La soledad de la incomunicación

Por Liudmila Peña Herrera
El muchacho volvía siempre a casa con la cabeza baja, como si el peso de un montón de problemas no lo dejase levantarla. Todas las tardes eran iguales: llegaba a destiempo, despeinado, el uniforme sucio… Y la madre no preguntaba. Estallaba en amenazas y palabras horribles gritadas al viento como para que todo el barrio supiese que allí mandaba ella, aunque en su interior guardara el terror de no entender qué pasaba con su hijo después que salía de la escuela.
No se sentaron nunca a hablar. Ella seguía gritando y se iba a la cocina y después al fregadero y luego veía la novela… y todas las noches se dormía molesta. Él se encerraba en su soledad, se culpaba a sí mismo por la ausencia del padre y una idea loca le iba ocupando la cabeza.
Así va llegando la muerte de las palabras y la desesperanza de la comunicación entre padres e hijos. Unos, desesperados, temerosos, inexpertos, sufren los problemas en silencio; y los otros, ocupadísimos con el trabajo diario, con el sostén de la familia, para que ese mismo hijo tenga alimento, calzado y vestuario, se olvidan de preguntar: “¿cómo te ha ido, mijito?”, “¿por qué esa cara tan triste?”, “¿cómo puedo ayudarte?”. Sigue leyendo

Adolescencia y comunicación: trampas generacionales

Por Liudmila Peña Herrera
Hace poco, en medio de una guagua repleta de jóvenes y adultos, presencié una escena triste y lamentable. Una señora gritaba amenazante a dos adolescentes vestidos de uniforme marrón, prometiéndoles dos buenos pescozones, mientras los chicos reían y a todas luces continuaban la burla que había iniciado la trifulca.
La gente escuchó en silencio sin atreverse a tomar partido por ninguno de los bandos. Y yo me puse a pensar por el origen de tanta violencia, indisciplina social e irrespeto por el orden público.
En aquel caso, los protagonistas pertenecían a generaciones distintas. Y cualquiera hubiese culpado a los muchachos, sin pensarlo más de una vez, por eso de que “la juventud está perdida” y “ya no hay respeto por los ancianos”. Sigue leyendo