Ahora: periodismo de rojo y negro

El XI Festival de la Prensa Escrita, junto al aniversario 49 del semanario ¡ahora!, de Holguín, trajo para sus redactores satisfacciones y retos

Obligados a examinarse por dentro con visión crítica y desprejuiciada, por estos días, compartieron espacio con lectores y colaboradores para perfeccionar el trabajo de la prensa holguinera

Todos los miembros de ¡ahora! que visitaron Birán. Foto: Javier Mola

Por Liudmila Peña Herrera

“Sólo quien sabe de periodismo, y de lo costoso
del desinterés, puede estimar de veras la energía,
la tenacidad, los sacrificios, la prudencia, la fuerza de
carácter que revela la aparición de un diario honrado y libre”.
José Martí

Cada vez que la mágica estela de una edición del periódico comienza a extinguirse, casi al tiempo que amanece los sábados; cada vez que dejamos algunos pequeñísimos pedazos de nosotros entre las ocho páginas del semanario ¡ahora!  y nos marchamos a casa en medio de la madrugada, porque ya el periódico está a merced de las tintas de la rotativa del Poligráfico; recuerdo una de las primeras lecciones de periodismo brindadas por el antiguo profesor de la Universidad de Oriente: “esta es la única profesión que publica sus propios errores”.

Es difícil y emocionante correr el riesgo continuamente, como las adolescentes tras los amores prohibidos. Aquí no nos está permitido equivocarnos, lo cual no quiere decir que no lo hagamos. Porque los periodistas no somos dioses, ni tenemos todas las verdades en un librero, para consultarlas cada vez que sea posible. Por eso, cuando esta publicación de rojo y negro, como la insignia del Movimiento 26 de Julio, celebra su cumpleaños 49, toda experiencia es insuficiente si se trata de señalar nuestras deficiencias y escuchar las opiniones de los lectores en busca de asumir nuevos retos y fortalecer la práctica periodística, siempre del lado de la Revolución Cubana. Sigue leyendo

El retorno de la SUPERABUELA

Un singular personaje conocido en Báguano como la Superabuela, teje un manojo de historias que la convierten en una leyenda viva. Pero la más impactante es cómo esta señora de 87 años logró vencer la soledad y la tristeza, para convertirse en una artista de la comunidad

Por Liudmila Peña y Abdiel Bermúdez

Fotos: Liudmila

A lo lejos, el cortejo fúnebre es una mancha negra que poco a poco se pierde entre el silencio de las losas y el murmullo triste de las hojas secas cayendo en llovizna sobre el cementerio. La mujer permanece inmóvil, con el cuerpecillo ovillado detrás de un ciprés, esperando… Y cuando ya no hay nadie alrededor, va a tenderse de bruces sobre la lápida.

Noche tras noche hace lo mismo, y hasta se queda a dormir en el camposanto, “para estar cerca de mis muertos”. Pero aquella vez no escuchó el graznido del pájaro agorero, ni el crujir de la yerba bajo las botas toscas de quien la espiaba. Solo sintió una mano grande y huesuda que la asía con fuerza por el hombro. “Norma, ven conmigo”, le exigió una voz conocida. Sigue leyendo