BIRÁN, DE UNA SOLA VEZ

Fotos: Liudmila Peña y Abdiel Bermúdez

Visitar el sitio donde nacieron Fidel, Raúl y sus hermanos, conocer las interioridades de la familia donde se gestaron las primeras ideas de los líderes de la Revolución, es un privilegio que poseemos los cubanos

El primer viaje a Birán fue la solución de un sueño y el comienzo de otro

Por Liudmila Peña Herrera

I El camino

A Birán es mejor llegar a pie”, acordamos y burlamos la suerte de contar con un ómnibus que nos llevaría sin tropiezos al pequeño pueblo donde cada habitante tiene una historia distinta sobre Fidel. Está quien le vio de lejos y no se atrevió a pedirle el abrazo añorado, el que le apretó la mano en franco gesto de admiración, la pequeña que guarda como en un baúl sagrado los versos que le recitó, y hasta quien sabe de cerca muchas anécdotas poco contadas, gracias a algún abuelo o padre, antiguo alumno de la escuelita rural mixta número 15 donde estudió de niño Fidel Castro.

Partimos de Holguín en un transporte rumbo a “Caballería”, una intersección que propone tres caminos: de espaldas al punto de embarque, a la derecha, se encuentra el que nos ha conducido desde la ciudad holguinera; a la izquierda, la carretera que lleva a Cueto, Mayarí, Sagua de Tánamo y Moa. Al frente, la vía invita al forastero a varios pueblitos cercanos a la carretera, que termina a unos cuantos kilómetros en la ciudad de Santiago de Cuba, hacia donde va el camión que abordamos. No permaneceremos mucho en este transporte, pues la entrada a Birán está a una distancia poco considerable de “Caballería”. Nos bajamos.

Ya estamos llegando”, pienso mientras tomo un poco de agua y busco con la vista algún arbusto para protegerme del sol. “¿Está muy lejos el pueblo de Birán?, pregunto a unos lugareños, esperando una respuesta negativa. “Más o menos”, nos dicen. Y ya estoy pensando proponer la caminata cuando nuestros interlocutores acotan: “Pero a pie todavía es bastante lejos”. Suspiro, suelto un chiste sobre la buena suerte y me siento en una piedra para esperar que pase algún carro.

No han transcurrido cinco minutos cuando mi compañero para una camioneta que va para el mismo pueblo por cuestiones de trabajo. Allá vamos, agarrados a los barrotes de la parte trasera, casi aguantando la respiración porque la velocidad es mucha y el viento nos oprime la piel. A ambos lados de la carretera, el verde limpia la mirada.

Muchas gracias, compadre”, dice mi compañero al chofer, mientras cargo la mochila y nos disponemos a continuar marcha. Estamos en el pueblo, pero aún faltan un par de kilómetros para llegar a la finca. Sigue leyendo

Desembarco por la libertad

 

Tomada de Juventud Rebelde

Por Liudmila Peña Herrera

Con el agua de la costa de Los Cayuelos hasta el pecho, los 82 hombres se abren paso a duras penas por el fondo fangoso y resbaladizo. Algunos –los más pequeños- apenas pueden respirar durante el avance.

Atrás han quedado los mareos, el hambre y el peligro de ser interceptados a bordo del pequeño yate. Atrás, la voz de Fidel Castro: “¡No podemos perder un hombre así, de ninguna manera!”, durante la lucha contra la noche y las aguas para rescatar a Roberto Roque, el expedicionario que cayó al mar desde el techo del puente, en estribor. Sigue leyendo

La Higuera del Santo Che

Cada año, cientos de personas de diferentes nacionalidades, posturas políticas o creencias religiosas visitan La Higuera, el lugar donde el Che se convirtió en símbolo universal de lucha por las causas justas. Eddy de la Pera, camarógrafo de la prensa holguinera, anduvo de visita por aquellos parajes bolivianos y hoy cuenta su experiencia…

Por Liudmila Peña y Abdiel Bermúdez

Tomada de Internet

A dos mil160 metros sobre el nivel del mar, la luz de las fogatas se eleva por encima de los hombres, desafiando la oscuridad y el frío inclemente de la noche en la Higuera. Hay cientos de personas acampadas en carpitas móviles frente a la pequeña escuela donde hace más de cuatro décadas la historia se transformó en leyenda. Sigue leyendo

Maestros en Sumbe: un adelanto de reportaje

Minientrada

Por Liudmila Peña Herrera

Casi siempre, el ejercicio del periodismo nos guarda experiencias insospechadas. Regreso emocionada de casa de un combatiente holguinero, con la agenda repleta de historias de heroísmo.

Acabo de conversar con uno de los participantes de la batalla de Sumbe, en Angola. Es un maestro de Matemáticas retirado, quien cumplió misión civil en ese territorio, pero ante el ataque de los miembros de la UNITA para apoderarse de los colaboradores extranjeros y ocupar el lugar, Ángel Hechavarría, como todos los cubanos allí presentes, defendió esa tierra hermana hasta la victoria.

“Triunfaron en Sumbe las profundas convicciones internacionalistas que son hoy patrimonio y orgullo de nuestro pueblo…”, les escribió Fidel Castro luego de la batalla.

En próximos post les brindo más detalles.

 

 

La mirada de Fidel

Por Liudmila Peña Herrera

Fidel Castro, a los tres años de edad

El papel rasga las tretas del olvido y la memoria. Delinea el tiempo en que los propios recuerdos se diluyen entre juegos infantiles y cariños maternos. Era el año 1929, tres desde que estalló en llanto, en aquella madrugada del 13 de agosto en tierras de Birán, preludio de un giro aún insospechado para la tierra que soportaba la cruz de la miseria y la desdicha. Sigue leyendo