realismo de las ciudades. Otros parecen más apegados al arte óptico, con extrañas composiciones que dan sensación de movimiento y vida. Nadie les llamaría “arte”, creo: todo el mundo lo entiende como “andar a la moda”.

Algunos los miran con desprecio, porque detestan todo lo diferente y extraño. “¡Excéntricos!”, dicen unos. “¡Banales!”, califican otros mientras desvían la mirada. Yo los persigo. Me gusta mirarlos. Descubrir los detalles de esa nueva forma de expresión, aun cuando mi modo de ser y de vestir sea tan distante del de ellos como lo son el agua del aceite.

Foto: Tomada de Internet

Es que soy una periodista curiosísima (dicen que eso también se enseña en la carrera). Me encantan hasta los detalles más sencillos, aunque daten de épocas pasadas. Y husmear en fotos y recuerdos viejos… ¡ni se diga! Por eso comprendo un poco algunos de esos “gritos”, a veces hasta “escándalos” de la moda. Porque no hay más que buscar en revistas antiguas o escuchar los cuentos de mi vecina Mercedes, para darnos cuenta de que en ese tipo de cuestiones siempre han existido transgresiones y novedades, según cada época y contexto social.

Esta vez me gustaría centrarme en la moda masculina, por aquello de que se ve mejor un fenómeno desde afuera. Y a mí, aunque no sea una “snobista” ni nada que se le parezca, también me ha tocado caer en las trampas de la industria de diseñadores y modistas. Así que hablemos de los hombres… y la moda, por supuesto.

Foto: Tomada de Internet

Para empezar, podríamos remontarnos a los tiempos de aquellos señores con el cabello todo engominado, de cuello y corbata y hasta con la leontina colgándole del bolsillo. ¡Quién los viera ahora!, ¿verdad?

Pero ha habido tantas modas cómicas y extrañas como la de los llamados pantalones de elefante, con unas patas anchísimas, tan anchas que ni me las imagino. O los pantalones estrechos en los muslos que abrían en una gran campana más abajo, hasta tapar los zapatos. O los bombacha, usados por el padre de mi vecina, o los tirantes prendidos del pantalón… ¿Y las camisas? Ah, pues de mangas largas, a cuadros o a listas, las cubanísimas guayaberas… Cuentan que del extranjero traían las llamadas Manhattan, aunque también se usaron las famosas “bacterias”, repletas de colores y hasta flores. ¡Quién viera a nuestros muchachos vestidos así ahora!

Ah y los zapatos: desde los de dos tonos, que datan de antes de 1959, hasta los botines, los de tacones, y unas polainas que se usaron por encima del pantalón para hacer creer que los zapatos eran mucho más altos.

De los peinados, ¡ni se diga! Había quien usaba el pelo bien corto, disciplinadamente acomodado a un costado, o el cabello larguísimo, o el famosísimo “spendrum”o una modalidad de lo que hoy llaman “bistec”, al costado y largo, aunque no tanto como ahora, ¿eh?. Dice “Merci” que había un corte al que le llamaban algo así como “pitipitipá”: corto delante y larguito atrás, usado mayoritariamente por los universitarios.

La moda cambia. ¡Que si cambia! Ahora se usan los pantalones muy estrechos y cortos, los pulóveres con cuello de V, con colores muy llamativos o letras y símbolos que nadie entiende. Los chicos se sacan las cejas, se peinan o despeinan, se tiñen o decoloran el cabello y se desrizan con tal de “pararse el pelo”. Y cuando miro las marcas y los colores de los calzoncillos de los muchachos de hoy, me quedo pensando si eso es moda o desfachatez. Al igual que el andar por la ciudad en chancletas o con pantalones y “shores” rotos, no porque no tengan otros, sino porque “hay que estar ‘en talla’”. Eso llama también mi atención, pero no por gracioso o interesante, sino porque muestra que algo diferente sucede al escoger la forma de vestir o des-vestirse para salir a la calle.

Si no son muy masculinos, parecen una ‘jevita’, con esos cuerpitos flaquitos vestidos como una mujer. Así son mi sobrino y sus amigos, que parecen unas viejas, con las ‘canillas’ afeitadas y los zapaticos de tela”, me dice un amigo y reafirma: “No me gusta, ¡no me gusta!”.

Ya vemos que en todos los tiempos ha habido estilos y tendencias, pero creo que más allá de lo que se usa en materia textil o de peinados, no deberíamos perder de vista que lo más importante es vernos bien y tener en cuenta la imagen que queremos proyectar en la sociedad. No se trata de hacer ver que en cuestión de moda todo tiempo pasado ha sido mejor, sino de reflexionar cómo se visten nuestros muchachos e intentar hacerlos comprender que una buena imagen vale más que mil palabras. Por lo menos, a primera vista.

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2 pensamientos en “Fachas “Fashion”

  1. Hay ciertas “fashion” que asustan. Quizá sea un poco tradicionalista en estas cosas, tal vez esté enchapado a la antigua, como a veces yo mismo creo, pero un pelado extraño no lo veo sobre mí, ni una marca de boxer por encima de mi cinto, con el pantalón como los elefantes sobre la tela de una araña… Pero bueno, cada perro con su collar, no? (salvando las distancias, claro). Hay gente que se ve bien, gente original. Y gente que parece de otra galaxia, rozando el borde la estupidez… Solo la salva que en el mundo, para que sea mundo, tiene que haber de todo. O eso dice la canción…

  2. Con los años me he dado cuenta que aunque uno no lo quiera también es presa de las modas, aunque las más larga que tenido es la moda la ropa que aparece: o sea la “ventiúnica” como aquel jean blanco que me compraron en 1996 por 4 dólares cuando cada uno valía 120 pesos y un par de tenis que un embajador chino le regaló a mi padre y con el cual salí todas las noches en por lo menos 6 años.
    Mi primo fue campeón de las “bacterias” en esa época jejejejeje.
    Hay peinados y pelados verdaderamente raros, y cada cual , digo yo, dice algo con la manera en la que se pela…

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