Coloquio de humanidad

Foto: Tomada del blog Cuba nos une

Por Liudmila Peña Herrera

Una vez le escuché decir a alguien que al ser humano pueden quitarle todas las riquezas, todos los placeres; pueden incluso, usurparles su libertad, pero jamás podrán robarle la esperanza. Ahora mismo, por más que lo intento, no logro recordar al autor de una idea tan verdadera como universal. Pero se me antoja pensar en cinco hombres cubanos que han vivido tres lustros trazando mariposas, respondiendo cartas de amistad provenientes de lugares recónditos y desconocidos, soñando poemas y luchando por un futuro de reencuentros en libertad.

Ciertamente, desde que el ser humano descubrió su propia capacidad de traducir todo lo que veían sus ojos al lenguaje del corazón, el hombre dejó de ser uno más dentro de la creación natural para convertirse en el ser más sensible y especial de los habitantes de la Tierra.

Por eso, que en Holguín se reúnan hombres y mujeres, jóvenes y ancianos de decenas de países del mundo para compartir ideas en pos de la justicia, es una muestra más de que esa fuerza superior que no cree en fronteras, obstáculos, amenazas y mentiras, trasciende el poder económico y hasta el político para manifestarse en nombre de la solidaridad.

Hoy el mundo está patas arriba. Lo dicen las fotografías, los noticiarios, los mensajes en Internet. La gente enfurece porque suben los precios, o falta comida, o quedó en bancarrota o no tiene trabajo. Hoy los cubanos también nos quejamos porque las dificultades agobian. Todos saben de memoria cuánto vale tal y más cual cosa, pero no todos aprecian el valor de una mano extendida buscando apoyo o brindándola.

Foto: Tomada del Blog Cuba nos une

Que haya un Coloquio por la libertad de cinco hombres (que no pueden ser cuatro porque uno no existe sin los otros), por el cese de la injusticia y porque termine el terrorismo, nos da esperanzas de que la humanidad aún conoce de sueños que crecen aunque no vean la luz del día, que la hermandad entre los pueblos aún puede salvarnos de la soledad, que aún la conciencia no es un laberinto sin salida para quienes no pueden permitir un acto de injusticia.

Hoy aquí, en una ciudad del oriente cubano, hay decenas de personas que no hablan la misma lengua ni creen todas en las mismas cosas, pero han decidido echar su suerte al lado de un pueblo que no desiste, a la par de mujeres ansiosas por abrigar al calor del hogar ese amor que la distancia no ha conseguido arrebatarles, junto a madres, hijos, hermanos… que envejecen a la espera de sus familiares amados. Esta lucha cubana e internacional por la libertad de los Cinco es una hermosa manera de mostrar que la humanidad no está perdida. 

 

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