OJOS AL ARTE

Fotos: Liudmila Peña Herrera

Fotos: Liudmila Peña Herrera

 

El Proyecto Ojos, de Santiago de Cuba, anduvo conquistando admiradores en Holguín, durante la Fiesta de la Cultura Iberoamericana. Estos chicos dan vida, a través del performance, el body art, el teatro callejero y otras técnicas, a personajes que parecen salidos de historias mitológicas o fantásticas.

Por Liudmila Peña Herrera

Transforman las calles en leyenda, en un cuento fantástico que incorpora hasta al más distraído de los caminantes. Son seres alados, hombres-monstruos, humildes campesinos, mujeres extrañas que parecen mirar más allá del horizonte…

Algunos les observan con desconcierto, como buscando un rasgo humanoide donde termina la pintura del cuerpo. Están vivos los ojos, pero no se mueven. No parece que respiren, que piensen, que sientan.

De pronto, llega un niño al que le han enseñado a no temer -o quizá lo traiga incorporado-, y despacito, como para no despertarlo, le toma una mano al que domina la atención de la plaza. Ve que nada terrible le sucede –ni siquiera se mueve– y procede a rozar al otro, con mucha más tranquilidad, como si lo encontrara por las calles cotidianamente.

Entonces comienza el misterio. Se miran las estatuas y poco a poco inician el movimiento de los brazos y halan al intruso por las manos. El niño sonríe, esperando a que lo suelten para ir a fotografiarse con el resto de los personajes. Pero no lo hacen. En cambio, le aprietan aún más los dedos y lo dejan así, preso de unas extremidades que ahora ya no se mueven, como si hubiesen abandonado la vida.

De pronto, la gente deja de atender al chiquillo y su conflicto de libertad perdida. Las miradas se alejan hacia otro punto del parque, donde aparece un negrísimo hombre-pájaro y un “cabezadepúas” que provocan no pocas exclamaciones. Los rodean, les preguntan, intentan tocarlos y algunos lo consiguen.

Asustan un poco esos dos seres extraños, salidos de algún sitio mitológico que nadie encuentra. “El ángel negro” le llaman algunos al alado. Se lo repiten para ver si responde, si se reconoce en el apelativo. Pero si consiguen algo, es que la estatua viviente endurezca más la expresión del rostro, como un mandato de silencio.

Después, cuando ha pasado media hora de tomar fotos, de preguntar y hacer suposiciones, el público toma confianza. Se les acercan más, los abrazan para que alguien apriete obturadores, hacen bromas con ellos, les preguntan… De lejos, el parque “Calixto García”, de Holguín, parece una gran galería de pinturas o estatuas vivientes.

Pero estos óleos de piel han venido de lejos, de una tierra más ardiente y pintoresca que la nuestra. Por eso despiertan tanta sensación. Son los muchachos del Proyecto Ojos, una agrupación santiaguera que, por su juventud y propuesta artística, pertenece a la Asociación Hermanos Saíz.

Seis años tienen esos personajes estáticos, de quienes tanto se habla cada vez que toman una plaza, un parque, una calle de alguna ciudad cubana. No hay demasiados elementos figurativos en las pinturas del cuerpo, a las que muchos conocen como “body art”, pero también recurren al performance como medio de expresión. Quizá de lo abstracto nazcan estos personajes hibridados, como les caracteriza el actor y fotógrafo Alcides Carlos González Díaz, su director.

Este no es arte para espacios cerrados. “Está pensado para grandes multitudes, para la gente de a pie, para los que pasan por la ciudad”, explica González Díaz.

Algunos de los 13 modelos que integran el grupo se han presentado por primera vez en Holguín. Situación difícil si pensamos en lo complicado de permanecer inmóvil durante cuatro o cinco horas (el tiempo límite al que han llegado las presentaciones).

“Para nosotros es importante que la gente se vuelva parte de la historia que contamos. Pero si los muchachos no tienen una buena técnica, si no respiran o se concentran muy bien, la misma gente los puede turbar, y entonces tienden a perder el equilibrio”, contó el director.

Muchos se preguntan cuánto tiempo demora pintar todos los cuerpos. Mas González Díaz asegura que es muy fácil, “como una fábrica de pinturas: solo hay que tener bien claro el concepto”.

En Bariay, poblado costero de Holguín, por donde se presume arribó Cristóbal Colón hace ya 522 años, estos chicos fueron la sensación. Porque al interés de los delegados nacionales y extranjeros participantes en la XX edición de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, se sumó la sorpresa de los lugareños, quienes jamás habían visto “en vivo y en directo”, hombres y mujeres cuyo ropaje fuese su propia piel coloreada al estilo de las exposiciones.

“Como la Fiesta estaba dedicada a la Amazonia, diseñé las pinturas de los cuerpos con los colores vivos -verde, mandarina- relacionados con la selva. Las dos muchachas son Yemayá, del espectáculo “Los 27 caminos de Yemayá”, que recrean una historia de performance, con la madre de los Orishas”, explicó el director.

Y estas dos Yemayá fueron de los personajes más admirados por los espectadores, de todos los sexos y edades. Algunos quedaban paralizados, extrañados, intrigados –y unos cuantos ados más-. Hubo niños que lloraron de terror (los menos acostumbrados a lo contemporáneo) y no faltó quien posara para cuanta cámara apareciera, como si ellos también formaran parte del espectáculo.

El Proyecto Ojos estuvo por Holguín. Y a su paso, enamoró a cuantos pudo, como esos pájaros exóticos que abren el abanico de sus cuerpos para mostrar su valía a través del colorido plumaje.

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