Alas Teatro: COLORES DE UN PAÍS EN UNA PIEZA DE TEATRO

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Por Liudmila Peña Herrera

Ni princesa, ni castillo de arena. Bugambil, la niña con nombre de flor, de tez tan clara como la luz del día, solo pidió un deseo al hada de verdad: que su abuela negra se convirtiera en una abuela blanca, para que dejara de sufrir a causa de los prejuicios de su maestra.

Nada tan sencillo y, a la vez, tan locuaz como este resumen del argumento de la obra “Como la noche y el día”, una versión del cuento del narrador Nelson Simón, a cargo del grupo pinareño Alas Teatro, con puesta en escena de Dorys Méndez. Sigue leyendo

INVITACIÓN A “VIVIR”

Por Liudmila Peña Herrera

A veces las palabras se tornan esquivas para describir la exquisitez de una obra de arte; pero cuando la propia creación conversa, explica, reflexiona… es como si de cada obra nacieran alas para esas palabras.

Tal sensación vino a mi mente frente a cada uno de los 45 cuadros de la exposición personal “Vivir”, de la artista granmense Guadalupe Palacios, quien la dejó inaugurada este jueves en el Centro Provincial de Arte. Sigue leyendo

Añeja 15 años

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Liudmila Peña Herrera

«¿Para qué gastarte 20 pesos en un bicitaxi? Anda, no seas boba, coge una “botella”. Una botellita la consigue cualquiera: párate en un espacio aislado, preferiblemente sin competidores —o mejor, sin competidoras bonitas—; extiende la mano, pon cara de desamparada y verás que la consigues», te aconsejan.

Y allá vas tú. Compruebas que la parada está hasta el tope y decides arriesgarte. Pasan dos, tres, cinco… carros llenos. Ahí viene uno, adviertes y adoptas la pose, pero es particular y la mujer «copiloto» te mira con cara de fiera. No te desanimas. Ves uno a lo lejos con chapa estatal. «Ese es el mío», te alientas, mas pasa de largo e, incluso, te deja los zapatos manchados de lodo. Sigue leyendo

FIDEL: “LA ESTRELLA DE MI PATRIA”

20161128_111039Liudmila Peña Herrera

Cuando le pregunto -o le preguntan- cómo era Fidel, mi hijo levanta sus brazos todo lo que sus diecisiete meses le permiten, los abre ampliamente, y me señala el pecho en busca de la silueta que le enseñé hace dos días en mi pulóver blanco. “Fidel es Cuba”, dice el atuendo y aunque mi Alex no entiende qué pasa en las calles, me enorgullece que ya sepa que hubo un hombre que nos sobrepasaba en estatura y a quien queríamos tanto -así de grande- como a mamá o a papá.

Y aunque existan millones de anécdotas y haya personalidades en todo el mundo que puedan contar sobre sus hazañas, desempolvar recuerdos y hasta mostrar imágenes con su figura, nada puede ser tan especial y sincero como las palabras de un niño.

Ellos, desde su imaginación, hacen que a uno se le ensanche el pecho de esperanza y que toda la tristeza del mundo se convierta en maravilla.

Gracias a Guillermo Pérez Pérez le vi otro rostro al Comandante. Un rostro de banderas con su eterno verde olivo. Él, que se sueña pintando en el futuro, le agradece la posibilidad de “ver ondear las banderas tranquilamente, nosotros podemos cantar nuestro Himno Nacional. Yo siempre lo recordaré porque él siempre ha estado con nosotros en los momentos malos y buenos. Él es nuestro amigo. Nunca lo vamos a olvidar”.

Fidel está en las montañas que pintó Miguel Ángel González Calzadilla y que guardan el recuerdo de faroles y cartillas; en la estrella azul resplandeciente que dibujó el “chinito” Frank Ernesto Medrano Olive, quien no sabe bien qué quiere ser cuando sea grande -quizá chofer de avión, dice después de mucho pensarlo-, pero de lo que sí está seguro es de que Fidel es “la estrella de mi Patria”.

En el recuerdo infantil de los niños que pintan en la escuela Conrado Benítez, de la ciudad de Holguín, el guerrillero de la barba copiosa era un hombre que “hacía muchos discursos”. Por eso, Lía María Font Gaínza e Isabel Jiménez Ricardo lo plasman en sus hojas de cuerpo entero, en lo alto de una tribuna, pronunciando cualquiera de aquellos históricos discursos que ya se han hecho leyenda y que un día estudiarán ellas como parte de nuestra Historia. De lo que sí estoy segura es de que ellas tienen todas las razones para soñarse estomatóloga, cantante y hasta periodista.

Por eso, entiendo por qué Alain dibujó a Fidel “contento, mirando para la ciudad porque ve que la Revolución triunfó”.

En los colores de los niños de la “Conrado Benítez” vi el futuro de mi hijo. En la inquietud traviesa de Guillermo recordé la infancia del pequeño Fidel, allá en Birán, y otra vez me repetí que hay que pedirle socorro a los niños, para que desde su bondad y transparencia, nos cambien los días tristes en luminosos.

SINFONÍA DE ÁNGELES PARA DOS CONCIERTOS

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Liudmila Peña Herrera

Dos horas antes, Dania Estévez le había dicho a su esposo que asistir a un concierto de música clásica sería el peor de los castigos. Pero luego, quizás sin entender bien por qué, la alegría seguía saltándole en el pecho y ella no paraba de aplaudir.

Frank Fernández no conoce a Dania Estévez. Y aunque los dos nacieron en Mayarí, el destino quiso que solo coincidieran en el primero de los dos conciertos que ofreció el músico esta semana en el teatro Comandante Eddy Suñol, de la ciudad de Holguín.

Dice el maestro que esa noche hubo varias cumbres: “Una de ellas fue en el segundo movimiento, en ‘el Mozart’. Ahí bajaron ángeles y duendes y se me unió la espiritualidad de la orquesta. Pero cuando pasamos a ‘La bella cubana’, lo que hicieron esos violines conmigo al piano fue espeluznante. Estaba tan feliz, que les dediqué el ‘Tema del amor’ a todas las personas decentes y de buen corazón. En ese momento habría como siete puestas de pie del teatro. Se me aguaron los ojos a mí y a un montón de gente. Después empezó el tema de presentación de ‘Tierra Brava’ y el público no paró de aplaudir, al punto de que hubo que tocarlo otra vez en el final. El concierto, por tanto, fue de esas cosas excepcionales que no se repiten”. Sigue leyendo

Mi vecino Mikelino

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Liudmila Peña Herrera

¡Oigaaaan, no suban que se los comen!”. El grito de alerta nos dejó paralizados y atónitos. No puedo decir cuántas cosas pasaron por mi mente en ese instante, porque no imaginaba cuál sería el peligro tan grande e inminente que nos asechaba como para que el vecino del edificio de enfrente nos detuviera con tanta urgencia.

Pero no hubo demasiado tiempo para dudas. “Meki” cruzó la calle a la carrera y unos cuantos vecinos se pararon en los balcones para hacernos señas hacia las ventanas del cuarto. “¡Vamos, vamos, que hay que sacarlas antes de que traigan al niño! Tienen un enjambre metido en la casa”. Sigue leyendo

PRIMERO “PA-PÁ”

 

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Por Liudmila Peña Herrera

No dijo “mamá” primero como yo quería. En el fondo, tenía una secreta esperanza de que soltara de una vez y para siempre. Pero no lo dijo.

Por poco tampoco dice “papá” –aunque finalmente lo hizo– y el padre brincó de la chochera victoriosa, mientras yo me hacía la infeliz aunque rebosara de alegría por dentro. Después empezó a decirle “Abdiel” (a su manera y en su lenguaje, claro). Y no hubo quien lo sacara del apelativo hasta que un día –no hace mucho– se le acabaron las ganas y otra vez volvió al papá que grita como palabra de “buenos días” o de “¡socorrro, que alguien me ayude a salir de este corral!”

Aquello fue una guerra sin armas. O con las más peligrosas que existen a veces: las palabras. Él le deletreaba “pa-pá” en los ratos que podía, mientras yo me pasaba el laaaaaaaargo día repitiéndole “ma-má”. Fue tanta la insistencia con el pobre pequeñuelo nuestro, que una amiga entrañable amenazó con enseñarle a decir “Tere” para que lo dijera primero. Sigue leyendo

LA CALLE Y LAS COSAS QUE NOS SEPARAN

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Foto: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Están unos frente a otros. En un barrio X de la ciudad –que puede estar en cualquier reparto–, todas las casas se miran. A su alrededor, la vida alterna el andar cotidiano entre el ir y venir de quienes las habitan. Todos pasan ante el mismo cartel, pero ya a nadie asombra la pintura descolorida que anuncia un número y una frase.

“¿Cuál es su CDR y su circunscripción?” –le preguntan a una vecina en la clínica estomatológica. Ante la duda y la vergüenza, inventa los datos: “Circunscripción 46, CDR 3”. “Nadie irá a verificarlo”, se dice mientras intenta recordar el cartel descolorido que todos los días mira, pero nunca ve, al irse o regresar del trabajo. Sigue leyendo