FIDEL: “LA ESTRELLA DE MI PATRIA”

20161128_111039Liudmila Peña Herrera

Cuando le pregunto -o le preguntan- cómo era Fidel, mi hijo levanta sus brazos todo lo que sus diecisiete meses le permiten, los abre ampliamente, y me señala el pecho en busca de la silueta que le enseñé hace dos días en mi pulóver blanco. “Fidel es Cuba”, dice el atuendo y aunque mi Alex no entiende qué pasa en las calles, me enorgullece que ya sepa que hubo un hombre que nos sobrepasaba en estatura y a quien queríamos tanto -así de grande- como a mamá o a papá.

Y aunque existan millones de anécdotas y haya personalidades en todo el mundo que puedan contar sobre sus hazañas, desempolvar recuerdos y hasta mostrar imágenes con su figura, nada puede ser tan especial y sincero como las palabras de un niño.

Ellos, desde su imaginación, hacen que a uno se le ensanche el pecho de esperanza y que toda la tristeza del mundo se convierta en maravilla.

Gracias a Guillermo Pérez Pérez le vi otro rostro al Comandante. Un rostro de banderas con su eterno verde olivo. Él, que se sueña pintando en el futuro, le agradece la posibilidad de “ver ondear las banderas tranquilamente, nosotros podemos cantar nuestro Himno Nacional. Yo siempre lo recordaré porque él siempre ha estado con nosotros en los momentos malos y buenos. Él es nuestro amigo. Nunca lo vamos a olvidar”.

Fidel está en las montañas que pintó Miguel Ángel González Calzadilla y que guardan el recuerdo de faroles y cartillas; en la estrella azul resplandeciente que dibujó el “chinito” Frank Ernesto Medrano Olive, quien no sabe bien qué quiere ser cuando sea grande -quizá chofer de avión, dice después de mucho pensarlo-, pero de lo que sí está seguro es de que Fidel es “la estrella de mi Patria”.

En el recuerdo infantil de los niños que pintan en la escuela Conrado Benítez, de la ciudad de Holguín, el guerrillero de la barba copiosa era un hombre que “hacía muchos discursos”. Por eso, Lía María Font Gaínza e Isabel Jiménez Ricardo lo plasman en sus hojas de cuerpo entero, en lo alto de una tribuna, pronunciando cualquiera de aquellos históricos discursos que ya se han hecho leyenda y que un día estudiarán ellas como parte de nuestra Historia. De lo que sí estoy segura es de que ellas tienen todas las razones para soñarse estomatóloga, cantante y hasta periodista.

Por eso, entiendo por qué Alain dibujó a Fidel “contento, mirando para la ciudad porque ve que la Revolución triunfó”.

En los colores de los niños de la “Conrado Benítez” vi el futuro de mi hijo. En la inquietud traviesa de Guillermo recordé la infancia del pequeño Fidel, allá en Birán, y otra vez me repetí que hay que pedirle socorro a los niños, para que desde su bondad y transparencia, nos cambien los días tristes en luminosos.

BIRÁN, DE UNA SOLA VEZ

Fotos: Liudmila Peña y Abdiel Bermúdez

Visitar el sitio donde nacieron Fidel, Raúl y sus hermanos, conocer las interioridades de la familia donde se gestaron las primeras ideas de los líderes de la Revolución, es un privilegio que poseemos los cubanos

El primer viaje a Birán fue la solución de un sueño y el comienzo de otro

Por Liudmila Peña Herrera

I El camino

A Birán es mejor llegar a pie”, acordamos y burlamos la suerte de contar con un ómnibus que nos llevaría sin tropiezos al pequeño pueblo donde cada habitante tiene una historia distinta sobre Fidel. Está quien le vio de lejos y no se atrevió a pedirle el abrazo añorado, el que le apretó la mano en franco gesto de admiración, la pequeña que guarda como en un baúl sagrado los versos que le recitó, y hasta quien sabe de cerca muchas anécdotas poco contadas, gracias a algún abuelo o padre, antiguo alumno de la escuelita rural mixta número 15 donde estudió de niño Fidel Castro.

Partimos de Holguín en un transporte rumbo a “Caballería”, una intersección que propone tres caminos: de espaldas al punto de embarque, a la derecha, se encuentra el que nos ha conducido desde la ciudad holguinera; a la izquierda, la carretera que lleva a Cueto, Mayarí, Sagua de Tánamo y Moa. Al frente, la vía invita al forastero a varios pueblitos cercanos a la carretera, que termina a unos cuantos kilómetros en la ciudad de Santiago de Cuba, hacia donde va el camión que abordamos. No permaneceremos mucho en este transporte, pues la entrada a Birán está a una distancia poco considerable de “Caballería”. Nos bajamos.

Ya estamos llegando”, pienso mientras tomo un poco de agua y busco con la vista algún arbusto para protegerme del sol. “¿Está muy lejos el pueblo de Birán?, pregunto a unos lugareños, esperando una respuesta negativa. “Más o menos”, nos dicen. Y ya estoy pensando proponer la caminata cuando nuestros interlocutores acotan: “Pero a pie todavía es bastante lejos”. Suspiro, suelto un chiste sobre la buena suerte y me siento en una piedra para esperar que pase algún carro.

No han transcurrido cinco minutos cuando mi compañero para una camioneta que va para el mismo pueblo por cuestiones de trabajo. Allá vamos, agarrados a los barrotes de la parte trasera, casi aguantando la respiración porque la velocidad es mucha y el viento nos oprime la piel. A ambos lados de la carretera, el verde limpia la mirada.

Muchas gracias, compadre”, dice mi compañero al chofer, mientras cargo la mochila y nos disponemos a continuar marcha. Estamos en el pueblo, pero aún faltan un par de kilómetros para llegar a la finca. Sigue leyendo

Ahora: periodismo de rojo y negro

El XI Festival de la Prensa Escrita, junto al aniversario 49 del semanario ¡ahora!, de Holguín, trajo para sus redactores satisfacciones y retos

Obligados a examinarse por dentro con visión crítica y desprejuiciada, por estos días, compartieron espacio con lectores y colaboradores para perfeccionar el trabajo de la prensa holguinera

Todos los miembros de ¡ahora! que visitaron Birán. Foto: Javier Mola

Por Liudmila Peña Herrera

“Sólo quien sabe de periodismo, y de lo costoso
del desinterés, puede estimar de veras la energía,
la tenacidad, los sacrificios, la prudencia, la fuerza de
carácter que revela la aparición de un diario honrado y libre”.
José Martí

Cada vez que la mágica estela de una edición del periódico comienza a extinguirse, casi al tiempo que amanece los sábados; cada vez que dejamos algunos pequeñísimos pedazos de nosotros entre las ocho páginas del semanario ¡ahora!  y nos marchamos a casa en medio de la madrugada, porque ya el periódico está a merced de las tintas de la rotativa del Poligráfico; recuerdo una de las primeras lecciones de periodismo brindadas por el antiguo profesor de la Universidad de Oriente: “esta es la única profesión que publica sus propios errores”.

Es difícil y emocionante correr el riesgo continuamente, como las adolescentes tras los amores prohibidos. Aquí no nos está permitido equivocarnos, lo cual no quiere decir que no lo hagamos. Porque los periodistas no somos dioses, ni tenemos todas las verdades en un librero, para consultarlas cada vez que sea posible. Por eso, cuando esta publicación de rojo y negro, como la insignia del Movimiento 26 de Julio, celebra su cumpleaños 49, toda experiencia es insuficiente si se trata de señalar nuestras deficiencias y escuchar las opiniones de los lectores en busca de asumir nuevos retos y fortalecer la práctica periodística, siempre del lado de la Revolución Cubana. Sigue leyendo

La mirada de Fidel

Por Liudmila Peña Herrera

Fidel Castro, a los tres años de edad

El papel rasga las tretas del olvido y la memoria. Delinea el tiempo en que los propios recuerdos se diluyen entre juegos infantiles y cariños maternos. Era el año 1929, tres desde que estalló en llanto, en aquella madrugada del 13 de agosto en tierras de Birán, preludio de un giro aún insospechado para la tierra que soportaba la cruz de la miseria y la desdicha. Sigue leyendo

La firma de Fidel

Por Liudmila Peña Herrera

“Mañana soy yo quien va a conversar con Fidel”, le aseguró Esther a Mayelín, su compañera de trabajo. Fotos: Abdiel Bermúdez

Durante las pocas horas que durmió antes de la mañana en que el máximo líder de la Revolución visitaría la escuela primaria 6 de agosto, de Birán, la maestra soñó que conversaba con el Comandante.

“Cuando llegó Fidel, yo estaba impartiendo clases en el aula de 5to B. Todo permanecía normal, como si no pasara nada. Entonces entró él, saludando a todos con una sonrisa. En silencio, miró la pizarra detenidamente y preguntó: ‘¿Usted fue quien escribió eso?’” Sigue leyendo

Guardián de Historia

Por Liudmila Peña Herrera

Foto: Abdiel Bermúdez

“Explíqueme quiénes están enterrados en este lugar”, le pidió Fidel desde su grandiosa estatura. Del otro lado del mausoleo familiar donde descansan los restos de doña Lina Ruz y don Ángel Castro, Antonio musitó unas palabras con los escasos nervios firmes que le quedaban.

Entonces, la mano del Comandante se posó en su hombro: “No te pongas nervioso”, le dijo. Después, el historiador tomó el mando de la situación y explicó los acontecimientos de varias décadas atrás. Sigue leyendo