Mi vecino Mikelino

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Liudmila Peña Herrera

¡Oigaaaan, no suban que se los comen!”. El grito de alerta nos dejó paralizados y atónitos. No puedo decir cuántas cosas pasaron por mi mente en ese instante, porque no imaginaba cuál sería el peligro tan grande e inminente que nos asechaba como para que el vecino del edificio de enfrente nos detuviera con tanta urgencia.

Pero no hubo demasiado tiempo para dudas. “Meki” cruzó la calle a la carrera y unos cuantos vecinos se pararon en los balcones para hacernos señas hacia las ventanas del cuarto. “¡Vamos, vamos, que hay que sacarlas antes de que traigan al niño! Tienen un enjambre metido en la casa”. Sigue leyendo