“CON ENTRAÑAS DE NACIÓN”

 

Fotorreportaje: Liudmila Peña Herrera

Le hicieron guardia a la madrugada y partieron con las primeras luces del día en una ruta que ya marcaron antes otros periodistas holguineros. Casi todos son reporteros en ciernes, de los que están dispuestos a atreverse y conquistar lo conquistable. Son miembros del Grupo Juvenil de la Unión de Periodistas de Cuba en la provincia oriental, quienes llevaron en común la pasión martiana de amar y fundar.

Algunos ya les han contado a sus hijos sobre camaroncitos duros o zapatos de rosa. En el grupo hay una pequeña (Lía) que no conoce los nombres, pero sabe distinguir entre mortales y héroes.

Dos Ríos. Alguien pregunta: “¿En verdad fue aquí donde cayó en combate?”. Minutos después, Antonio Espinosa Martínez, historiador del lugar, explica las diferentes versiones que existen de las causas por las cuales Martí murió en Dos Ríos, cuando estaba a punto de ser nombrado presidente.

Aquí debería venir todo cubano porque no se trata solo de rendir homenaje a José Martí, sino de venir a este lugar sagrado de la Patria, a descubrir ese Martí que cada cual lleva adentro”, dice el historiador cuando termina de contar cómo fueron las últimas horas antes de su caída en combate y sugiere que debajo del monumento está enterrada la tierra ensangrentada de 1895 en el lugar.

Después de descubrir algunos detalles de un Martí que no deja de sorprender, incluso 119 años después de su desaparición física; reanudan la marcha, esta vez rumbo al poblado de Baire, donde les espera el colega Ángel del Toro, jefe de grupo de la Emisora Ecos de Baire, quien añade otros detalles a los ya descritos por el historiador, como una leyenda que lo inmortaliza: “Hay pobladores que cuentan que cuando pegan el oído a la tierra donde estuvo enterrado aquí en Remanganagua, escuchan los latidos del corazón”.

La última parada es el cementerio de Santa Ifigenia, el lugar donde descansan sus restos definitivamente. Casi al mediodía llegaron los jóvenes periodistas para rendir tributo al cubano mayor, al más universal de todos. El cambio de guardia les mantiene en silencio. Algunos capturan imágenes para compartir con la familia; otros casi ni pestañean: quieren captarlo todo. Después, el guardia de seguridad da la señal de que pueden subir al mausoleo y todo el grupo asciende despacio, comentando lo impresionante del momento o si cuando llueve se forman dos riachuelos alrededor de los restos o intentando no perder la ocasión para tomarse una foto cerca del Apóstol, en el que algunos consideran el lugar más apropiado.

Es poco el tiempo del que disponen estos jóvenes, así que deben despedirse antes de lo que muchos quisieran. Pero van contentos: dejan atrás a otro grupo de holguineros (profesores universitarios) con el que se han dado cruce en el cementerio. Parece como si quisieran ser parte de los imprescindible que Martí describió: “Escasos, como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y sienten con entrañas de nación, o de humanidad.”

 

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