NACIMIENTOS DE UN JUGLAR

faustino oramasextra

Imagen tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Juglar de lo cotidiano, hombre sencillo que inventaba en el aire un pretexto para invocar a la risa, aunque rara vez se le escapase la suya ante el público. Negro dicharachero y artista. Holguinero más allá de su último soplo de vida.

También rebautizado como “el rey del doble sentido”, Faustino Oramas Osorio nació unas cuantas veces después del 4 de junio de 1911. Volvió a nacer la primera vez que sostuvo un instrumento musical, o el día en que se presentó ante una multitud, o cuando canjeó su nombre por el lugar donde los celos quisieron presentarle a la muerte, o en tantas otras ocasiones en que su sentido picaresco se hacía acompañar del tres y de sus muchas historias.

Dicen que no ha muerto El Guayabero. Que aquel 27 de marzo de 2007 en que pareció que su vida se extinguía, sus hermanos de arte decidieron sembrarlo para siempre. Cuentan que por eso germina cada vez que llega la estación de los que aman el arte popular, de quienes llevan música cubanísima en las venas.

Ahora, después de su partida física, vive en las calles holguineras. Se puede inquirir al caminante y lo describirá como un viejecillo pícaro y enamoradizo, que frecuenta la Casa de la Trova cada vez que la música convoca, vestido de traje y corbata, muy elegante con su sombrero de pajilla. Que espera con ansias el resurgir de la “Marieta” o el Rincón del Guayabero, que está impaciente por ver el resultado de los estudios Anima cuando por fin entreguen al público una versión de “El camarón encantado”, donde el crustáceo le responde a Loppi en cuartetas sobre los valores humanos, como lo pudiese haber dicho el mismísimo Faustino. Dicen que hay mucho de su espíritu en el grupo que hoy defiende su legado del olvido y hasta un concurso –el de Música y Humorismo- hace aflorar el arte de combinar sonrisa y melodía.

Queda la deuda de un museo (un proyecto paralizado en el tiempo) a donde pueda llegar el holguinero o cualquier amante de la cultura cubana para honrar a uno de los legítimos artistas de Holguín. Faltan espacios asequibles económicamente al pueblo para acercarse a la historia del juglar y disfrutar de sus huellas.

Pero existe mucha disposición de hacerlo nacer otra vez, en cada peregrinación hasta su tumba, o en las galas-homenaje, como el espectáculo “Amigos del Guayabero” de esta semana, o en los conversatorios sobre su obra, o en cada acción que recuerde que de la vida cotidiana puede nacer un arte que trascienda generaciones. 

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