MARTÍ Y YO

Por Liudmila Peña Herrera

De pequeña siempre llamó mi atención el reloj de la Plaza Solar Martiana, de Las Tunas. Saltando con un pie, con el otro, rodeaba la amplia figura plasmada en el suelo. Las sombras se proyectaban sobre mí,  niña desconocedora de las cuestiones físicas y arquitectónicas que rodeaban el lugar. Decían que en verdad el reloj daba la hora y yo halaba las tiras de mi imaginación buscándole el sentido a aquellas líneas y símbolos.

Cuando me cansaba de imaginar y de preguntarle a mi papá, sobre quien creía que lo sabía todo, me entretenía en cuestionar por qué del otro lado de la calle, había una casita con la misma fachada que la de José Martí en La Habana. Nunca supe la respuesta, porque aquel hombre loco por su hija, tampoco supo responder. Sigue leyendo