EL SUEÑO DE LO POSIBLE

Foto: Heidi Calderón

Foto: Heidi Calderón

Liudmila Peña Herrera
Hubo quien no pudo contenerse cuando Lisbeth Saad Godoy (Danza Contemporánea de Cuba), la última de las premiadas, dio un paso al frente en el escenario y recibió el agasajo del público. Encima del tablado, los rostros eran una oda a la felicidad del artista afortunado o una elegía por el premio no logrado. En el público, disímiles fueron los gestos, los comentarios, las afirmaciones y hasta las dudas. Unos cuantos hubiesen querido ser parte del jurado. Pero no todos podemos bailar como los grandes, ni premiar como tales.
Así finalizó en la ciudad capital el primer Concurso de Danza del Atlántico Norte, aunque también podría llamársele Festival de Danza del Atlántico Norte, porque lo que comenzó como un sueño complejo y difícil de materializar, fue tomando forma durante los nueve días que duró el evento, no solo con la presentación de 74 bailarines y 35 coreografías, sino también con las clases magistrales, la visita de Malakhov a la Escuela Vocacional de Arte del territorio y los intercambios prácticos y teóricos entre los artistas de la danza que confluyeron en Holguín durante esta jornada.

Foto: Reynaldo Cruz

Foto: Reynaldo Cruz


La noche de premiaciones trajo la novedad de que el jurado decidiera otorgar dos premios en el Grand Prix Vladimir Malakhov -en vez del galardón único prometido-, mantener la propuesta de escoger la mejor coreografía y conceder cuatro reconocimientos especiales, por la calidad de los competidores. Después de cinco audiciones y tres noches de competencias, buena parte de los premios quedaron en casa.
La obra Pasajera la lluvia, de Nelson Reyes, e interpretada por Carlos Alberto Carbonell y Yeison Ortiz, de Codanza, se alzó con uno de los premios del Grand Prix. No se puede negar el impacto que causó desde la primera presentación, por la sensibilidad con que se aborda la homosexualidad, los códigos visuales de la coreografía y una interpretación límpida y sin molestos rebuscamientos formales.
“Esta es una obra que lleva mucho tiempo de creada, pero cada generación le pone un alma diferente. Para los bailarines de Codanza es muy complicado cuando se va a remontar una obra estrenada hace varios años, porque siempre nos comparan con aquellos que la estrenaron. Pero estamos satisfechos con el resultado”, aseguró Carlos Alberto Carbonell al finalizar la gala de premiación.
El otro Grand Prix fue a manos de la bailarina Lisbeth Saad Godoy, cuyos orígenes también están ligados a Codanza y de quien se ha reconocido una estética quizá heredada de su madre, Maricel Godoy. Non, coreografía que dibuja parte de la vida de una de las más célebres cantantes francesas, Edith Piaf, dio mucho de qué hablar por la fuerza interpretativa y la expresividad de la artista.
El Gran Premio de coreografía fue para otra de las obras que despertó pasiones entre los amantes de la danza, Estáticos, interpretada por los hermanos guantanameros Aurelio Planes Rodríguez y Yoel González Rodríguez, de Danza Fragmentada.
Acerca del simbolismo de la coreografía comentó Yoel González: “Esa es la vida de mi hermano y mía. La obra casi resume toda nuestra juventud, porque éramos un poco agresivos. A mi hermano no le interesaba mucho la danza, hasta que fue despertando y se incorporó a bailar”.
Los cuatro reconocimientos especiales correspondieron a Jorge Pausant, de Danza del Alma (Cancionero); Elizabeth Mendoza, de Codanza (De ti… De mí); Álvaro Yoel González, de Danza Fragmentada (Cordero) y Libety Martínez, del Ballet de la TV Cubana (Cuerpo prestado).
“No esperaba ver tanta calidad. Estaré de regreso y premiaré otra vez a bailarines del Oriente”, aseguró Malakhov durante la premiación. Y aunque fueron muchos concursantes para tan pocos galardones, hubo quien se las arregló para enamorar el corazón del público y llevárselo como reconocimiento. Así sucedió con el joven Nicolai Almeida Kan (Danza del Alma), ovacionado por su actuación en Las cosas que se ocultan y aseguró estar muy agradecido por la oportunidad de mostrar su trabajo a otros artistas del país. “Holguín es una plataforma muy potente de la danza. Es importante concentrar la atención hacia esta zona, porque los bailarines de aquí son muy virtuosos y esta es como una cuna de la danza”, aseguró Kan.
Uno de los momentos más emotivos de la última noche del concurso fue el abrazo de dos grandes artistas: el pintor Cosme Proenza y Vladimir Malakhov, quien recibió como regalo un original del holguinero.
Los máximos dirigentes de la provincia asistieron a la noche de gala, donde intercambiaron impresiones con invitados y concursantes. Mucho ha de trabajarse de ahora en adelante para desarrollar un evento superior el próximo año. Mas el primer Concurso de Danza del Atlántico Norte demostró que soñar no es sentarse inmóvil a la vera del camino ni creer en imposibles. Soñar implica un vuelo superior destinado solamente a los que edifican su destino con arte y persistencia. Por suerte para el público y la cultura, en Codanza se sueña.

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