VOLVER…

Foto: Tomada de Cubahora

Por Liudmila Peña Herrera

Me pregunto cuánto de extraño, de difícil y de hermoso ha de ser volver. Ver tu propia sombra reflejada en la misma tierra de la que una vez, hace años (y parecen milenios) te despediste; descubrir que ya no pasas desapercibido para nadie, que todos te siguen con los ojos y alguien se seca una lágrima. Quizá la realidad supere esa película de suspense en la que una vez te introdujiste.

Partir es duro, sobre todo cuando uno no sabe a ciencia cierta cuál será el día del retorno, ni en qué extraños vericuetos del destino te encontrará el futuro. Pero volver, después de tantos años de lejanías y nostalgias, de soledades compartidas y de una vida extraña -mitad propia y mitad imaginada-; añorando el amor y el despertar en casa… volver debe ser terriblemente hermoso.

Supongo que Fernando González Llort habrá preparado el corazón para tanto sentimiento. Lo pienso bien y no puedo imaginarlo: es difícil saber cómo aprehenderá cada detalle de esta Cuba infinitamente distinta.

Recuerdo las fotos de estos años de campaña por su liberación (la de los Cinco) y no consigo imaginar al hombre que hoy, por fin, está más cerca de concretar sus planes, truncos por una maldad histórica. No sé si preferirá las calles repletas de cubanos que ya no visten igual a aquellos años difíciles en que salió de Cuba; no sé si resistirá quedarse en casa, acurrucado en los encantos de un amor contenido y que habrá de explotar como estalla una flor; no sé qué sentirá un hombre cuando pise esta Isla transformada al calor de sus nuevas condiciones sociales y económicas: una Cuba diferente para un hombre que renunció a mirarla cotidianamente, para velar por su seguridad desde la “boca del lobo”.

Cumplió sus largos e injustos años de condena, por crímenes salidos de las falacias y el poder. Hizo más amigos de los que jamás imaginó, recorrió el mundo en carteles e imágenes sostenidas por hombres y mujeres convencidos de su grandeza y fue el héroe que miles de jóvenes hubiesen querido ser.

Pero aún despertará con la sensación de que algo falta, aunque la familia esté reunida, dispuesta al cariño y el arrullo; aunque René llegue acompañado de Olguita y hablen quizá de lo que nunca pensaron conversar. Hay tres historias que aún no completan la suya. Faltan el abrazo de Tony, Gerardo y Ramón. Sin ellos en Cuba, esto no acaba todavía. Fernando está en el camino de su libertad definitiva, pero aún no puede cambiarse las vestiduras de héroe, porque hay demasiada injusticia en el mundo para sentarse a descansar. 

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