NUESTRO CALIXTO

Por Liudmila Peña Herrera

General de las tres guerras, dueño de uno de los caracteres más fuertes de la historia independentista nacional, comparable con los grandes libertadores del continente, de elevada cultura y gallardía. Quienes lo conocieron le describían como un general inglés: alto y robusto, de ojos claros y aire aristocrático. A veces violento y dominante; otras sutil y enamorado, como si no fuese suficiente con un matiz, como si necesitase exteriorizar su potencia para cargarse después de cariño y humorismo.

Demasiado fue su valor como para que la historia le olvide. Demasiada gloria y dolor en un solo corazón para sepultar su memoria en los fríos pedestales de los héroes imposibles de alcanzar. Por eso, hay quienes no se conforman con que los textos básicos de Historia cubana reseñen sus proezas. Entonces hurgan en los legajos empolvados de los archivos y sacan a la luz amores de hombre, desconsuelos de padre, chistes cubanísimos nacidos del descanso en la manigua… Preciado regalo es el texto “Así fue Calixto, el Mayor General”, un libro escrito por el periodista Nicolás de la Peña (Editorial La Mezquita, 2012), donde desentierra los sentimientos de uno de los holguineros más avezados en las tácticas militares.

Dicen que Lucía, el sostén de su existencia, lo supo desde el propio parto: su hijo sería un gran guerrero, porque aquel 4 de agosto de 1839 Calixto García Íñiguez nació acompañado por una marcha militar, protagonizada, paradójicamente, por los que casi tres décadas después serían sus enemigos en los campos de batalla.

“La independencia de Cuba es la única solución (…) no hay término medio (…) Estoy viejo, pero no tanto que no pueda contribuir a formar los hombres de la próxima revolución”, diría quien se entregó completamente a la causa libertaria.

Cuentan que fue un hombre chistoso y hábil para salir de situaciones diversas, hasta el punto de aumentar una hora al reloj para que los pretendientes de su hija Leonor se marchasen pronto. Tampoco niegan los biógrafos sus amoríos extra matrimoniales, de los que resultaron tres vástagos, aunque también cuentan que amó profundamente a su esposa Isabel Vélez Cabrera, a quien escribió sensibles cartas de amor.

Terrible sería para el General el año 1898, por la seguridad de que se le escapaban dos de sus tesoros de vida: la libertad de Cuba en manos norteamericanas y la salud de su hija Mercedes, que poco a poco se extinguía. De su dolor nacieron estas letras: “Mi alma está destruida… la única esperanza de mi hogar, se me muere”. Quizá por ello le soltó las riendas a la vida ese mismo año, porque fue demasiada la tristeza para un cuerpo abatido por la pulmonía y los avatares de la guerra.

Pero Calixto García, el “insurrecto ilustrado”, no se doblega a las escaramusas del olvido, aunque mucho hemos de trabajar los holguineros para retribuir el sacrificio de una vida dedicada a los cubanos del futuro. Y esos cubanos, somos nosotros.

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Un pensamiento en “NUESTRO CALIXTO

  1. Holguín ha brindado hijos ilustres; este es sin dudas uno de ellos, de los grandes.
    Participa en las tres guerras, pionero en el empleo de la artillería, enfrentando incontables peligros y dificultades; nada le importó más que la libertad y la dignidad, ni su vida…
    Merecido Homenaje a un Verdadero Patriota

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