LA MALA EDUCACIÓN: PRIMERA TEMPORADA

Fotos: Tomadas de Internet

Por Liudmila Peña Herrera

Siempre toca a mi reja con descompostura, golpeándola con no sé qué objeto atronador. A veces, cuando me da tiempo y no grita el nombre que lee en el recibo, siento cómo el pequeño animalejo gruñón que alojo se despereza; pero le doy unas palmaditas mentales, le detengo la furia y voy al encuentro del cobrador.
El hombre no saluda. Solo quiere cobrar. Le complazco con prontitud para que se vaya rápido y ruego por que un día le cambien la ruta y me envíen uno más… –ni siquiera amable, no tanto-, más… educadito, al menos. Pero no sucede, y el próximo mes vuelve. Yo, sin tiempo ni para molestarme, brinco de susto cuando llama ese estrépito humano. Lo peor es que nada puedo hacer, porque a él le toca cobrar – a la manera que entienda, parece- y a mí, cumplir con mi deber social (y aguantar). Sigue leyendo