FRANK DELGADO GANÓ UN CORO EN HOLGUÍN

Foto: Lázaro Wilson


Por Liudmila Peña Herrera
Justo a las 9 de la noche comenzaron los primeros acordes de la guitarra trovadoresca de Frank Delgado, uno de los representantes del género, preferido por jóvenes nacidos en los 80, y de otras generaciones residentes fuera o dentro de la Isla.
El teatro Suñol, de Holguín, aun sin estar totalmente repleto (los números no importan demasiado cuando el público es pródigo en entusiasmo) vibró con las melodías de Delgado, a tal punto que el cantautor dejó que los asistentes le hiciesen coro en la mayoría de las canciones y complació las peticiones de quienes voceaban desde el público los títulos de algunos temas. Entre ellos, “Utopía”, “La otra orilla”, “Mi mapa”, “Angola” y “Gallego”.

Mucha expectativa había en Holguín los días previos al concierto, porque los amantes de su música en esta zona oriental deben conformarse con la versiones en mp3 de sus discos. Ciertamente esta era una oportunidad única y muy económica (5 pesos cubanos, nada del famoso cuc), para disfrutar, en vivo, de un artista polémico, reflexivo, desenfadado y muy divertido.
El trovador, integrante de la llamada Generación de los Topos, quien bebió de la Nueva Trova, rindió homenaje -de la manera en que sabe- a Santiago Feliú, amigo y compañero generacional. También interpretó temas nuevos como “Educación Formell”, la cual reconoce el trabajo de los Van Van y es el reflejo de una parte de los años 70 en Cuba.
“Qué mala es la Aduana” es otra de sus más recientes producciones, una canción que lleva, como todas las suyas, mucho de subjetividad, pero también de crítica social.
Fueron dos horas divertidísimas, en las que Frank Delgado no solo cantó, sino que también bromeó con el público y hasta consigo mismo, al usar frecuentemente una libretita de notas con el orden de las canciones, “señal de vejez”, según dijese él mismo.
Mas a los asistentes no parecía importarles para nada, incluso que Frank Delgado parara en medio de un tema y lo volviese a empezar, o que le molestase la voz y necesitase tomar un poco de agua. En esos casos, la ovación venía como ola.
En Holguín se disfrutó a Delgado -y puedo asegurarles que su público no es nada complaciente o desconocedor. Pero estoy convencida de que Frank Delgado disfrutó muchísimo más volver a Holguín y cantar con la comodidad de un hombre al que, según sus propios comentarios, han dejado de importarle las críticas.

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