¿El hombre tecnológico?

Foto: Javier Mola

Foto: Javier Mola

Por Liudmila Peña Herrera
De pequeña solía pasarme horas enteras frente al televisor devorando cuanto programa transmitieran. No importaba que fuesen infantiles, musicales, humorísticos… ¡Hasta para Escriba y Lea, un programa informativo-didáctico para adultos, era yo una televidente fija! Me interesaba todo y permanecía, como decía mi abuela, “lela frente a aquella pantalla”. Podían llamarme a gritos, que yo no respondía. Creo que no escuchaba, porque eso de “hacerse el sueco” no iba en mi casa.
Parece que eran los primeros síntomas de lo que hoy me atrevo a llamar el “síndrome del aislamiento por tecnología”. ¡Y eso que dependía de lo que trasmitiera la Televisión Cubana que, a veces, no es de lo más atractivo!
Pero las tecnologías continuamente han llamado la atención, sobre todo, de los más jóvenes. Es como si nos regalasen un juguete nuevo que creara adicción. Un mensaje causaba sensación en la red social Facebook en los últimos días con el siguiente fragmento: “Si continuamente usted tiene la necesidad de revisar el móvil, consultar el correo electrónico o ver sus actualizaciones de Twitter u otra red social en Internet… no está padeciendo más que de una adicción a este tipo de inventos”, decía. Sigue leyendo

La soledad de la incomunicación

Por Liudmila Peña Herrera
El muchacho volvía siempre a casa con la cabeza baja, como si el peso de un montón de problemas no lo dejase levantarla. Todas las tardes eran iguales: llegaba a destiempo, despeinado, el uniforme sucio… Y la madre no preguntaba. Estallaba en amenazas y palabras horribles gritadas al viento como para que todo el barrio supiese que allí mandaba ella, aunque en su interior guardara el terror de no entender qué pasaba con su hijo después que salía de la escuela.
No se sentaron nunca a hablar. Ella seguía gritando y se iba a la cocina y después al fregadero y luego veía la novela… y todas las noches se dormía molesta. Él se encerraba en su soledad, se culpaba a sí mismo por la ausencia del padre y una idea loca le iba ocupando la cabeza.
Así va llegando la muerte de las palabras y la desesperanza de la comunicación entre padres e hijos. Unos, desesperados, temerosos, inexpertos, sufren los problemas en silencio; y los otros, ocupadísimos con el trabajo diario, con el sostén de la familia, para que ese mismo hijo tenga alimento, calzado y vestuario, se olvidan de preguntar: “¿cómo te ha ido, mijito?”, “¿por qué esa cara tan triste?”, “¿cómo puedo ayudarte?”. Sigue leyendo

Adolescencia y comunicación: trampas generacionales

Por Liudmila Peña Herrera
Hace poco, en medio de una guagua repleta de jóvenes y adultos, presencié una escena triste y lamentable. Una señora gritaba amenazante a dos adolescentes vestidos de uniforme marrón, prometiéndoles dos buenos pescozones, mientras los chicos reían y a todas luces continuaban la burla que había iniciado la trifulca.
La gente escuchó en silencio sin atreverse a tomar partido por ninguno de los bandos. Y yo me puse a pensar por el origen de tanta violencia, indisciplina social e irrespeto por el orden público.
En aquel caso, los protagonistas pertenecían a generaciones distintas. Y cualquiera hubiese culpado a los muchachos, sin pensarlo más de una vez, por eso de que “la juventud está perdida” y “ya no hay respeto por los ancianos”. Sigue leyendo