Retrato de mujer

Fotos: Tomada de Internet

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Por Liudmila Peña Herrera

Había nacido para amar. Aquella joven a la que una vez confundieron con una virgen caída del cielo, mientras escapaba de la tiranía por el tejado de una morada santiaguera, había nacido para amar la sencillez de la gente de su pueblo y el sacrificio de la lucha.

Pero a los 28 años esa misma muchacha no conocía los sobresaltos del amor. Fue a descubrirlos entre el fuego y la metralla, allá donde la vida y la muerte no hallan la frontera entre el presente y el futuro. No era un príncipe azul como el de las bromas de los amigos a los que servía de chaperona y quienes temían que quedara soltera. No había soñado con aquellos ojos achinados que se enternecían mientras la escuchaba.

Él se acercaba, y ella, entre dudas. “Me preocupaba que pudiera hacerle daño a Raúl, pues todos se daban cuenta de lo que él sentía, pero yo no estaba segura”, contó a la periodista Nirma Acosta hace unos años.

¿Qué pasa?”, preguntó ella extrañada cuando sintió en su hombro la sien del muchacho. “Nosotros estamos enamorados”, respondió Raúl entonces y hoy no sabemos si ella sintió los nervios de aquella declaración o se mantuvo tan quieta como antes. Solo atinó a decir: “¿Y tú cómo lo sabes?”. “¡Ah! Pero, ¿tú no lo sabes?”, siguió él. “Yo no”, le ripostó la joven y los dos se echaron a reír. Fue su primera risa de pareja y el noviazgo antecedió la felicidad del Triunfo, el cual aprovecharon para casarse, apenas 25 días después.

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Pero antes de convertirse en Alicia, en Mónica o en Déborah (sus pseudónimos de luchadora clandestina y después de guerrillera), Vilma Lucila Espín Guillois iba creciendo en una familia que no carecía de recursos materiales. Cuna de oro le llaman algunos, pero asiento también de acendrados valores éticos, de donde aprendió la sensibilidad y la justicia humana con que condujo su vida.

Esa misma estirpe adinerada sirvió de “fachada” para engañar a la tiranía, que no descubrió en ella la imagen de la Revolución. Así sorteó la “conspiradora” numerosas dificultades, como cuando, elegante y segura, se dispuso a pasar por un control militar de carretera, mientras trasladaba a la mayoría de los 50 hombres que irían hacia el campamento de El Marabuzal, para unirse a los guerrilleros. “No la registres –dijo uno de los casquitos– esa es la rubia hija del ganadero Espín”.

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Vilma es una de las mujeres de esta Isla más conocidas en el mundo. Líder sensible que muchos evocan por el estremecimiento femenino que imprimió dentro de la Revolución. No recuerdo muy bien sus discursos ni su tono de voz. Me quedan cientos de artículos y fotografías que muestran instantes de su vida dedicada a la familia y al país. Mi memoria la dibuja como una señora de semblante generoso, delicada y bella como actriz de telenovela.

Pero Vilma fue más que una mujer elegante y hermosa. Estaba destinada al triunfo y al amor porque le interesaba conocerlo todo, participar en todo, ayudar en todo. Fue una de las pocas mujeres que se graduó como Ingeniera Química Industrial en la Universidad de Oriente, en 1954; capitana además del equipo de voleibol. Su voz no solo se alzaba contra una infamia: adoraba la música y su imagen de universitaria cantarina quedó inmortalizada como parte de la Coral de aquel centro de estudios. “Raúl dice que lo embrujé cantando”, aseguró alguna vez.

No puedo mirar a Vilma solo como heroína. Es verdad que fue temeraria, que “asaltó” el Moncada, luego del Asalto del 26, para ver a sus compañeros de lucha, como si no fueran asesinos sus captores, que se convirtió en guerrillera porque peligraba su vida en la ciudad; pero lo pienso mucho y también encuentro en ella a la joven entusiasta, a la novia, a la mujer que amó a sus hijos y a sus nietos como la mejor de las madres o las abuelas.

Ocheinta y cuatro abriles se cumplirán de su nacimiento el próximo día siete. Estoy segura de que habrá muchas ofrendas, mas yo prefiero rendirle homenaje con uno de los temas que adoraba cantar la guerrillera enamorada: “dame un beso y olvida que me has besado; yo te ofrezco la vida si me la pides; que si llego a besarte como he soñado ha de ser imposible que tú me olvides…”

 

 

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