El camino hacia la libertad

Imagen tomada de Cubahora

Por Liudmila Peña Herrera

“Ya Fernando sale en estos días” -me dijo hace dos o tres noches esperanzado, como si fuese un familiar suyo quien estuviese a punto de volver. Y yo pensé: “No sale: aún no sale de esta”. 

En Cuba mucha gente se ha preguntado este jueves 27 de febrero, a qué hora trasladaron de cárcel a Fernando González Llort (porque no lo liberaron así no más, no está libre aún), cuándo volverá por fin a casa, si logrará ser feliz… Sigue leyendo

Una fiera y un amor

Foto: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Ella agarró el teléfono y se puso a hilvanar chismes, amenazas, furias, estallidos de cólera… Su voz, como un chirrido incesante, atormentaba mis oídos. Me daban ganas de colgar, de gritarle, de decirle lo estúpido que es ofenderle los sueños a la gente, que es perder el tiempo vivir el tiempo de los otros, preocuparse más por el aire que respira el de más allá, sin saber si uno mismo respira todavía. Tuve ganas de gritarle, de dejarle ver que su vida ha sido así, un involucrarse sin ser invitada; pero quedé en silencio, triste. Con pena de mí también. Evitándole a ella la verdad. Alejándola de la molestia y tomándola para mí. Sigue leyendo

Los débiles hilos de la vida

Foto: Tomada de Internet

Para H, amiga eterna

Por Liudmila Peña Herrera

Está acostada, casi sin fuerzas. Me confundo inventando alguna frase feliz y ella se esfuerza por sonreír. Respiro y digo algún chiste o alguna anécdota. La voy diciendo despacio y muy bajito. No quiero que entienda mi tristeza, no quiero que sepa que pretendo tomar su mano fuertemente para aguantarla al presente, para que no se vaya. Pero temo. La veo tan débil, tan tranquila, que presiento que cualquier roce podría lastimarla.

Después descubro que no, que soporta el beso en la frente del esposo y las sacudidas tenues de la hija que la despierta a ratos. No quiere comer. No puede. Y nosotros no podemos entenderlo. La miro y la impotencia me nubla los ojos. ¿Qué fino hilo nos sostiene a la vida? ¿Cómo aprovecharla segundo a segundo antes de que nos llegue el fin? Sigue leyendo

La soledad del comensal que espera

Imagen

Por Liudmila Peña Herrera

“Nadie. Como decir: todos del otro lado”

(Soledad/ Jorge Boccanera)

Apuro los tomates y las cebollas dentro de la olla. Me gusta el olor del sofrito. Si fuera por mí no dejaba ni un poquito para la salsa: me lo comía siempre con pan. Pero hay que darle guerra a esos placeres extraños y aguantar.

Se va secando la cazuela y ya los tomates marchitos se han tragado el aceite. Hecho rápido los espaguetis amarrados a las salchichas, como para salir del momento y sentarme a escribir. Sigue leyendo

Temblor de tierra

De una pintura de Ernesto García Peña

De una pintura de Ernesto García Peña

Por Liudmila Peña Herrera

Para Abdiel, así, con todas sus letras

Dicen que hay un abismo de tiempo entre el mar y la tierra. Que no se puede cruzar el océano porque cuestan demasiado los pasajes, que las empresas telefónicas aprovechan las distancias. Cuentan que los perros ladran a la luna enviando mensajes de amor que nadie escucha. Y las aguan van y vienen. Y la isla sigue flotando en sus amaneceres, hasta que un náufrago la encuentre, solitaria.

Los cocoteros se cansan de soportar el peso de la fruta y la dejan estallar contra las rocas porque nadie llega. Y las sirenas extrañan los piropos de los navegantes borrachos después de gastarse el último botín. Y los papagayos callan y el tesoro no existe. Y las aguan van y vienen. Sigue leyendo

Hoy puede ser un gran día

 

Para hoy, día marcado por profetas optimistas y catastrofistas, no tengo mucho tiempo para escribir. Dicen que termina una era y comienza otra novísima. Por eso, me voy rapidito a disfrutar del amor y la compañía de los buenos y a llamar por teléfono a los que más quiero. Para quienes están más lejos y el saldo no me da para escuchar sus voces, sepan que les quiero y estaré feliz de su felicidad.

Entonces les dejo algunas imágenes hermosas y un regalillo que me ha acompañado desde años: una canción de Serrat que adoro: Sigue leyendo

Olímpica por amor

Por Liudmila Peña Herrera

Le agarro por la solapa, le agito, le beso, murmuro poemas y reclamos al oído, hago piruetas y nada. No escucha, no ve, no siente… y no está dormido.

La hipnosis ha sido total. No más encender el televisor y el Canal Olímpico (TeleRebelde en Cuba) le embriaga, le lleva al éxtasis. Jamás varias mujeres y hombres juntos le han dado tanto placer (al menos, eso creo). ¡Amor grupal! ¿Qué hago? ¿Cómo recupero su sonrisa, su mal humor, sus pensamientos?

Quise ser narradora o periodista deportiva, al estilo de Julita Osendi, pero no le halló la gracia. Juré no tocar cacerolas en horarios de hambre y no se dio por enterado. Quise cerrar por dentro la puerta de la habitación en mis noches solitarias, pero no tengo cerradura. Le prometí el divorcio pero aún no nos casamos.

En fin, que tuve que acostumbrarme a chillar cada vez que un judoca hacía de las suyas en el tatami, a apretar los músculos y maldecir tras decisiones injustas de los jueces, a resignarme tras las derrotas indiscutibles. ¡Y hasta dejé tareas de primer orden por una pelea o un partido!

Vaya, que declaro mi derrota ante los Juegos Olímpicos. No puedo con Londres 2012. Mejor no declararle la guerra a un rival invencible, cuando el amor puede perderse ante la pantalla de un televisor. 

Ver carta-respuesta de esposo Olímpico

Lejanía

Foto: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Hay una amiga lejos, muy lejos. Nos separan océanos, kilómetros de abrazos. Antes solíamos contarnos los secretos más recónditos, esos que a veces ni en el silencio más rotundo de nuestro interior nos atrevíamos a confesarle a la almohada.

Pero ahora ella está lejos y no confiamos demasiado en la Red de Redes para tejer los misterios de antaño. Ahora, la palabra lejanía se torna más inmensa que el mar, creo que hasta más grande que sus sueños. A veces cree desfallecer, cuando el olor de esta Isla le ronda los sueños y la caricia más leve del amor que dejó a su espera le atormenta la esperanza.

Piensa en Dios y le pide fuerzas, porque jamás ha estado tan lejos, jamás ha necesitado tanto. Y yo pienso en ella, en cómo poner mis palabras en sus manos, para que construya el puente más enorme que se haya visto y venga en las noches despacito, despacito, a llenarse los pulmones de Cuba y regrese después, como en un sueño, a cumplir la misión que ella sabe, que ve todos los días, en la cual confían todos sus seres queridos, porque es la más inmensa y solidaria que se haya imaginado nunca.