HABANERÍAS HOLGUINERAS

Foto: Tomada de la Jiribilla.

Por Liudmila Peña Herrera

Ahorita anda por ahí la película. Para qué ir al cine, mejor espero a que venga en el paquete”, me dijo socarronamente y dio por terminada la conversación.

Después le vi en la cola del helado, buscando paliar el insoportable calor de estas noches veraniegas, a pocos minutos de que en el “Martí” se estrenase Boccaccerías habaneras, la última producción de Arturo Sotto, que en la edición pasada del Festival Internacional de Cine Latinoamericano de La Habana, obtuvo un premio coral en el apartado de guion y el voto del público.

Como estaba previsto en el país, este jueves en Holguín -y en las salas de estreno municipales- tuvo lugar la premiére del filme fuera de la capital, el cual reúne a actores noveles y figuras reconocidas de la pantalla grande, como Mario Limonta, Patricio Wood, Luis Alberto García, Jorge Perugorría, Yerlín Pérez y Raúl Lora.

La película, basada en dos fragmentos del Decamerón (Giovanni Boccaccio, 1351), es una comedia cubana como tantas otras, en la cual no faltan los referentes sexuales, las traiciones amorosas, la mulata incandescente, las “triquiñuelas” del cubano, ahora matizadas por el cuentapropista “luchador”, la batalla por el desenvolvimiento económico sin importar argucias o “inventos” y las relaciones que se establecen entre extranjeros y nacionales.

Tres cuentos enlazan al protagonista –un escritor vacío de ideas- con el argumento de la cinta: “Los primos”, “No te lo vas a creer” y “La historia del tabaco”. El resultado es un cuadro social de La Habana contemporánea, que bien podría ser cualquier otra capital de provincia, con sus especificidades, por supuesto; pero donde no pueden faltar la puta, el tránsfuga y el universitario “bueno para nada”.

De hecho, la famosa “lucha” del cubano parece ser el leitmotiv de la cinta, desde el primer relato hasta el último, subrayada con tintes de sátira y humor criollo. No obstante, y como es difícil crear algo nuevo bajo el sol, no ha de esperarse una ruptura fundacional del cine cubano, como tampoco una obra aburrida y repleta de recovecos codificados. La película está concebida para reír, según las propias aseveraciones de Sotto, quien se estrena como comediante con Bocaccerías…

Así que si usted está ávido de distracción y se siente preparado para combinar disfrute y sufrimiento, la sala del cine Martí le garantizará por, poco más de hora y media, una historia que reúne sensualidad, desenfado e irreverencia, y una experiencia única –e irrepetible- de intenso, insoportable calor. Quizá a la salida ya se haya olvidado del “paquete” y la cola del helado.

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