CUBA MEZCLADA

Foto: Kaloian Santos Cabrera

Foto: Kaloian Santos Cabrera

Por Liudmila Peña Herrera


Publicado en Soy Cuba
¡Dale agua al dominó, Chicho, dale agua!, dices y remueves las fichas gastadas por el uso. Ahí están tus manos, y las suyas, las del barrio que se une en la alegría del cubano jaranero. Salta el doble seis al centro de la mesa y un negro muestra sus dientes blanquísimos cuando le da el primer pase al vecino. “Vaya, gallego, a ver si puedes conmigo”, le grita ahogándose de risa y el otro riposta con un toque que no da lugar a dudas: “No llevo”. En las casas de enfrente, una joven ensaya “La linda cubana” y otra prende el reguetón hasta donde lleguen los decibeles.

Reclinado en su viejo taburete, el Indio, callado, medio tímido, mira a los jugadores, se fuma un tabaco y guarda el buchito de café para cuando termine. En la casa de la esquina, la China sube el volumen a Van Van y recoge la jaba con el pan que le extiende el mensajero. Sigue leyendo

Evas (des) esperadas

Imagen: Tomada de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Otra vez lunes y ella frente al espejo, disfrutando del momento más placentero del día antes de marcharse al trabajo. Se mira y esconde con polvos sus ojeras, dibuja sombras de colores en los párpados cansados y piensa cuánto ha envejecido en pocos años. Otra vez lunes y ella sin pintarse las uñas, porque el domingo llegó visita y no alcanzó el tiempo ni para planchar. Otra vez, frente a la luna que reproduce su imagen de muchacha una década mayor de lo que es, vuelve a repetirse en silencio: “¡Qué castigo el de haber nacido mujer!

Mientras recoge un camino de objetos desde el cuarto hasta la sala, para dejar la casa “pulía” por si llega un visitante de imprevisto, se dice: “Esto de ser mujer es complicado”. Así comienza el día para una Eva desesperada (o dos, o tres, o cientos de Evas de este tipo) que hoy no ha de llevar el niño al círculo porque el exmarido decidió ser mejor padre esta semana. Así sale de casa una Eva dolida, acostumbrada a cumplir con sus “obligaciones”, sonreír y estar bonita aunque la mate el cansancio, si pretende encontrar hombre bueno y compromiso. Sigue leyendo

Mi regalo

beso

Por Liudmila Peña Herrera

Si pudiera te regalaba mis letras, toditas, de un solo golpe de tecla. No sería rendirme, no sería opacarme, no sería borrarme para nada de este territorio extraño y lejano en el que me ha tocado estar, quietecita.

Si pudiera me cortaba algún cabello y lo echaba a volar viento norte, programando previamente su destino. Eso, si pudiera, claro. Igual, cambiaría las fronteras, las tarifas telefónicas, las leyes de la vida, los destinos del tiempo. Repito: si pudiera.

Así podría llegar a salvo el dulce que más te gusta, y que no entiendo cómo, porque aún no le encuentro la magia a ese dulce simple, tan sencillo.

Así te sabría cantar sin interrupciones de estilo o, mejor dicho, de tono, la canción más hermosa del mundo, a eso de las cuatro y diez, que es la hora que más nos gusta. Llegaría hasta ti, no en forma de beso, como ahora; sino de veras, de veritas, así como llega la gente, de sorpresa, para abrazar a quien se quiere. Ah, pero todo eso, si pudiera. Sigue leyendo

LUZ DE ENTRE LOS ESCOMBROS

 

Fotos: Javier

Por Liudmila Peña Herrera

La madrugada, violenta y larga, sirvió de cómplice, mientras el huracán rugía su fuerza de viento y agua.Y cuando la luz comenzaba a escurrirse por entre las rendijas de las casas en pie, hubo quien quiso cerrar los ojos para no ver tanto destrozo.

 

No faltó el lamento de quien, al abrir las ventanas del vecino que le había dado abrigo, descubrió que por techo le quedarían las estrellas, o la preocupación por la familia, los amigos, y la incomunicación telefónica que hacía infinitas las distancias. Sigue leyendo

Manuel Ascunce: maestro de dignidad

El joven Manuel Ascunce y su alumno, el campesino Pedro Lantigua

Por Liudmila Peña Herrera

Era alguien desconocido para mí, apenas un nombre pintado a la entrada de la escuela, con una insignia de lápiz y cartilla descoloridos como compañía. Yo tenía seis o siete años y ninguna idea de lo que era el “sacrificio” y la “inmortalidad”. Pero aquella tarde de fecha ya escondida en los vericuetos de mi memoria, la bibliotecaria contó la historia.

Nos habló de “alfabetización”, de la “obra revolucionaria” y sobre los “bandidos que querían destruirla”. Fue una tarde diferente, y aunque no entendimos todo, porque hay cosas que para aprenderlas es necesario vivirlas, nos fuimos de la escuela con una clase de historia que nunca olvidaríamos. Porque nos tocaba de cerca y era parte de nuestra propia cotidianidad. Sigue leyendo