Nostalgias de un día gris

Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Estos días grises de invierno se parecen a los de nuestra época de la Vocacional, cuando nos quedábamos de trasnochadores mientras hacíamos como si de verdad estudiáramos tanto. Hacía frío y con aquellas amplias y vetustas chaquetas azules (suertudo aquel al que le tocó su verdadera talla), corbatas y chalinas, parecíamos salidos de una peli antigua de colegios extranjeros.

Éramos dos o tres los que en mi aula nos quedábamos habla que te habla o lee que te lee casi hasta la media noche, cuando un poco sonámbulos nos íbamos desabrochando el uniforme escaleras arriba, rumbo a los albergues (o dormitorios, para que suene bonito), para demorar menos el salto al sueño profundo. Sigue leyendo

Elizabeth y el octavo coche

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Por Liudmila Peña Herrera

Elizabeth jamás había montado en tren, por tanto, no podría recordar que, siendo muy niña, sus abuelos le acomodasen toallas en el suelo de la terminal de La Habana porque el pesado gusano metálico venía con más de 10 horas de retraso. No guardaría en su memoria lo aburrido que era mirar por la ventanilla los mismos campos llenos de pasto y la cara cansada de sus abuelos, y el rostro sin tema de conversación del vecino de asiento. Sí, porque aquel tren tenía unos compartimentos parecidos a los cuartos, con asientos colectivos situados unos frente a los otros; pero a diferencia de los dormitorios, en el tren había que dormir sentado. Y eso hubiese molestado mucho a Elizabeth de haberlo sabido. Pero Elizabeth nunca había montado en tren.

No sabía de confusión de olores divinos con malolientes sustancias humanas, ni imaginaba siquiera que para montar en tren había que estar listo para convivir con insectos que a uno le han enseñado a repudiar de por vida. No lo sabía, no.

Por eso Elizabeth, esa niña grande y rubia que adora las aventuras como lo más grande en su vida, estaba loca por montarse en aquel traqueteo de metales sin sospechar las grandes peripecias que le esperaban. Sigue leyendo

¿Tiempos de tolerancia?

Por Liudmila Peña Herrera
Una amiga me contó hace poco lo mal que se sintió durante sus años de preuniversitario y universidad y yo no entendí nada. Con todos los éxitos que obtuvo, no podía comprender que la hubiese pasado mal y que, para colmo, nunca hubiese dicho ni una palabra.
“Es que yo era un bicho rarísimo”, me dijo. ¿Bicho raro?, pregunté. Y ella se puso a explicar que mientras todas sus compañeras habían tenido relaciones sexuales, faltaban a clases porque la diversión de la noche anterior se había extendido hasta la madrugada, de vez en cuando se jugaban una mala broma con los profesores y decían mentiras a diestra y siniestra, a ella le decían “la santita”, “mojigata”, se burlaban y la ignoraban porque no se parecía al resto del grupo. Sigue leyendo

Adolescencia y comunicación: trampas generacionales

Por Liudmila Peña Herrera
Hace poco, en medio de una guagua repleta de jóvenes y adultos, presencié una escena triste y lamentable. Una señora gritaba amenazante a dos adolescentes vestidos de uniforme marrón, prometiéndoles dos buenos pescozones, mientras los chicos reían y a todas luces continuaban la burla que había iniciado la trifulca.
La gente escuchó en silencio sin atreverse a tomar partido por ninguno de los bandos. Y yo me puse a pensar por el origen de tanta violencia, indisciplina social e irrespeto por el orden público.
En aquel caso, los protagonistas pertenecían a generaciones distintas. Y cualquiera hubiese culpado a los muchachos, sin pensarlo más de una vez, por eso de que “la juventud está perdida” y “ya no hay respeto por los ancianos”. Sigue leyendo

¿Y cómo voy dentro de esta carta?

En marzo de 1895, José Martí, desde Cabo Haitiano, escribió a la joven María Mantilla una preciosa y conmovedora carta. No hay dudas de que el Maestro dominaba el lenguaje y la inspiración como el mejor de los cubanos. A veces nos dan ganas de imitarlo a quienes adoramos las letras, pero eso es imposible.

Por el significado de este fragmento, lo regalo a alguien muy especial. Espero que acorte las distancias. Sigue leyendo

La belleza del espíritu

Por Liudmila Peña Herrera
El fin del 2012, no trajo, como muchos auguraban, la gran explosión que determinaría el fin de nuestra época. Así que los cubanos decidimos celebrar, como de costumbre, el cierre de un ciclo de vida y el inicio de otro. Claro, cada cual festejó a su manera, y como pudo: dándole vuelta a la púa, con inmensas o sencillas reuniones familiares, tirando la casa por la ventana o sentado frente al televisor después de una cena tranquila.

Esto y el hecho de que al volver de mis vacaciones, colegas y amigos me han deseado un sinnúmero de buenos augurios, ha hecho que me detenga a pensar en la encrucijada que supone para todos la dicotomía entre el mundo espiritual y el mundo material. Sigue leyendo

“Cuba es la patria que nos falta a nosotros”

Fotos: Yusleidis Socorro

Fotos: Yusleidis Socorro

Liudmila Peña Herrera

Quieren saberlo todo acerca de Cuba. Son delegados al VIII Coloquio Internacional por la liberación de los Cinco y contra el terrorismo, que se desarrolla por estos días en Holguín. No todos hablan el mismo idioma porque provienen de diversas partes de Europa y Canadá; pero se mezclan con el pueblo como verdaderos cubanos porque conocen el lenguaje universal de la solidaridad.

Por eso han llegado a la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) “26 de Julio”, del poblado de Flores, en el holguinero municipio de Banes, uno de los más afectados por el huracán Sandy. Sigue leyendo

INNOVADOR DE LA ALEGRÍA

Fotos: Liudmila

Innovador, deportista, percusionista, amigo… La historia de Abel González Marrero muestra cómo el hombre puede sobreponerse a los obstáculos y ser útil a los demás

Por Liudmila Peña Herrera

Hay quien no cree en auras o buenas energías. A veces, también yo dudo. Es difícil creer en lo que no se ve; pero quien se le acerca y le ve sonreír, con ese rostro de eterna niñez, como si no le rondaran problemas, se convence de que la felicidad existe: solo hay que dejarle contar su historia de vida.

Nació en un pueblecillo granmense, tan remoto que ni el nombre recuerda, allá por el año 1963, cuando todavía algunos contaban las tragedias del ciclón Flora. Sigue leyendo