Nostalgias de un día gris

Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Estos días grises de invierno se parecen a los de nuestra época de la Vocacional, cuando nos quedábamos de trasnochadores mientras hacíamos como si de verdad estudiáramos tanto. Hacía frío y con aquellas amplias y vetustas chaquetas azules (suertudo aquel al que le tocó su verdadera talla), corbatas y chalinas, parecíamos salidos de una peli antigua de colegios extranjeros.

Éramos dos o tres los que en mi aula nos quedábamos habla que te habla o lee que te lee casi hasta la media noche, cuando un poco sonámbulos nos íbamos desabrochando el uniforme escaleras arriba, rumbo a los albergues (o dormitorios, para que suene bonito), para demorar menos el salto al sueño profundo.

A veces llevábamos pomos con agua o cubos medio llenos (o medio vacíos, según se mire). Algunos dormían temprano, dueños de la filosofía de que la noche es para descansar y que en las pruebas siempre se aprueba.

Creo que los días nunca fueron aburridos en la vocacional. Después de estudiar de lunes a lunes, todo era divertimento. Desde cruzar la calle para cargar el agua en las épocas más cruentas de la sequía tunera, escaparnos a comprar paletas caseras, atarle los zapatos a la litera a Anabel, o colgarme los míos de la lámpara del dormitorio (esa vez fue Anabel la cabecilla), “ripiar” las películas cubanas en el cineclub inventado por nosotros, cazar palabras mal dichas para publicarlas en El Espectador (primer periódico estudiantil hijo de Mandy, que nos enamoró a unos cuantos) y otros muchos momentos que nunca olvidaremos de aquella primera libertad, lejos de casa.

Claro, estaba el jefe de internado, un tipo seriesón que parecía tener ojos y oídos en todas las esquinas y no nos permitía tener alimentos en los albergues y quería una disciplina mayor de la que le podíamos regalar. Al final, creo que dos o tres le tomaron cariño, sobre todo cuando se fue de la escuela.

Los viajes a la finca eran todo un acontecimiento, no para montar a caballo y respirar aire puro, sino para hacer de agricultores ¿pequeños? Y ahora que lo pienso bien, no sé cómo sería el riesgo beneficio: si de veras producíamos algo o acabábamos con los sembrados, porque de aquello no entendíamos ni un poco. Aunque siempre había algo que se salvaba…

Hay muchas cosas que se me antoja recordar en este día gris parecido a la nostalgia. Pero no tengo mucho tiempo: la vocacional está guardada en el recuerdo y el reloj me dice que si sigo soñando, me dan las tres y se me va la guagua. Mejor dejo algunas otras historias para luego. Digo, si Patricia no asalta mi blog, y las cuenta primero.

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2 pensamientos en “Nostalgias de un día gris

  1. Liu, espero sigas haciéndonos recordar aquellas cosas que quizas en ese momento no significaron tanto, pero que hoy son un tesoro memorable….ah y que conste…yo era de “la filosofía de que la noche se hizo para descansar” jajaja. Muy lindo y GRACIAS!!!!!!

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