LOS CÍRCULOS DE LA VIDA

Foto: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Yo pesaba casi menos que un comino y no me preocupaban las “grandes cosas” que ahora –si me hago la tonta– me quitan el sueño. No quería ser periodista (ni sabía lo que significaba el término). Lo mío era aprenderme de memoria un panfleto larguísimo para convertirme en panelista, o más bien en la jefa de los panelistas. Había algo así como un “casting” para moderadora del panel de mi Círculo Infantil. “Nos quedamos con la que mejor se lo aprenda”, nos había dicho la maestra de Preescolar a las únicas dos candidatas, mostrándonos las hojas que nosotras no sabíamos leer. Al final, Charito lo dijo con más gracia y a mí me mandaron a hacer otro papel menos importante (quizá por eso no recuerdo cuál). Muchos años después, las dos nos convertimos en periodistas y aún no hemos ido a agradecerle a quien nos hizo nuestra primera “entrevista de trabajo”.

Ahora ya no me aprendo panfletos de memoria, mas presumo que no pocos sueños o planes futuristas nacen de estos espacios donde late la infancia. Estoy segura de que en los círculos infantiles cubanos hay unos cuantos pequeños que décadas después preguntarán a los directivos competentes, tal como lo hago yo ahora, cuáles son las satisfacciones de sus trabajadores cuando están a punto de cumplir 53 años de la creación de esas instituciones educativas. Y ellos me responden que muchas, y destacan los medios de enseñanza salidos de las manos de las “educadoras”.

Hay argumentos geniales para una película, nacidos de cualquiera de los círculos cubanos. Habría tantos personajes como niños en sus matrículas. Y estarían los llorones, que nunca se acostumbran a quedarse con las “seños”; o los de apetito voraz, que miran más la bandeja del de al lado que la suya propia; o el que quería el tambor en vez de los platillos; los que no se duermen “ni amarrados”; los que se portan bien porque son unos “modelitos”; los que nunca llegan sin la flor para Martí…

A esos centros preescolares debemos habilidades y hábitos que hoy son parte de nuestro actuar cotidiano, a veces hasta sin darnos cuenta. A atarnos los zapatos, a comer solos y con la boca cerrada, a ser un poquito menos dependientes de los padres… Que no se deben meter los dedos en la nariz, que si se juega con niños que tienen bichitos en la cabeza después hay que rascarse mucho, que la enfermera es enemiga del catarro y los granitos… Los colores del arcoíris, las figuras geométricas, los primeros poemas… Del círculo infantil son unos cuantos de mis amigos de hoy.

La madre de una niña que no tiene círculo, pero sueña con que un día no tan lejano por fin le llegue, habla de aquel lugar místico en que protagonizó sus primeras aventuras, donde, según la imaginación de los pequeños, había un gabinete al que no se podía entrar porque saldría una calavera a perseguir a los niños.

El próximo 10 de abril, cuando se cumplan cinco décadas y tres años de la fundación de los círculos infantiles en Cuba, estaré muy lejos de aquel sitio en el que tanto lloré para que me recogieran temprano, y donde participé por única vez en una banda musical, hice de actriz (aunque aún no me lo crea) y se empezó a formar la persona que soy. No podré llegar a saludar a mis “seños”, pero puedo reseñar, en nombre de muchos, la maravillosa experiencia de quienes han asistido a un círculo infantil. 

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2 pensamientos en “LOS CÍRCULOS DE LA VIDA

  1. Hey Liu. Lo que más duele es que los cículos infantiles por los que paso constantemente están cada vez en peores condiciones, aunque cuenten con trabajadores de valentía probada y muy sacrificados, sí porque hay que ser valiente para cuidar niños ajenos por un salario que muchas veces es casi simbólico. Hace mucho no voy a un círculo infantil pero si veo sus contornos y piso sus aguas de desecho y conozco trabajadores que sencillamente se enamoraron del trabajo que realizaban y con liniamientos o sin ellos apuestan por la misión que han escogido. Felicitaciones para todas las seños de todos los círculos de este país, de corazón! Fui un niño bastante ocurrente así que gracias por su aguante. Besos para ellas y para ti Liu, Ah y Abdiel, jajaja.

    • Hola, Camilo. Tremenda sorpresa y alegría las de encontrarte por aquí. También me preocupan, como a ti, la situación de algunos círculos infantiles cubanos, igual que los salarios “simbólicos”. Por suerte, por lo menos en Holguín, se reparan unos cuantos de estos centros y hasta entregarán uno nuevo en Moa, cosa que aunque no resuelve del todo el problema, revela un interés de Educación por mejorar sus condiciones. Yo soy una de esas niñas de círculo infantil, que también me llevé mis buenas mordidas por no ser tan habilidosa y despierta como otros, jajaja. Pero, la verdad, debo mucho mucho a los que me cuidaron y enseñaron en el Círculo. Besitos para ti.

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